Duele ver tanta corrupción y violencia, expresa obispo

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Monseñor Ignacio Gogorza, obispo emérito de Encarnación, condenó la corrupción y violencia imperantes en el  país.
Monseñor Ignacio Gogorza, obispo emérito de Encarnación, condenó la corrupción y violencia imperantes en el país.Archivo, ABC Color

CAACUPÉ, Cordillera (Desiré Cabrera, de nuestra redacción regional). Monseñor Ignacio Gogorza, obispo emérito de Encarnación, manifestó ayer que, “cuando contemplamos la realidad de nuestro país, duele mucho ver tanta violencia, tanta corrupción y tanta indiferencia hacia las personas necesitadas, ver tanto dolor”. Fue en su homilía de la misa central que presidió en la Basílica de Caacupé.

El religioso fue ovacionado por sus expresiones por los cientos de personas que participaban de la misa.

El obispo dijo que urge la construcción de una sociedad más humana, más justa, más solidaria, donde todos puedan vivir con dignidad, dando a cada uno lo que le corresponde. Donde ya no haya esas situaciones de corrupción que hoy se ven todos los días, en muchas instituciones, que implica una total falta de amor al prójimo, según agregó.

Gogorza señaló que cada familia tiene que tener trabajo, además de alimento necesario, una casa propia y lo básico para sobrevivir con dignidad.

En ese sentido dijo que es necesario desechar esos vicios y suplantarlos por la honestidad, la responsabilidad y solidaridad por encima del egoísmo y la cultura del descarte.

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Añadió que no se debe esperar todo, solamente de aquellos que tienen cargos, aunque sean los más importantes y tengan más responsabilidad con la sociedad. “Todos debemos colaborar para cambiar y restaurar lo que está corrompido para que todos vivamos en paz. Más solidaridad y menos indiferencia hacia el prójimo es lo que se necesita”, enfatizó.

El prelado expresó que la misión como cristianos es la de ser una presencia positiva y activa a favor de la paz, la justicia, la vida y la dignidad del ser humano. Afirmó que “todos somos responsables de ser constructores de un mundo de justicia, de paz y amor, con igualdad de oportunidades para todos”.

Sostuvo tajantemente que no hay superioridad de una persona a otra, todos son iguales, sin distinción alguna. Finalmente, se refirió al valor fundamental de la familia en la sociedad creada por Dios a partir del varón y la mujer.