Morir en la cruz era una muerte con tormento que aplicaban los romanos con frecuencia a delincuentes comunes o a aquellos que consideraban comunes a pesar de ser “delincuentes políticos”, como el hecho de no reconocer la divinidad del emperador, delito del que estaban acusados los cristianos. El tormento no venía tanto de ser clavado, sino suspendido con los brazos abiertos. Esa posición causaba problemas de respiración debido a la posición que tomaba el diafragma, los pulmones se llenaban de líquido y el reo iba muriendo de a poco, por asfixia. De allí que no fuera necesario estar clavado; con ser atado con cuerdas a la cruz era suficiente, ya que lo importante era la posición para lograr el objetivo perseguido por las fuerzas de ocupación romana: la muerte del reo tras un proceso de tormento espantoso.
El grave error de los gremialistas es que mantienen la cruz en posición horizontal. Así no se van a morir nunca. La cruz tiene que ser puesta en posición vertical, y si bien la agonía es larga, es seguro que la muerte se produce al cabo de varias horas, lo cual es más humano que andar paseándose de un sitio a otro, cargados por sus compañeros, ya sea en un carrito, en una carretilla, para la indecente exhibición de un martirio que no llega a ser tal. Asunción tiene varias colinas que pueden fungir de Monte Calvario: loma Tarumá, loma San Jerónimo, loma Clavel, el Mangrullo, que ya fue cementerio antes de convertirse en el parque Carlos Antonio López, que para más ventaja ofrece una hermosa vista de la ciudad.
La estrategia a la que han recurrido estos señores para canalizar su protesta está equivocada de extremo a extremo, no solo por la posición en que han puesto su pretendido instrumento de tormento, la cruz, sino porque intentan extorsionar a la ciudadanía despertando sus sentimientos de lástima que, en este caso, adquiere su significado más nefasto y lamentable; la lástima, ordinariamente, no es un sentimiento noble. Sobre esta estrategia pesa además, negativamente, que los protagonistas de tales protestas no disfrutan precisamente de simpatía alguna a causa de una larga, larguísima lista de despropósitos que han protagonizado en su vida laboral.
En los últimos días han amenazado recurrir al mismo procedimiento los cuidadores de coches, una actividad delictiva por el lado que se la mire y que, sin embargo, ha sido legitimada de manera pública y desvergonzada por la Policía Nacional en complicidad con la Municipalidad de Asunción y la Junta Municipal. De este modo, la ciudadanía ha quedado desamparada en manos de quienes se sienten absolutamente seguros y protegidos en los atracos que realizan, a plena luz del día e incluso ante la mirada complaciente de algún policía en cualquier calle céntrica de Asunción. ¿Pretenden de este modo despertar la compasión de sus víctimas? Cuando más, despertarán su contento.
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En los primeros tiempos del Canal 9, cuando era el único, pasaban una viñeta que anunciaba el fin del horario de protección al menor. Eran unas marionetas de guante y el “sketch” duraba no más de un minuto. En uno de ellos, la madre está cocinando cuando le llaman por teléfono y se pone a hablar hasta por los codos. El hijo, preocupado por el destino que podía correr la comida, va angustiado y le dice a la madre: “Mamá, mamá, las lentejas se están pegando”. Y la madre, sin soltar el teléfono, le responde: “Por mí, que se maten”. Pues eso mismo para los gremialistas y los cuidadores de coches que han decidido crucificarse: sí, que lo hagan, pero como debe ser, con la cruz en vertical, y el resto, pues como las lentejas: por mí, que se maten.
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