Valores no negociables

Todo es opinable, cualquier cosa es negociable. Esta es una falacia que cierta corriente de pensamiento seudoprogresista presenta como signo de la evolución cultural de la humanidad. El objetivo es instalar la creencia de que no hay verdades absolutas, que todo depende de las opciones personales de cada uno y, por tanto, lo que hoy consideramos como cuadrado mañana puede ser redondo.

Como esta posición relativista se aplica en todos los campos de la actividad humana, conviene dejar en claro que determinados principios no son negociables; hay valores fundamentales que no se venden pese al color y el tamaño del dinero que se oferta.

La libertad individual y comunitaria no es negociable. Cuántas dictaduras y regímenes totalitarios han oprimido durante años y décadas a sus pueblos pero, finalmente, el grito de libertad tumba a las bestias.

El derecho a la vida no es negociable. Desde la concepción hasta la muerte, la persona humana tiene derecho a una vida digna, lo cual incluye educación, salud, vivienda y una oportunidad laboral para ganarse el pan. Una sociedad basada en la exclusión de sectores marginales no es éticamente viable.

La dignidad del ser humano no es negociable. Es inaceptable una sociedad en la que existan personas que mueren por desnutrición, hambre, frío o cualquier enfermedad que pudo haberse prevenido y curado a tiempo. Asimismo, debe rechazarse cualquier actividad indigna como las labores esclavizantes, la explotación sexual, el trabajo infantil, etc.

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El derecho a la igualdad no es negociable. Todos deberíamos tener las mismas oportunidades para realizarnos como personas: tener una identidad (cedulación), crecer en una familia, educarnos, prepararnos para enfrentar la vida, cultivar nuestros talentos, ganarnos honradamente el sustento diario y, por qué no, ser felices. Es inhumana una sociedad que, directa o indirectamente, crea las condiciones para que un niño abandone el colegio e incursione precozmente en los tortuosos caminos de la delincuencia o la autodestrucción por consumo de estupefacientes.

El derecho a ser solidarios es innegociable. Las personas somos parte de una familia, de una comunidad, de una nación y del planeta Tierra. Tenemos que ser solidarios con los demás, en especial, con los más pobres, con los débiles, con las víctimas de injusticias, con los marginados sociales. Nadie puede negarnos el derecho a soñar y construir un mundo mejor, más humano, más justo, más igualitario y equitativo para todos. Tender la mano al prójimo necesitado es ayudarnos a nosotros mismos a ser mejores.

Hay más valores innegociables, pero con los citados ya tenemos una ilustrativa muestra. En esta era de la globalización planetaria en donde un cantante coreano inventa hoy un ritmo y mañana todo el mundo lo baila, se propalan muchas mentiras y medias verdades que tienden a crear la duda sistemática sobre todo, especialmente sobre aquellos valores fundamentales que nos identifican y nos distinguen como una nación específica con identidad propia.

Podemos compartir el mbeju con el sushi, pero jamás cambiar nuestra identidad guaraní por una especie de ñembo ciudadano universal.

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ilde@abc.com.py

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