La caza del ciervo, antes de convertirse en una estrategia política clásica, fue un relato. El punto de partida se encuentra en una obra de Jean Jacques Rousseau titulada: “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” y publicada en 1754. En ella, el filósofo compara la caza de la liebre con la caza del ciervo. Consideremos el siguiente pasaje de la obra donde se explica el punto: “He aquí cómo los hombres pudieron adquirir insensiblemente cierta idea ruda sobre los compromisos mutuos y sobre las ventajas de cumplirlos, pero solo en la medida en que podía exigirlo el interés presente y sensible; porque la previsión no significaba nada para ellos y lejos de ocuparse de un futuro lejano, no pensaban siquiera en el mañana. Si se trataba de tomar un ciervo, todos sabían que para ello debían quedarse fielmente en sus puestos; pero si una liebre acertaba a pasar cerca de uno de ellos, no se puede dudar de que la persiguiera sin escrúpulos y que, después de haberla alcanzado, le importara muy poco hacer errar la suya a sus compañeros”.
El relato original alude, obviamente, al intento de organizar la acción colectiva para la caza de ciertos animales comestibles en los bosques. El supuesto básico es que ningún individuo puede cazar un ciervo por sí mismo, pero cualquiera puede cazar una liebre. Si participan dos cazadores, se supone también que la mitad de un ciervo es mejor que una liebre entera. De allí que, para cada cazador, resulte preferible cooperar y obtener el gran bien colectivo que ir por su propia cuenta.
Sobre esa base, me inclino a creer que la decisión coordinada de la ANR y el PLRA de salir juntos a cazar ciervos supone, en virtud de las propias reglas de la estrategia adoptada, que las presas serán repartidas en partes iguales. Imagino que si cazan los cuatro ciervos que ambos partidos pretenden, cada uno se llevará dos, con las consecuencias políticas indeseables que ello supone. Sin embargo, no consigo imaginar todavía el impacto que tendrá la pretensión de la ANR de cazar un quinto ciervo sin la cooperación del PLRA. En cualquier caso, ante esta decisión política, releo inquieto a Rousseau, “porque la previsión no significaba nada para ellos y lejos de ocuparse de un futuro lejano, no pensaban siquiera en el mañana”.