“Fue el primer verdadero instituto de investigación del mundo”, decía Sagan sobre la Biblioteca de Alejandría. Luego de su segunda destrucción, obviamente, en manos de los extremistas religiosos, se dio un retroceso en los descubrimientos y hallazgos tecnocientíficos. Tendríamos que esperar hasta la Edad Moderna para encauzarnos a un desarrollo pleno del pensamiento libre, que permitió avanzar a nuestra ciencia. ¿Qué tiene que ver la ciudad fundada por Alejandro Magno con lo que pasa hoy en día? Pues mucho. En este planeta de más de 7.000 millones de habitantes convergen diversas culturas, y por ende, diferentes religiones y creencias en lo sobrenatural. Los monoteísmos todavía lideran el mercado espiritual, fuertemente disputado hoy por las corrientes de la nueva era que mezclan esoterismo con religiones orientales y experiencias paranormales.
El hecho es que algunas religiones y corrientes internas siguen con las antiguas prácticas fundamentalistas del cristianismo. Hoy el islam se abanderó con su lucha por convertir al mundo en musulmán y, para ello, en una gran porción, utiliza la violencia. El ejemplo más terrorífico y lamentable en los últimos días fue el ataque de los talibanes a una escuela en Peshawar, Pakistán, donde murieron 141 personas, entre ellas 132 niños, que nada tenían que ver con la lucha entre estos fundamentalistas y el Gobierno. De ninguna manera podría justificarse la masacre a estos estudiantes. Estos crímenes deben terminar, pero para ello hace falta un cambio de mentalidad y poner fin a lo políticamente correcto. En junio de este año, en las regiones fronterizas de Siria e Irak se creó un califato que hoy tiene el nombre de Estado Islámico. El grupo fundamentalista que administra estas zonas extiende el terror con decapitaciones, cobro de impuestos a los no musulmanes, lapidaciones a “mujeres adúlteras”, etc. Además, claro, de destrucción de patrimonios culturales de ambos países.
Es por ello que deberíamos nuevamente aprender de Sagan y hacer caso al escepticismo. ¿Por qué un grupo fundamentalista religioso creó un califato en el siglo XXI? ¿Cómo es posible que los extremistas sigan masacrando a niños en nuestra era? ¿Cuánta gente más tiene que morir en nombre de un dios o de varios dioses para darnos cuenta de la enorme estupidez que se comete? La blasfemia, en algunos países, está condenada con la muerte, al igual que la apostasía. No es posible construir un mundo más igualitario y defensor de los derechos humanos mientras haya grupos poderosos o pequeños que intenten eliminar la disidencia y fulminar el pensamiento crítico. No se puede construir humanidad con tanto odio e intolerancia religiosa. El momento de poner fin a las persecuciones y violencia sectaria es ahora; no hay que esperar que arda otra Biblioteca de Alejandría o dejar que cientos de estudiantes mueran a causa de creencias supersticiosas.
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