Según Sharp, la gente debe aprender cómo funciona la estrategia para llevarla a cabo y, para ello, ofrece una lista de doscientas armas no violentas, concebidas como el equivalente de las armas militares: “Nosotros combatimos con armas psicológicas, sociales, políticas y económicas”, dice Sharp. En su obra más difundida, “De la dictadura a la democracia”, publicada en 1993, Sharp ha sugerido diferentes métodos de participación ciudadana para derrocar gobiernos, incluyendo discursos, cartas, declaraciones, peticiones, lemas, caricaturas, banderas, carteles, pancartas, volantes, panfletos, folletos, grafitis, luces, gestos, mofas, vigilias, sátiras, interpretaciones, conciertos, asambleas, manifestaciones, mítines, marchas, desfiles, protestas, procesiones, caravanas, silencios, boicots, paros, huelgas, encierros, retenciones, ocupaciones, evasiones, demoras, obstrucciones, expulsiones, escraches y ayunos.
Derrocar gobiernos, dice Sharp, no requiere de la fuerza. En lo esencial, se trata de derribar al oponente, como en ciertas artes marciales, con una estrategia política adecuada, sin hacer uso de la violencia. La estrategia del golpe suave está concebida por Sharp en cinco etapas, sucesivas o superpuestas: 1) etapa de ablandamiento (acciones destinadas a generar un clima de malestar, inseguridad, incertidumbre, angustia, zozobra e intriga), 2) etapa de deslegitimación (acciones destinadas a restar legitimidad, credibilidad y apoyo al gobierno), 3) etapa de calentamiento (acciones destinadas a promover reivindicaciones políticas y sociales), 4) etapa de confrontación (acciones destinadas a generar inestabilidad política e ingobernabilidad) y 5) etapa de fractura (acciones destinadas a provocar rupturas institucionales y renuncias o destituciones). Si no me equivoco (¡y querría equivocarme!), reconozco e identifico en nuestro escenario político varias etapas y acciones de la estrategia del golpe suave sugerida por Sharp. Y, desde luego, me preocupa. Paraguay ya no vive una dictadura y su dirigencia política debe convivir bajo las reglas de la democracia, incluso imperfecta.
Sharp advierte que muchos países se hallan hoy en un estado de cambio acelerado desde un punto de vista político, social y económico. Sin embargo, agrega Sharp, aunque el número de países libres ha aumentado en los últimos años, existe un gran riesgo de que muchos de ellos, al enfrentar cambios profundos muy rápidamente, se desplacen en dirección opuesta y acaben experimentando nuevas formas de autoritarismo. Sharp señala que “las camarillas militares, los individuos más ambiciosos, los funcionarios electos y los partidos políticos tradicionales, repetidamente buscarán cómo imponerse”, de modo que “los golpes de Estado seguirán estando a la orden del día”. Desafortunadamente, como bien advierte Sharp, “el pasado aún está con nosotros”.
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