Febrero en la guerra…

Desde iniciada la guerra de la Triple Alianza, numerosos acontecimientos tuvieron lugar en febrero. La Comisión del Sesquicentenario podía haberlos recordado pero no lo hizo… como tampoco recordó otros hechos de la contienda. Los mismos debían ser honrados a partir del 2015 y deben serlo hasta el año 2026 según la Ley sancionada en noviembre de 2014.

José Eduvigis Díaz. Una de las pocas fotografías del joven general que murió en Paso Puku, con 33 años de edad.
José Eduvigis Díaz. Una de las pocas fotografías del joven general que murió en Paso Puku, con 33 años de edad.

Este mes de febrero es especialmente importante porque tras su finalización, el próximo 1º de marzo marcará los 150 años del fin de la guerra y la aniquilación del Paraguay en manos de los invasores.

Febrero y sus gestas, año por año. * 1865

El 15, la grave situación internacional obligaba la realización de un Congreso en Asunción: la invasión brasileña al Uruguay y la indiferencia del Imperio ante la protesta paraguaya; la negativa del gobierno argentino para el tránsito del Mariscal Francisco Solano López con sus tropas en auxilio del gobierno de Montevideo. Además del apresamiento del buque brasileño “Marqués de Olinda” y el inicio de la guerra entre el Paraguay y el Brasil. El cónclave se reunía a partir del 5 de marzo y el 18 siguiente resolvería la declaración de guerra a la República Argentina.

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* Febrero de 1867

El 7 moría José Eduvigis Díaz. El 26 de enero anterior y cerca de las 9 de la mañana, el joven general se embarcó en una canoa con la intención de verificar la posición de los buques enemigos. Le acompañaban “...el teniente Álvarez, el sargento Coatí y el personal de bogavantes”. En medio del río, echaron anclas para simular que la pesca era el cometido que les había llevado al sitio. “No habían transcurrido cinco minutos cuando se vio que el acorazado más próximo se envolvía súbitamente en espesa humareda”. El proyectil disparado desde el buque, rebotó sobre el agua antes de estrellarse contra la frágil embarcación. Dos de los bogavantes murieron en el acto. El sargento Coatí se lanzó al rescate de Díaz para llevarlo a la costa donde el mismo herido redactó un telegrama para el Mariscal al que, con una sola frase, transmitió la gravedad del suceso: le pedía que se le amputara la pierna.

El médico inglés Frederick Skiner fue enviado inmediatamente junto a Díaz. Este rechazó el cloroformo y solo pidió un cigarro. “Corte sin temor ni miramiento” –le dijo– “lo que deseo es que termine pronto”. Aunque la intervención se realizó dentro de la celeridad que permitían las circunstancias, la salud del vencedor de Kurupa’yty fue deteriorándose con el correr de los días.

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El día 7, Díaz reclamó la presencia del Mariscal y tras encargarle su espada, sus palabras de despedida fueron “de perdón y patria”. Y que lamentaba irse con la tarea inconclusa. Falleció a las 16:45.

* Febrero de 1868

El 19, a las tres y media de la mañana, la flota imperial iniciaba el paso por frente a Humaitá. Después de que la empresa se considerara “humanamente imposible”, los brasileños comprobaron lo que los paraguayos tenían por sabido desde la derrota naval en Riachuelo: que sus cañones no podrían contra las gruesas chapas de los acorazados. Aunque los 199 cañones de Humaitá tronaron al unísono, las seis naves brasileñas ni siquiera se molestaron en contestar el fuego. En menos de una hora se hallaban fondeados al norte del enclave.

El día 20, el mariscal Luis Alves de Lima, duque de Caxías, ordenaba que los buques subieran hasta Asunción para reconocer los ríos tributarios, destruir naves enemigas y hasta bombardear la ciudad si esta no se rindiera. En conocimiento del hecho, el vicepresidente Francisco Sánchez convocaba a las seis de la tarde del día siguiente, una “reunión de notables” en la Capital de la República, para considerar la grave situación. Desafortunada decisión que provocaría confusiones y centenares de víctimas acusadas de conspiración contra el gobierno y connivencia con el enemigo.

Al día siguiente 21 y tras la reunión mencionada, se ordenaba la evacuación de la ciudad. Por la mañana, había tenido lugar una reunión de similares características que la anterior. Pero en la tarde y recibida una orden de López, el vicepresidente Sánchez lanzaba un Bando que declaraba a Asunción “plaza militar” y ordenaba a sus habitantes que la evacuaran.

Cerca de la medianoche, las familias empezaron a abandonar sus casas y con “...grandes atados en la cabeza se dirigían hacia el camino de la Recoleta”.

* Bombardeo de Asunción

El 24 llegaba la flota brasileña a la Capital. Para la defensa fue movilizado entonces el mínimo aparato militar disponible: el cañón “Criollo” fue instalado en la loma San Gerónimo mientras que algunas fuerzas de infantería se posicionaron en “el atrio del antiguo templo de la Encarnación” y un escuadrón de caballería se mimetizó en los bosques del Mangrullo. A las dos de la madrugada, el monitor “Río Grande” y los acorazados “Bahía” y “Barroso” iniciaron el bombardeo efectuando entre 30 y 40 disparos. Fueron contestados “con tres o cuatro tiros” por la pieza de San Gerónimo. No hubo daños que lamentar y tras el intercambio de fuego, la escuadra enfiló nuevamente hacia el sur. No volvería hasta el 29 de noviembre siguiente.

El 27, el ejército paraguayo comenzaba la evacuación del “cuadrilátero”. Vencida la resistencia de Humaitá, la posición de las fuerzas paraguayas se tornaba insostenible en el sector. El mariscal López ordenó entonces la evacuación progresiva de todas sus fuerzas, quedando algunas tropas y piezas de artillería dispersas entre Kurupa’yty, Sauce, Ángulo, Humaitá y Espinillo. Para simular mayor poderío, fueron colocados en las trincheras “gruesos troncos de vigas torneados y pintados”, como si fueran cañones.

La evacuación total de las tropas, de la caballada, 150 piezas de artillería además de municiones “e inmenso bagaje”, se completaría el 30 de marzo.

* Fin de la marcha

El día 8 y después de atravesar la picada de Chirigüelo, la larga marcha de la columna paraguaya llegaba a Cerro Kora. Instalado en el sitio, el Mariscal empezó a organizar sus escasas fuerzas. Ya no habría asistencia ni recursos en aquel recinto de cerros que serían testigos de la última acción bélica.

El hambre acosaba a todos: “No hay palabras que puedan trasladar con exactitud a la imaginación del lector, las dolorosas escenas que a cada rato se presentaban a la vista de uno”, escribía Centurión.

López envió al mayor Julián Lara para que recorriera “las antiguas estancias del Aquidabán” en busca de ganado. Regresó al poco tiempo sin ningún resultado. Pidió entonces al general Bernardino Caballero para que subieran hasta la zona de Mato Grosso con el mismo objeto. Este Jefe partió al amanecer del 14 con 40 hombres. Ya no regresaría antes de la batalla final del 1º de marzo.

* La “noche antes”

Algunos dicen que fue el 21 y otros el 26. Lo cierto es que en la formación realizada al amanecer del 1º de marzo, solo 415 hombres pudieron ponerse de pie. Ni la mitad se encontraba en condiciones de pelear. Los que sí, ya no tenían armas y muchas de estas carecían de municiones.

De los regimientos y batallones solo quedaban sus nombres. El renombrado Nº 40 solo tenía 13 combatientes; el Batallón 25, tres. Y entre los regimientos, en el Nº 6 formaban siete soldados, en el 25, ocho y en el 32, seis.

El próximo sábado 29, terminará el febrero de 2020. A 150 años de aquel de 1870, solo son iguales en lo bisiesto…

jorgerubiani@gmail.com

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