El histriónico ladrón le hacía honor a su nombre, recordando al gran actor italiano a quien habrán querido homenajear los padres del asaltante, sin imaginarse que su vástago no tendría intenciones de robarse solo los escenarios y los aplausos del público.
Rodolfo Valentino había sido detenido tras asaltar a un guardia de seguridad, junto a otros dos cómplices que fueron capturados más tarde.
Al revisar sus datos, la policía encontró que los tres asaltantes estaban libres pese a tener procesos judiciales abiertos.
Uno de los cómplices había sido detenido por un asalto en julio del año pasado, cuando fue imputado por robo agravado y beneficiado luego con arresto domiciliario, pese a tener nueve antecedentes por varios asaltos a casas y comercios. El otro cómplice también tenía un arresto domiciliario por el delito de reducción.
El líder del grupo, el asaltante con nombre de actor, gozaba en cambio de una libertad condicional, pese a haber sido condenado a 14 años de cárcel tras liderar el violento asalto a mano armada a una casa, donde además abusaron de dos mujeres.
¿Cómo puede concedérsele entonces libertad condicional a un hombre que actúa como una bestia?
El juez Édgar Martínez Paniagua fue el responsable de esa decisión. Lo entrevistamos en la 730 AM y primeramente aseguró que no era él quien lo había liberado y que todo se trataba de un error.
Un par de minutos más tarde nos llamó y admitió que le había concedido la libertad condicional el año pasado.
Interrogado sobre por qué lo hizo, intentó justificarse diciendo que el delincuente tuvo buena conducta en la cárcel y que él está obligado a otorgarla cuando se cumplen las dos terceras partes de la condena.
Le refutamos la interpretación errónea, recordándole que según el Código Penal el juez tiene la atribución de concedérsela o no, y que para eso debe sopesar no solo el tiempo de encierro y la conducta en la cárcel, sino también, entre otras cosas, las características del hecho punible por el que está presa la persona.
Le dijimos varias veces que era una potestad, una atribución suya y no una obligación, pero no hubo caso.
El juez siguió argumentando que estaba obligado, y que el asaltante y violador solo tenía ese antecedente.
- ¿“Solo” violación a dos mujeres? –le insistimos.
- Sí, solamente –respondió, y cerramos la entrevista.
Me quedé pensando después en esas mujeres, en sus familias, y en la primera línea de este comentario, como si la frase le hubiese sido enseñada al asaltante por el propio juez que lo liberó.
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