En cambio, Rosalía no cuenta con esos dos elementos a su favor, motivo por el cual tendrá que apelar a la alta política para evitar ser ejecutada el 20 de marzo de 2015. Justamente, esta semana el canciller paraguayo Eladio Loizaga estará por Beijing e intentará al menos visitar a la compatriota en su lugar de reclusión en la “Cárcel Industrial de Mujeres”. Ínterin buscará alguna salida político-jurídica en un terreno nada oficial para el Paraguay, teniendo en cuenta que no tenemos relaciones diplomáticas ni consulares con la China continental.
Qué difícil desafío para el Gobierno paraguayo defender a una compatriota que fue encontrada allá por julio de 2012 con 3,3 kilos de cocaína con 55,7% de alta pureza en momentos en que los tres poderes del Estado buscan castigar duramente a traficantes de drogas instalados en el país y con conexiones hasta en el Congreso.
Algunos organismos de derechos humanos de nuestro país desarrollan la táctica jurídica de presentar el caso de Rosalía como víctima de trata de personas. Puede ser un buen recurso jurídico, pero de triunfar esta teoría en los tribunales chinos se podría obtener la libertad de otros tantos extranjeros detenidos con droga en su poder.
Puede que Rosalía sea víctima de esta red del crimen organizado que se encarga de reclutar a mujeres vulnerables. La cuestión está en cómo probar, porque las evidencias encontradas le juegan en contra.
Otros sectores cuestionan en voz baja –para no caer impopular– la actuación del Estado paraguayo de defender a una compatriota que intentó introducir al mercado chino cocaína para que los ciudadanos asiáticos consuman a cambio de un buen dinero. Esta misma discusión se dio en el Paraguay entre 1997 y 1998 con el famoso caso del argentino-paraguayo Ángel Breard, quien violó y mató a cuchillazos a una estadounidense.
El Gobierno paraguayo de entonces gastó millones de dólares para intentar frenar su ejecución, que finalmente se concretó el 14 de abril de 1998 mediante inyecciones letales. En esa oportunidad, Breard tenía el fuerte apoyo del Gobierno paraguayo representado por el prestigioso Dr. José Emilio Gorostiaga, y la posibilidad de moverse en un país democrático con el cual mantenemos relaciones oficiales. Rosalía tiene todo en contra, pero en el derecho siempre hay una ventanita. La compatriota no le mató a nadie y con muñeca diplomática, más que jurídica, se podría devolverla a casa.
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