Pauperización urbana

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Uno mira postales de la Asunción de antaño y encuentra que la ciudad tenía clase y que en ella se respiraba un aire aristocrático. Y si lee las crónicas de épocas pasadas la siente como una ciudad perfumada con los aromas del azahar, los jazmines y resedá.

Amén del colorido y bullicio folclórico de los mercados y algunos sitios muy tradicionales, la capital paraguaya contaba con espacios públicos dignos de las ciudades europeas. Había esculturas, arrulladoras fuentes, jardines primorosos y faroles con estilo en los espacios públicos.

Hoy, uno va al Parque Caballero y se le cae el alma al suelo con tanto abandono que encuentra. Ha perdido gran parte de su valor y atractivo. El entorno está atestado de basura, sin contar que el lugar se ha convertido en un antro de delincuencia.

El Parque Carlos Antonio López, que ocupa la colina más alta de la ciudad, tampoco está pasando por su mejor momento. Su mirador está clausurado y pintarrajeado, las baldosas de los camineros están removidas; los bancos deteriorados y juegos infantiles, estropeados. El jardín crece desaliñado, sin ton ni son, y las plantas ornamentales se disponen como si fueran matas de un yuyal cualquiera. No hay cuidado ni esmero y mucho menos armonía en la disposición de los canteros.

Desde que ha sido cercada la Plaza Uruguaya, por lo menos mantiene verde su empastado, al igual que la Plaza Italia. No sucede lo mismo con otras plazas importantes de la ciudad como las que forman el conjunto de la Plaza de los Héroes o la del Congreso. La Plaza de la Democracia se parece a un deprimente paredón.

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De las columnas que sostenían los señoriales faroles frente a la Catedral quedan solo vestigios y jamás se repuso la escultura del perro que había sido retirada para su supuesta restauración. ¿Dónde está y qué pasó con ella?

La calle Palma, la otrora Petit Boulevard, el corazón comercial del Centro Histórico, está a la deriva.

No hay uniformidad en los baldosones de sus veredas y en cada cuadra se cultivan especies que nada tienen que ver con los criterios urbanísticos o arquitectónicos. Puede haber un lapacho, un ficus, un pindó, una ligustrina y hasta enredaderas. Es una mezcolanza confusa y ridícula. No existen normas, ni patrones de estética.

En los alrededores céntricos las veredas están destrozadas, desarrapadas y con las baldosas partidas.

Es evidente que el deterioro del equipamiento urbano lleva a una imagen de pauperización del entorno en la ciudad de Asunción. Hay trastos viejos e inservibles por doquier. El cablerío entrecruzado ya no deja ver el cielo o contemplar un hermoso árbol sin que la vista tenga un obstáculo. Todo parece viejo, desordenado y descascarado.

Tienen razón los expertos que aseguran que se ha fracasado en la preservación del paisaje urbano en nuestras ciudades. Asunción es un ejemplo. Los espacios públicos de la ciudad están cada vez más pauperizados. Tenemos la mejor arboleda del mundo, pero su sombra está llena de harapos.

Y, lamentablemente, esa es la imagen que le vamos a ofrecer a los alrededor de 600 observadores internacionales y 200 periodistas extranjeros que vendrán para las elecciones.

pgomez@abc.com.py