Desde el Gobierno y los partidos tradicionales la señal es distinta. Ambos se muestran a favor de una apertura. Muestran una mejor respuesta a la coyuntura.
El senador Blas Llano, presidente de la Cámara de Senadores, fue uno de los primeros en leer el alcance que podría tener el escándalo y empezó a reaccionar en función. Anunció la eliminación de los aguinaldos dobles y de abultados premios que se entregaban junto con el salario. Como era de esperarse, eso generó una fuerte reacción del funcionariado que de golpe se veía ante la posibilidad de recibir un duro impacto económico. Aun así, Llano se mantuvo firme sabiendo que los modos de la gestión política están cambiando y que el futuro de los dirigentes en gran medida pasa por entender los nuevos tiempos.
La Cámara de Diputados fue mucho más lenta en reaccionar. El diputado Hugo Velázquez, presidente de la Cámara, primero trató de acomodarse. De manejar la situación sin abrir un frente de confrontación. Confiaba en que los reclamos que hacían explotar las redes sociales se disiparían en un corto plazo. Sin embargo, las circunstancias le obligaron a revisar posiciones y anunciar que también se tomarían medidas.
En el Ejecutivo, el debate y la reacción de la población generaron un amplio manto de tranquilidad. Confirmaba el discurso presidencial que desde la época de campaña denunciaba el grosero despilfarro de recursos. Pero más allá de eso, el Jefe de Estado estaba contento porque el debate de nuevo lo tuvo como espectador. Una vez más, el Presidente de la República salía airoso. Consolidaba a su posición de dominio frente a un Congreso que con el correr de las semanas va perdiendo peso político. Eso hace que la presión sobre el Gobierno no tenga el impacto demoledor que podría tener en otras circunstancias.
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Sin embargo, la postura, pero sobre todo la imagen del Jefe de Estado, se vio amenazada en los últimos días después de que las dos entidades binacionales se negaran a hacer públicos los salarios que reciben sus empleados. Incluso, recurrieron a la justicia para frenar la divulgación de los millonarios sueldos que se pagan en las hidroeléctricas. De pronto, el presidente Cartes se encontraba con un discurso interno diferente y ante la amenaza real de generar una fuerte contradicción en su gestión. Pareciera ser una cuestión menor, pero en la práctica podría ser un duro golpe. Sembraría la semilla de la duda. En el largo plazo podría terminar afectando la agenda política.
Eso explica por qué el Mandatario hizo saber que aun a pesar de la posición de los juristas de las binacionales, le gustaría que los sueldos se hagan públicos. Se desmarcaba de aquellos que todavía se adherían al vetusto esquema de esconder. Aún así, los directores de las hidroeléctricas no aflojan.
Ahora la resolución está en manos de la Corte Suprema de Justicia que deberá determinar si acompaña los cambios que se están viviendo en el país o si se aferra al viejo modelo creyendo que es el mejor camino. La decisión que tome la máxima instancia judicial con relación al caso de las binacionales será crucial para instalar un nuevo enfoque político.
Un fallo a favor será una fuerte apuesta a mantener el clientelismo como modo de gestión política, un fallo en contra será una decisión central para hacer ajustes en el modo de hacer política en el país. Se habrá dado un paso esencial para romper un anquilosado esquema sustentando en la prebenda política.
Son momentos en que la Corte Suprema de Justicia está sometida a una fuerte presión. No son pocos los allegados a los miembros de la máxima instancia judicial que ocupan cargos en las binacionales. Por ese lado, parecería lógico que otorguen un fallo favorable a las hidroeléctricas; sin embargo, esta podría ser también la oportunidad perfecta para recuperar la confianza ciudadana.
En el fondo de este debate está el paulatino pero sostenido cambio que se está generando en el electorado. De a poco va creciendo el grupo de votantes que se aleja de la prebenda y apuesta a la gestión. El futuro de la actual clase política pasa por entender este cambio que se está generando. Solo aquellos que sepan leer la situación podrán sobrevivir y aspirar a seguir en el poder. Los tiempos que se vienen ya no se sostienen en la clientela política, se apoyan en un nuevo esquema donde la gran mayoría de los votantes exige mejor gestión y más resultados.
