Ve tu estrella

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Mt 2,1-12. Celebramos hoy la solemnidad de la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación y revelación del Niño Jesús al mundo.

Más precisamente, el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios está compuesto por el anuncio del arcángel a María (25 de marzo); el Nacimiento de Jesús (25 de diciembre) y la manifestación de la salvación a todas las criaturas.

Los tres Reyes Magos cuando llegaron a Jerusalén afirmaron: “Vimos su estrella en Oriente y venimos a adorarlo”.

La “estrella” realmente habrá sido un elemento astronómico que los orientó hacia el pesebre. Sin embargo, tenemos que notar que ellos estaban con las antenas prendidas y supieron interpretar la mano de Dios en la presencia de la estrella.

Es más, no tergiversaron delante de la invitación, no se hicieron los ñembotavy, sino que se pusieron en camino y también pusieron los medios para llegar.

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En nuestra vida, el Señor lleno de ternura y sabiduría pone muchas “estrellas” que nos motivan a encontrar a Jesucristo.

El problema es cuando exigimos que estas “estrellas”, que son signos de Dios, sirvan para realizar nuestros propósitos personales aquí, ahora y como nosotros queremos.

A veces, la “estrella” que el Señor pone en nuestro sendero es un lindo trabajo, una aprobación en un examen de ingreso o la reconciliación en una situación preocupante: ¡magnífico!

Sin embargo, otras veces, la “estrella” será una enfermedad que altera dramáticamente nuestros proyectos. En esta situación, el ser humano suele preguntarse desconsolado o rabiado: “¿Por qué a mí me pasa esto? ¿A mí, que al fin y al cabo, no hago nada malo? Mire, fulano y fulanita..., que son tan aprovechadores, ¡y todo les sale bien!”

Mi hermana y mi hermano, hay que preguntarse “para qué”, pues, si el Señor bondadoso permite esto, es para que nos demos cuenta de que algo importante debe cambiar en nuestra vida: yo debo cambiar, y no querer tanto cambiar a los demás.

Este signo doloroso de Dios puede ser la infidelidad matrimonial, la rebeldía de un hijo, la tirantez con familiares políticos y tantas otras situaciones apretadas: hay que ver e interpretar este signo.

Y, una vez que “vemos su estrella” es necesario ir a adorarlo, hay que ponerse de rodillas delante del Niño Jesús y ofrecer nuestro regalo, que debe ser principalmente un corazón humilde, que acepta que debe mejorar sus palabras y sus actitudes.

Asimismo, ofrecer el regalo de una voluntad valiente, que no se calla delante de la corrupción de algún manguruju, para que el 2013 sea positivo para el país.

Paz y bien.