Escila y Caribdis eran monstruos, que frente a frente residían, en grutas y escollos a un lado del estrecho de Mesina donde, todos los días, sorbían con estruendo el agua del mar para luego echarlas fuera, con que absorbían a los navegantes, arrebatándoles hacia el fondo del mar.
Odiseo, también llamado Ulises, héroe de la guerra de Troya, luego de perder en los remolinos a seis compañeros, llega a la isla de Trinacia.
Obviamente Brasil y Argentina no son monstruos, pero absorben las aguas del Paraná, después de prometer repartirlas por partes iguales, y lo que es más grave, pretenden absorber la rentabilidad de las aguas, como nos enseñó el economista paraguayo Eliseo (Teto) Da Rosa en su invalorable trabajo escrito en los Estados Unidos.
Algunos navegantes asignados a la defensa de los intereses del Paraguay quieren concluir las negociaciones sobre la deuda de Yacyretá, y otros aspectos del Tratado que comprometen el futuro de generaciones en el interior de las oficinas de la entidad, entre cuatro paredes, a espaldas del pueblo para luego, entre bombos y platillos, presentar las conclusiones entre rimbombantes discursos y elogios para los firmantes del nuevo Evangelio.
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Quiero recordar a mis compatriotas que el artículo LI del TRATADO AMERICANO DE SOLUCIONES PACÍFICAS, PACTO DE BOGOTÁ, DEL AÑO 1948, dispone: “Las partes interesadas en la solución de una controversia podrán, de común acuerdo, pedir a la Asamblea General o al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que soliciten de la Corte Internacional de Justicia opiniones consultivas sobre cualquier cuestión jurídica. La petición la harán por intermedio del Consejo de la Organización de los Estados Americanos”.
El Paraguay necesita escapar de los aires tóxicos del bolivarianismo, de los residuos excrementicios de Hugo Chávez, Fidel Castro y Fernando Lugo Méndez, de triste memoria, y debe abrir los ojos ante los discípulos de Escila y de Caribdis. El Paraguay necesita pronunciamientos judiciales de un Tribunal de Justicia Internacional, como lo es el de La Haya, y quien quiera que diga que debemos temer los resultados porque somos débiles y los otros demasiado fuertes (realpolitik), debe saber que será mejor pagar las consecuencias por habernos defendido que por haber seguido el canto de las sirenas de Escila y Caribdis.