Voto por ellos, o me botan

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Las veces que tomo la pluma para escribir me pregunto: ¿Para qué? ¿Vale la pena? Y me respondo en lo íntimo, como una especie de autoconsuelo: alguien lo leerá; habrá un alma gemela que piense como yo. Tal vez seamos mucho más que dos. Tal vez seamos una multitud.

Y así vamos tejiendo palabras, hilvanando esperanzas y sembrando ideas con el firme convencimiento de que caerá en tierra fértil. Hoy me propongo suspirar en voz alta sobre las elecciones del domingo.

¿Qué nos ofrece el menú político del 15 de noviembre de 2015? Y bueno, decir que es un tallarinazo con carne marmolada, un humilde porotazo o un intragable kure caldo es lo mismo. Están todos representados en esta opípara mesa de esta interminable fiesta cívica que se llama elecciones.

Pero las elecciones en Paraguay son apenas votaciones. Pocos votan y mucho menos eligen. El pobre ignorante vota por unos billetes que le darán, con suerte, 3 o 4 días de comida. La clase media, representada por los empleados de la administración pública vota, porque de lo contrario lo botan. Y tienen que votar por el partido que le da empleo. “Trabajo en primer lugar”, diría Wasmosy; tu voto vale doble, diría Oviedo; tu voto es para recuperar el Estado, diría cualquier candidato colorado.

La clase alta está dividida; están los Debernardi, los Vargas, los Antebi, por citar algunos nombres de la alcurnia asuncena. Y, por supuesto, en este grupo existen empresarios de la construcción, de la industria, del comercio. Algunos varones de Dios y muchos barones de Itaipú que estarán pescando algún contratito de la Municipalidad, del Ministerio o de la Gobernación. De todo estamos en la viña del Señor.

Los “intendentables” que ambicionan el rekutu, o el “trikutu” son los más caraduras. Y en esta fauna hay bichos de dos colores mayoritarios: los azules y los colorados. Los azules, aunque en menor grado y número, no tienen nada que envidiar a los pretensiosos colorados que utilizaron los fondos de Fonacide, de Hacienda, de los gastos sociales de Itaipú y Yacyretá, de tus impuestos y del mío.

Pero esta vez, como nunca, aparecieron unas bestias con dientes de tiburón, garras de oso, velocidad de águila, astucia de serpiente y disfraz de cordero: los narco-políticos. Estos son los más peligrosos, porque no tienen escrúpulos, no tienen sentimientos, no tienen amor a la patria, no creen en Dios; en fin, son soldados escogidos del averno. Solo un demonio puede traficar sustancias que destruyen la juventud, la familia y la fuerza de trabajo de una nación.

Y están agrandados porque la impunidad está programada, dosificada y agigantada. Si la Senad te pilla hoy con 400 o 5.000 kg de cocaína, marihuana o lo que sea, da lo mismo. Estarás privado de tu libertad hasta que tus abogados encuentren el precio exacto del fiscal o juez de turno. Y la mayoría tienen un precio módico. Tal vez hasta ya haya una tabla de ventas de sentencias, y el pueblo no lo sabe. Un kilo de cocaína en el mercado está a 30.000 US$; con 3.000 para el juez, estás libre. ¡A seguir traficando! Don Vito Senattore los va a defender a todos. Si cae algún pez gordo, es solo porque es competencia, no porque existe justicia o ética. Se declaró so’o la moral.

La teoría de la bóveda, si cae uno, caen todos. Y este corporativismo perverso se metió en todos los estamentos. En el Congreso está hace tiempo, en la administración pública tiene a sus peones; solo faltaba en la academia, pero con el “Ferrari” entró rápido y furioso. Hoy está en el taller para retornar en breve.

En fin. ¿Qué hacemos el domingo? Si me quedo en casa le ofrezco el país en bandeja. Es como ofrecerle al depravado mi hija de 15 años. Si voto en blanco, le regalo a los sinvergüenzas un presente inmerecido. Ellos tienen disciplina, tienen la lapicera, al cajero, la logística, la astucia, la experiencia. Lo único que no tienen es escrúpulos y conciencia.

Así que mi caro lector, sea joven, madurito o del viejazo; sea mujer, bien varón o medio indefinido. ¡Levántese y vaya a elegir al mejorcito! Algo mejor que Freddy Crueger, Jack el destripador y Frankenstein, habrá. Es solo mirar bien su boleta. En el cuarto oscuro solo estará usted y Dios, y nadie más.

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