Zapatero a tus zapatos

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SALAMANCA. El informe pericial del licenciado Miguel Ángel Lemir Espínola, perito contable, con base en el cual se condenó a dos años y medio de prisión a Nelson Aguilera por presunto plagio de la obra “El túnel del tiempo”, de María Eugenia Garay, es una expresión dolorosa del estado de vergonzoso subdesarrollo en que vive el país porque alcanza justamente al poder en el que descansan la seguridad y las libertades de todos nosotros: la justicia.

No es necesario tener mucho vuelo intelectual para interpretar correctamente dicha pericia desde el momento en que el perito se basa en conceptos extraídos de internet, gigantesco vertedero en el que se descarga cualquier cosa, desde información general a basura, desde notas interesantes a repulsivas mentiras. Recurrir a internet es como afirmar: “La gente dice...”, “La gente dice que usted es culpable, entonces es culpable”. No nos extrañe, entonces, que el perito diga: “Por consiguiente, al criterio de eminentes autoridades en el campo literario, los cuales (sic) comparto plenamente, la obra ‘Karumbita la patriota’ debe ser considerada como un plagio de la obra preexistente ‘Un viaje fantástico – El túnel del tiempo”. ¿Quiénes lo dicen? ¿Quiénes son estas eminentes autoridades? ¿Quién les otorga esa autoridad? En este caso es imprescindible conocer la referencia. Cuando se elabora un informe que pretende ser serio toda afirmación debe ir acompañada de su respectiva fuente. Por lo visto el señor perito Lemir Espínola no lo sabe. O no le interesa.

Su información de internet es inaceptable. Dice que “ambas obras se ajustan a las características descriptas como narrativa tradicional, cuyas características individualizantes son: narrador: es omnisciente, es decir, asume el papel de Dios que lo sabe todo. Es pintor de la realidad que lo rodea.

Lector: es observador pasivo de los sucesos narrados. Simple receptor. No tiene voluntad para sobrepasar los límites precisos que le presenta el narrador. Trama: Se narra un acontecimiento en que la introducción, nudo y desenlace se hallan claramente definidos. El orden de los capítulos presenta una estructura lineal. Personaje: sabemos todo acerca de él: nombre, apellido, ascendencia, costumbres, trabajo, relaciones. Lo conocemos moral y físicamente...”

Todos estos puntos son rebatibles: En “Grandes esperanzas” (Charles Dickens, 1861) el autor nos dice poco o casi nada del personaje Abel Magwitch a pesar de ser el desencadenante de cambios decisivos en la vida de Pip, el protagonista. R. L. Stevenson escribió “La isla del tesoro” en 1883 (una joya literaria) cómodamente sentado en su estudio de Londres sobre piratas, veleros, islas lejanas y tesoros fabulosos que nunca conoció. ¿Si el lector fuera pasivo, qué hacemos con Alonso Quijano que después de leer el “Amadis de Gaula” decidió cambiarse de nombre, llamarse Don Quijote de la Mancha y convertirse en caballero andante? “El proceso” (1925) de Kafka carece de introducción, nudo y desenlace y si los tiene, pues no están “claramente definidos”. En “Silvia y Bruno” (1889) de Lewis Carrol no existe ninguna linealidad y en cuanto a que conocemos todo de los personajes cómo explicamos “Locus Solus” (1914) de Raymond Roussel que ¡carece de ellos! ¿Y es que alguien, incluyendo al autor, sabe algún antecedente de Gregorio Samsa” el protagonista de “Metamorfosis” (1915) de Kafka?

En sus conclusiones el perito señala, sin especificar cuáles son, que la obra de Nelson Aguilera “contiene una cantidad significativa de elementos estructurales y discursivos, claramente equivalentes a la obra original de la señora María Eugenia Garay”. No sabemos cuáles. Pero si el uso de “elementos estructurales” significan dos años y medio de cárcel, el escritor inglés Chesterton debe ser ejecutado inmediatamente (si estuviera vivo todavía) por utilizar “elementos estructurales” de “Alicia en el País de las Maravillas” (1865), de Lewis Carrol, en su célebre libro: “El hombre que fue jueves” (1908).

En realidad, lo de “zapatero a tus zapatos” es improcedente, pues si ya dejó de hacerlos para hacer otra cosa, es porque como zapatero, pues, fue simplemente un fracaso.

jesus.ruiznestosa@gmail.com