Después de resucitar Él había dicho a las mujeres que comunicaran a los discípulos que fueron a Galilea, pues ahí lo verían de nuevo y es lo que nos muestra el Evangelio de hoy.
Los apóstoles estaban en cierta oscuridad en cuanto a creer profundamente que el Crucificado había resucitado, pues la seguridad total les vendría solamente después de Pentecostés. En esta indeterminación ellos decidieron retomar su vida de pescadores y pasaron la noche toda trabajando, sin embargo, no pescaron nada.
Al amanecer Jesús Resucitado estaba en el lago y les dijo: “Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán. Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla”.
La primera enseñanza que nos deja el texto es sobre la realidad de la Resurrección: Cristo crucificado ha vencido a la muerte, el mal, la perversidad del mundo y está vivo entre nosotros, evidentemente, vivo en otra dimensión, pues su humanidad está glorificada y su divinidad brilla eternamente.
Él no nos abandona, se muestra comprensivo con nuestra incredulidad y se acerca para orientarnos. Los discípulos podían aceptar o rechazar su consejo, así como nosotros en el siglo XXI. El Señor nos habla de diversas formas y nos muestra el mejor camino: cada uno es libre para decir “sí” o “no”.
Los apóstoles le hicieron caso, al revés de usar los modernos justificativos, rápidos y superficiales, como: “No tengo tiempo... en toda parte hay crisis... ya hicimos de todo y no pasa nada”, que lo único que logran es acentuar el pesimismo.
Hay que tirar la red de nuevo, tentar salir adelante con otros métodos, contactando con otras personas y golpeando puertas diferentes. Como dice el proverbio: “A la tercera va la vencida”.
Lanzar la red de nuevo es mostrar lealtad en relación a las exigencias morales del Evangelio, sin titubear para oponerse a la corrupción, a la promiscuidad sexual y al tova mokõi.
Las palabras victoriosas de Cristo Resucitado, juntamente con nuestro humilde esfuerzo, de tirar las redes de nuevo con entusiasmo y sinceridad, han de realizar una “pesca milagrosa” en nuestras vidas, brindándonos sorprendentes y felices resultados.
Paz y bien.
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