Pichina cabalga de nuevo

SALAMANCA. En tiempo de la dictadura de Stroessner la Municipalidad de Asunción tenía (y la sigue teniendo) una Dirección de Cultura y, a falta de un ministerio que se ocupase del tema, esta oficina funcionaba en su reemplazo. Como los nombramientos se hacían a dedo (y se siguen haciendo) fue puesta allí una directora apodada Pichina cuyos mayores méritos para el cargo eran ser profesora de acordeón a piano y, principalmente, amiga muy cercana, cercanísima, al dictador. Más que ser directora de cultura (también se la conocía como “Ña Curtú”) era el azote de la cultura. En una oportunidad las bailarinas del Ballet Clásico Municipal se fueron a pedirle que esa dirección les comprara las zapatillas de baile y ella, muy ofendida, respondió: “Encima que bailan y se divierten quieren que les compre para su zapatilla”. Evidentemente nunca vio los pies de una bailarina al fin de una temporada.

La historia se repite aunque con algunas variantes. Desde pocos días atrás hemos descubierto que tenemos de nuevo una “Pichina“, si bien parece incapaz de tener aquellas salidas estrafalarias que tanto nos divertían. En plena sesión del Senado, la legisladora Celeste Amarilla de Boccia, pidiendo perdón porque lo que iba a decir no era “políticamente correcto“, aseguró que “bajo el rótulo de cultura” estaban todos los “guitarreros que se pasan la vida tocando la guitarra y chupando....” Lo de “políticamente correcto” podemos saltarlo ya que es una lamentable invención de los sectores más reaccionarios y conservadores que buscan silenciar todo aquello que les pueda resultar desagradable.

“No nos engañemos” repitió dos o tres veces. ¿Engañarnos de qué? ¿Engañarnos que estos guitarreros forman parte de la cultura del país y que son todos unos borrachos? A lo que habría que responderle que no nos engañemos que a los diferentes gobiernos que hemos tenido desde hace varias décadas no les ha importado un pito la cultura ni los artistas, ni los intelectuales, ni nada. Nuestra clase política siempre ha estado reñida con la cultura. Por poner un ejemplo allí lo tenemos a Portillo que colecciona títulos de universidades-garage y no es capaz de articular correctamente el párrafo de un discurso. Ni qué decir el parlasuriano que hemos mandado a Montevideo incapaz de expresarse ni en guaraní ni en castellano o el colega suyo que confundió las fechas de la Guerra del 70 con la Guerra del Chaco. Senadora Celeste Amarilla, hablando dentro de lo “políticamente correcto” ¿nos podría dar su opinión al respecto? Por ejemplo: ¿qué ha hecho usted por la cultura de este país? 

Tengo la urgente necesidad de saber quién en este momento nos representa en el Congreso que acoge a un hatajo de “honorables” prevaricadores, estafadores, lavadores de dinero, ladrones confesos, traficantes de influencia, coimeros, matuteros de la justicia. ¿Quién representa a la ciudadanía honesta? ¿Quién defiende los intereses de la cultura, de los artistas, de los intelectuales? Quienes hemos dedicado toda la vida a trabajar por la cultura de este país sin pedir nunca una retribución nos hemos encontrado siempre desamparados para terminar descubriendo que somos “todos unos borrachines”. Senadora Celeste Amarilla, la última vez que bebí un vaso de alcohol fue cuando tenía veinte años; es decir, varias décadas atrás. En mi carrera como periodista aprendí que insulta no el que quiere, sino el que puede. Pensaba exigirle que nos pidiera disculpas, pero pensándolo bien, no hace falta. Usted no puede ofenderme.

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jesus.ruiznestosa@gmail.com

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