“Nosotros salimos de acá del casco central con los patrones, mi hijo, mi sobrino y un fiscalizador de Senacsa para vacunar un lote de animales en uno de nuestros retiros. Cuando terminamos nuestro trabajo, fuimos interceptados cerca de una cimbra, ya cuando veníamos a almorzar”, explicó.
Según contó Candia, secundado por su hijo menor de edad que también fue tomado de rehén, los cuatro miembros del EPP les salieron desde un monte y, a punta de armas largas, les obligaron a que bajaran de la camioneta Toyota Hilux.
“Abajo, abajo todos”, ordenaron los criminales, mientras hicieron sentar en el suelo a la pareja de alemanes y sus empleados y el fiscalizador.
Luego de una breve arenga, los maleantes ordenaron a sus víctimas a que se levantaran y los obligaron a cargar sus pesadas mochilas, que contenían víveres, armas y municiones.
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A la pareja de germanos, en cambio, forzaron a llevar cosas más livianas, como bidones de agua y otros enseres.
Luego de una caminata de 35 minutos por el monte, los miembros del EPP se detuvieron en un sector un tanto más descampado y carpieron en dos lugares para levantar un campamento improvisado.
Posteriormente, uno de los terroristas, quien dirigía el grupo y presuntamente era Esteban Marín López, interrogó de a uno a los rehenes, luego de presentarse como un “teniente del Ejército del Pueblo Paraguayo” y de reivindicar la “lucha” de la banda armada. “Si no conocían al EPP, ahora ya lo conocen. Somos nosotros”, les dijo el prófugo.
Los sobrevivientes recordaron que los miembros del EPP casi no actuaron con violencia hasta ese momento, aunque sí eran muy intimidantes.
El “teniente” Esteban Marín López, luego de hablar con los alemanes, se apartó del grupo y lanzó un cable a la copa de un árbol, donde montó un improvisado radio base a través de la cual habló en voz baja con otro líder de la banda, quien sería Osvaldo Daniel Villalba Ayala. Aparentemente, Esteban consultaba qué hacer con los rehenes.
Después de un par de horas, el alemán Robert Natto ofreció 20.000 dólares a los terroristas. “Es lo único que tengo ahora en mi cuenta y lo que les puedo dar”, le dijo el extranjero al cabecilla del grupo, aunque fue recién después de que este le exigiera colaborar con una tasa en concepto de “impuesto revolucionario”.
“Michîeterei upéa” (es poco eso), le contestó Marín López al alemán, e ironizó que la vida en el monte es muy costosa y que dicho monto no sería suficiente. Tras casi seis horas y como no llegaban a un “acuerdo”, los delincuentes se deshicieron de cuatro de sus rehenes, y se llevaron al matrimonio alemán para seguir negociando el precio de su liberación, que aparentemente se podría decidir en pocas horas.
