¿Qué juegos practicamos en nuestra niñez? Goma, descanso, pelota muerta, tambo, tikichuela, tuka’ê kañy (a las escondidas), pasara pasara, gallito ciego y otros. Las niñas también jugábamos haciendo de maestra, almacenera, doctora, o simplemente actuando de mamá y cuidando a nuestras muñecas que eran auténticos bebés.
Los niños, por su parte, además de practicar el fútbol confeccionaban coloridas pandorgas con los colores de los clubes favoritos, que volaban altísimo y apenas se divisaban perdiéndose en el cielo. La balita era otro juego muy común como también el trompo que se hacía girar a velocidad increíble.
Subir en las hamacas, toboganes y balancines, era parte de la diversión. Las travesuras incluían trepar a los árboles para esconderse o saborear ahí mismo, mangos, guayabas, níspero y mandarinas. En el verano, disfrutábamos de los arroyos, cuyas aguas, no estaban contaminadas entonces. Los campos se inundaban de flores silvestres en la primavera, las que recogíamos para regalar a nuestras madres o maestras. Nos maravillamos con mariposas y pájaros de mil colores. Era pura magia y bellezas naturales de plantas y animales, por doquier.
La psicopedagogía infantil puede recuperar estos juegos pensando en que puede ser muy beneficioso para la salud emocional de los niños. Por ejemplo, los juegos de la goma y el descanso ayudan al movimiento físico, es como una gimnasia que puede contrarrestar la obesidad. En nuestra niñez cultivamos la amistad; aprendimos a establecer verdaderos vínculos afectivos con vecinos, amigos y compañeros de escuelas. Como la televisión apenas estaba en sus primeros años no se nos permitía ver novelas, ni películas con sexo y violencia. Hoy, con la cantidad de juegos electrónicos que se venden en el mercado y los celulares de última generación, el comportamiento ha cambiado. Hace poco, en un colegio, había un grupo de 6 o 7 alumnos. Cada uno hablaba a través de sus celulares, pero no hablaban entre sí. Definitivamente, la forma de comunicación es distinta.
Si bien es cierto no podemos detener el paso del tiempo y la aparición de novedades tecnológicas, podemos rescatar los antiguos juegos. Dejar de lado por unas cuantas horas la tecnología y volver a la magia y al encanto de esos antiguos juegos puede beneficiar a los niños y niñas. Sería fantástico ver a un grupo, formando una ronda, tomados de las manos, riendo, cantando y bailando, con el candor y la alegría que caracterizan a los pequeños.
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