Fumigar a los chupópteros

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Son capaces de chupar insaciablemente la sangre ajena, produciendo inmovilidad, debilidad e incluso muertes.

Son felices en la oscuridad y el desorden, y los ahuyentan la luz y el ruido.

Su accionar colectivo tiene los efectos de una plaga, y sus víctimas pueden convivir con ellos mucho tiempo sin notarlo, debido a la capacidad que tienen de mimetizarse.

La Real Academia Española de la Lengua los define como chupópteros, o personas que sin prestar servicios efectivos perciben uno o más sueldos.

En la jerga popular los bautizamos como planilleros. Y ahora que una ola de transparencia puso de moda la cacería de estos bichos que nos desangran, conviene clasificarlos, por lo menos en tres tipos: Los chupópteros descarados: son los que someten a sus víctimas sin asistir a sus puestos de trabajo ni hacer esfuerzo alguno.

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Los chupópteros simuladores, los que recrean una ficción laboral de marcación y asistencia para seguir succionando la sangre ajena sin llamar mucho la atención.

Y los peores de todos, los chupópteros insaciables, de gran tamaño, jefes a su vez de otros chupópteros menores, que les deben dar incluso la mayor parte de la sangre que obtienen.

Este último tipo se enmarca claramente en la segunda acepción que le da el diccionario de la Real Academia, que lo conceptualiza como persona que se aprovecha de otras.

Ejemplos de estos seres dañinos y despreciables hay a montones. Uno, de emblemática miserabilidad, es el de los peones que figuraban como empleados de Diputados, a los que el chupóptero insaciable se encargó de colocar allí, para sacarles luego la mayor parte de la sangre que obtenían de sus contribuyentes víctimas.

Amantes, esposas, suegras, cuñadas, operadores políticos, empleados particulares y demás deudos integran las nóminas. Para desenmascararlos, es fundamental que continúe esta saludable presión ciudadana, que termina también beneficiando a aquellos funcionarios públicos que sí honran su condición.

En este contexto, de presión y denuncias, el Ejecutivo promete esta semana una nómina con la cantidad de funcionarios, por periodo presidencial, identificando a la autoridad de cada institución.

Será una información cuantitativa, con la que el Presidente pretende desligar a su gobierno del caso de los planilleros y de la superpoblación de empleados estatales.

Un primer paso, pero que debe llevar a otro, al de una denuncia formal, con nombres y apellidos, que permita que los chupópteros (chicos y grandes) sean procesados, y se intente recuperar el dinero que escamotearon a un Estado que tiene tantas necesidades, pero fue tan generoso con los piratas que se apropiaron de él.

guille@abc.com.py