Silencio hostil

Nadie lo censura, tampoco nadie lo puede obligar a hablar. Estuvo ausente en todos los últimos debates políticos importantes, no precisamente por carecer de opinión sobre los temas en discusión. Su ausencia, sin embargo, es una presencia así como su silencio es un ruido, cada vez más ensordecedor.

¿Por qué sigue callado el senador Juan Carlos Galaverna, conocido por su locuacidad y por su incontinencia verbal frente a los desafíos de la polémica? Lo que esté diciendo Calé con su silencio es materia de especulación aunque en realidad lo que corresponde es la interpretación.

No hablar no significa no pensar como tampoco el silencio significa falta de comunicación. Por tanto, en todo este tiempo de silencio, Calé estuvo comunicado con la opinión pública nacional. Por supuesto que sí, solo que esta forma de comunicación requiere interpretación.

Partimos de la base de que este silencio no tiene como sustento la censura sino una limitación autoimpuesta, ni siquiera compatible con el concepto de autocensura ya que esta supone la existencia de un factor amedrentador que obliga al emisor a no expresarse para evitar secuelas negativas o perjudiciales.

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Esta limitación autoimpuesta más bien es de carácter oportunista o manipulador; es decir que el protagonista opta por el silencio como una forma de sacar ventaja frente a la desventaja electoralista de aparentar sectario tomando partido en una discusión.

En otras palabras, nadie obliga a Calé a estar callado; él mismo lo decide para que sus palabras no produzcan rechazo frente a una eventual candidatura a la Junta de Gobierno. Su ausencia en los últimos debates es en realidad presencia en un escenario futuro: el de las elecciones coloradas. Algo así como la búsqueda de la doctrina luguista: Mbytetépe poncho jurúicha.

No obstante esta presencia futura a cambio de una ausencia presente debe necesariamente ser interpretada para ser entendida. ¿Cómo entiende el electorado colorado esta situación?

A él le conviene que la gente lo interprete así: “Calé quiere ser el presidente de TODOS los colorados por eso evita confrontar”. Sin embargo, es una interpretación un poco romántica para algo brusco como la política donde el negocio es confrontar ideas, es tomar posturas frente a los conflictos.

Nos encontramos, en consecuencia, frente a una situación en que los colorados están obligados a interpretar, un esfuerzo poco amigable en un mundo sobreinformado, donde es noticia el silencio de quienes estando obligados a expresar lo que piensan, no lo hacen por conveniencia.

No decir nada en estas circunstancias y más aún viniendo de alguien que aspira captar votos equivale a una falta de cortesía con quienes saben que el que sabe no les quiere contar.

Hasta si se quiere es un acto hostil. ¡Eñe’êna, Calé!

ebritez@abc.com.py

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