En vez de Evo podríamos sustituir con cualquier otro nombre de algún espécimen de nuestra exótica y variopinta fauna política local y la frase no perdería para nada su fuerza y sentido para referirnos a quienes ejercen el poder en nuestro país.
También podríamos decir que de la misma manera entienden el concepto de cumplimiento de la ley. Hablamos de una en específico, la del Acceso a la Información Pública que está a días de cumplir dos años de entrada en vigencia.
En la semana que pasó, alguien preguntaba por qué era importante seguir insistiendo en el uso de esta ley y para qué le servía a la ciudadanía una “cosa como esa”.
La respuesta es simple, sin embargo su aplicación práctica no lo es tanto. La ley de AIP es una herramienta que garantiza a las personas el cumplimiento de un derecho humano, el derecho a saber.
Allá, a finales de la década de 1960, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana sobre Derechos Humanos ya ponían énfasis en su importancia y en la construcción de sociedades democráticas sólidas.
Cuando el presidente Horacio Cartes promulgó esta ley y la ostentó –incluso hasta hace poco– en foros y encuentros internacionales no contaba con la astucia de que la ciudadanía poco a poco utilizaría esta herramienta hasta volverla, en algunos casos, por decir de alguna manera en contra de las autoridades.
El uso de esta ley ha representado varias conquistas de la ciudadanía y también ha dado verdaderos dolores de cabeza a las instituciones y sus autoridades que todavía no entienden muy bien este ejercicio de “ensayo-error” en la provisión de los datos que ellos creen ser dueños absolutos, cuando se trata de todo lo contrario.
Como último ejemplo tenemos la respuesta pendiente del Consejo de la Magistratura al pedido de informe de los datos que oculta sobre el proceso de elaboración de terna para la Fiscalía General (FG).
Así las cosas, ahora ya no es tan fácil negar las cosas por capricho y esconder los muertos en el placard. Mientras sigan sin entender que el concepto de que “solamente las puntitas son solamente las puntitas” para las autoridades la primavera informativa es y seguirá siendo la “maldita primavera informativa”.