Asunción ocupada, mientras las tropas se dirigían hacia Curuguaty

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La Capital, Asunción, con su aspecto de abandono en febrero de 1868. La calle Palma esquina 14 de Mayo se veía de esta forma, de acuerdo a un dibujo de Taylor sobre una fotografía de Chadiot.
La Capital, Asunción, con su aspecto de abandono en febrero de 1868. La calle Palma esquina 14 de Mayo se veía de esta forma, de acuerdo a un dibujo de Taylor sobre una fotografía de Chadiot.

El 15 de agosto de 1869, mientras los Aliados bendecían la formación de un gobierno provisorio en Asunción, López y su ejército abandonaban Karaguatay. Las tropas pasaron por Acosta Ñu hacia Pindó y San Taní.

En el acto realizado en la Capital de la República del Paraguay con pretensiones de pompa y solemnidad, nada podía disimular la miseria o esconder la tristeza. El Te Deum lo ofició el vicario del ejército argentino, Padre Sevilla Vázquez, y tras el brindis realizado en la antigua Casa de los Gobernadores, “hablaron el ministro brasileño José María Da Silva Paranhos, el plenipotenciario argentino José Roque Pérez y Cirilo Antonio Rivarola”. Este había sido “seleccionado” por el enemigo para integrar junto a Carlos Loizaga y José Díaz de Bedoya el Triunvirato, primer gobierno que “la civilización” instalaba en el Paraguay.

Asunción ofrecía un aspecto lúgubre de abandono para el mes de febrero de 1868 como lo ilustran grabados y dibujos de la época.

La marcha continúa

Entretanto y a menos de 100 kilómetros de la Capital, el Mariscal buscaba acampar sobre el arroyo Yhaguy, en el lugar llamado Paso de la Patria, en dirección a Santaní. Para el efecto, cruzó el campo de Gasory para detenerse “en una casita de paja que había sobre el camino a la orilla del monte”. En ese lugar iba a esperar el resultado de “la batalla de los niños” que tenía lugar no lejos de allí, en ese mismo 16 de agosto.

La marcha continuaría en los días siguientes hasta al mediodía del 19 de agosto, cuando después de vadear el arroyo Hondo, López fue alcanzado por el general Bernardino Caballero en Valle’i. Acompañado de unos 30 oficiales “…y una escasa porción de tropa”, Caballero le puso al tanto de los pormenores de Acosta ñu. Otros grupos sobrevivientes irían sumándose más tarde, “…hasta formar un total de 500 reincorporados” a la columna.

Para entonces, el contingente llegaba a Pindó. Allí se encontraba la estancia San Miguel que perteneciera al extinto hermano del Mariscal, Benigno López. En el lugar, oficiales y tropa se abastecerían de abundante yerba “de superior calidad” almacenada en los depósitos de la espaciosa casa, antes de reanudar la penosa marcha.

Adiós a las armas…

Al día siguiente de finalizada la batalla de Pirivevyi, el 17 de agosto se retiraba de la guerra el contingente oriental con su conductor al frente, general Enrique de Castro.

El 21 hacía lo propio la fuerza argentina tras su participación en la acción de Potrero Recalde. La que consistió en la interceptación de un convoy de carretas que iba bajo la escolta del coronel José Ignacio Genes.

Un día más tarde, el 22 de agosto, los brasileños resolvían cesar la persecución de la columna de López. Optando por ocupar con sus fuerzas, los “distintos puntos de la república (…) para hacer conocer y acatar la autoridad del gobierno provisorio de la Asunción” (sic).

Rumbo a Santaní

Francisco Solano López y su gente tomaba el camino hacia Unión. No se detendrían sin embargo en este pueblo para llegar a San Estanislao el día 23.

Este tramo superó a los anteriores en penurias y sufrimientos, de acuerdo al testimonio del general Resquín, pues no hubo pausas para comer ni dormir. Abriendo caminos, “…los cañones eran arrastrados por las mujeres mientras los hombres hacían lo propio con los carruajes”.

Como consecuencia de estos esfuerzos, muchos niños y mujeres habían perecido en el trayecto.

Una vez en San Estanislao, el nuevo campamento también sería escenario de importantes –y graves– acontecimientos.

El Mariscal se instaló en un antiguo edificio del Estado y tomó disposiciones para reorganizar el ejército diezmado tras los últimos enfrentamientos de la Cordillera, así como por los estragos de la marcha.

Al día siguiente, 24 de agosto, ascendió a algunos oficiales y Jefes de la tropa que lo acompañaba: al teniente coronel Vicente Mongelós, a los coroneles José María Delgado y Francisco Roa y a los generales Francisco Resquín y Bernardino Caballero. Estos dos últimos llegaban a los galones de General de División.

Nueva Capital y complot

Dos días más tarde, se descubría una conspiración para atentar contra la vida de López. A raíz del hecho, el 29 de agosto fueron ejecutados más de 60 hombres de los regimientos Akã karaja y Akã vera, encargados de la escolta personal del Presidente. Con ellos también fue fusilado el recientemente ascendido coronel Mongelós, comandante de dichos regimientos, por “la culpa” de no haberse enterado de la intención del alférez Aquino, perteneciente al Akã vera, quien tenía a su cargo la consumación del magnicidio.

Después de estos incidentes, el 30 de agosto López suscribía el decreto que designaba a San Isidro de Kuruguaty como Capital de la República. Posteriormente y tras una larga reunión con sus colaboradores principales, fue a postrarse frente al altar de la Iglesia por largo tiempo. Finalmente, dio la orden de abandonar Santaní para dirigirse a la nueva Capital donde ya los esperaba el vicepresidente Francisco Sánchez.

Durante la marcha iniciada en San Estanislao, en los campamentos del ejército como en la de las mujeres cautivas, la muerte hacía su rutinaria cosecha. Ya fuera por el hambre y sus daños colaterales, como por los que fueran ejecutados ante los intentos de deserción.

jorgerubiani@gmail.com