Pero también han producido traumas sociales las dictaduras militares en los países del cono sur de América, en las décadas de los setenta y ochenta, por todos los desmanes provocados como la tortura colectiva, la desaparición de personas, el extrañamiento masivo, la instauración del terrorismo de Estado y la parálisis social como resultado del temor, a los cuales se sumaron las historias de despojos, usurpación y corrupción impunes.
Debido a la fragilidad de la memoria colectiva de las naciones traumatizadas frente a las situaciones provocadas que debieron soportar los pueblos sometidos, han surgido movimientos sociales en procura de preservar la memoria, por un lado para impedir la impunidad en los escasos procesos abiertos para castigar a los culpables de haber provocado el trauma, y por otro lado, para tratar de reivindicar a los sobrevivientes y sus entornos familiares estresados durante los malos momentos que debieron soportar.
La memoria de las víctimas es fuerte, pero la de los demás es frágil sobre todo cuando los acontecimientos que provocaron el trauma estuvieron ocultos o cubiertos con el manto de silencio de las masas adormecidas, obra de la propaganda y las amenazas constantes, además de las “lecciones ejemplares” a los enemigos y a los indiferentes.
El trauma que producen los hechos relevantes en la vida de los pueblos varía en su magnitud dependiendo del impacto de estos hechos en la vida de la gente. Naturalmente es más impactante, por ejemplo, el ataque observado desde distintos ángulos y en directo, a las torres gemelas por agentes externos al pueblo norteamericano que la muerte por tortura entre cuatro paredes de una madre cuyo hijo “desaparece” en las redes del tráfico y adopción ilegales a cargo de agentes nacionales que realizan su trabajo de “garantizar el orden”, quienes además se encargan de “solucionar” el problema de los huérfanos.
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Los norteamericanos sabían que Bush mentía con la historia de que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva, que poseía armas químicas y biológicas, pero lo reeligieron por la fuerza de la memoria colectiva ciudadana. El pueblo fue atacado cuando Bush era presidente, pero a este se le acabó el tiempo antes de que pudiera vengar el ataque.
El pueblo paraguayo no supo construir una memoria colectiva, a pesar del trauma de 34 años de dictadura, cuyas secuelas se extienden a casi cada hogar paraguayo en sus más diversas manifestaciones. Todavía subsisten figuras y rasgos visibles de aquellas décadas de tormento, se los expone, se los relaciona, se les recuerda, se les intenta hacer pasar vergüenza, pero nada.
Hechos recientes de corrupción -reprochables por igual- impregnaron las neuronas de los electores por sobre el trauma social de una dictadura cruel con un partido asociado a la misma. No hubo memoria, de lo contrario cómo se explica el olvido de una deuda aún impaga.
Se pone en entredicho a raíz de este acontecimiento nuevo la historia tantas veces contada de que el Partido Colorado cayó en el 2008 por el hartazgo de la gente, por el triunfo de la memoria lenta pero severa contra el olvido, y no por un simple hecho de traición interna (Cartes los unió a todos y arrasó).
¿Se ha curado el pueblo paraguayo del estrés postraumático de la tiranía o simplemente ha entrado en una etapa de amnesia colectiva que no recuerda ni siquiera lo que han publicado ayer los medios de comunicación?
ebritez@abc.com.py