Lo que nunca habrá pensado el Santo es que un compatriota nuestro le disputaría su día de fama en el santoral paraguayo: San José María, apóstol y mártir del martirologio patrio. Santo patrono de peones, funcionarios fantasmas y desafueros.
Esta semana hizo una autoflagelación el nuevo santo; desmenuzó verbalmente una encendida autodefensa del ejemplo de su vida donde nos absolvió a todos los desconfiados pagadores de impuestos que creemos financiar a sus supuestos peones. Estamos salvos, nos ha perdonado y con ello ha enviado la luz divina de la reconciliación. Según sus palabras, su familia ha sido arrastrada a la ignominia por culpa de nuestras sospechas de que tres peones que no eran peones sino funcionarios del Parlamento estaban comisionados a cuidar alguno que otro animal y limpiar sus deposiciones intestinales.
Finalmente, réplica de lo que ha ocurrido en ocasiones anteriores, San José María y sus compañeros mártires concluyeron que la culpable de todo es la prensa, para la cual, pidieron también, igual que antes, la hoguera del infierno y el rechinar de los dientes.
Mientras calculábamos ya qué nichos preparar para albergar al nuevo patrono de los peones paraguayos, aún no se acallaban las voces de las redes sociales. Tras un breve análisis de la homilía oída en el Congreso concluimos que todos los que financiamos la corruptela estamos condenados a la hoguera por blasfemos, fariseos y descendientes de Lucifer. Condenados por calumniar según ellos, y según nosotros condenados más que nada por votar por ellos.
Así las cosas y ya que estábamos, los fernandinos fueron a por otro santo: San Édgar, patrono de las calles insólitas de Fernando de la Mora, unas que tienen desagües que no desaguan, apóstol de destruidas vías con reminiscencias de los baches de las catacumbas cristianas. Licitaron la reparación de una calle en 9.000 millones de guaraníes para ponerle grandes tubos de desagüe... solo que olvidaron hacer los orificios a los tubos para que ingresara el agua. Casi un año de pesadilla y viacrucis para los vecinos terminaron con una calle que quedó peor que antes.
Además del desagüe que no desagua, dejaron a la calle convertida en “binorma”: uno puede transitar por la mitad con pavimento o la mitad con piedras, una calle todo terreno que cambia su nombre de Ytororó a Ychororó en los días de lluvia. Tanto que ya hemos pensado en navegar por ella en los días de lluvia con algunos kayacs turísticos.
Pueblo afortunado al fin, los ciudadanos paraguayos estamos armando ya nuestra galería de hombres probos sin olvidar el obligado marketing de las estampitas y los nichos. De paso no olvidaremos invocar diariamente al más renombrado en nuestras oraciones diarias: San José María que estás en el cielo, líbranos de los peones, las niñeras, las doctoras, los helicópteros, los bocaditos y las croquetas de oro. Que de los fueros los intentaremos librar nosotros.
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