El pésimo estado del transporte público de pasajeros y el caótico tránsito en Asunción y su área metropolitana se deben en gran medida al descontrol por parte de las autoridades, tanto municipales como del Viceministerio de Transporte del Ministerio de Obras Públicas. En tanto, la Secretaría de Transporte del Área Metropolitana de Asunción (Setama) se ha convertido en una convidada de piedra últimamente.
Sin mucha inversión, se puede empezar a corregir los problemas del caótico y vergonzoso servicio cumpliendo las disposiciones más básicas del Reglamento General de Tránsito y disponiendo de una mayor cantidad de agentes de tránsito en las calles.
Agentes de tránsito
La presencia de policías de Tránsito en los cruces más conflictivos y en horas pico es esencial para el ordenamiento vehicular y el control del cumplimiento de las normas. Haciendo un cálculo rápido y simple, con los 160 millones de dólares que se requieren para el metrobús se podría pagar el salario de 1.000 agentes de tránsito durante 20 años, siendo el promedio de sueldo unos G. 2.700.000. De este modo, también se cuadruplicaría la dotación actual de agentes de tránsito en Asunción.
Carcachas
El estado de las unidades chatarra, con carrocerías arcaicas, que sufren frecuentes desperfectos mecánicos y lanzan gran cantidad de humo contaminante, se suma a la total falta de respeto de los conductores hacia los pasajeros.
Las incomodidades, los perjuicios y riesgos que padecen los usuarios a manos de los que conducen las unidades de transporte público en nuestro país son muchos. La mayoría se basa en el incumplimiento de las reglas de tránsito y de convivencia, principalmente por parte de los trabajadores del volante.
La actitud irresponsable de los choferes, quienes actúan impunemente rayando lo criminal, se materializa en las carreras alocadas, mientras hablan por celular, pasan los semáforos en rojo, alzan y bajan pasajeros a vuelo de pájaro y en cualquier lugar.
Las denuncias de los pasajeros, ante hechos como estos, generalmente caen en “saco roto”.
Por otro lado, la frecuencia de las salidas de los ómnibus al parecer solo responde a los antojos del “seudoempresariado” y a los choferes.
“Llevo más de una hora esperando un colectivo porque mañana tengo que empezar de nuevo temprano, pero no aparece ninguno. Es cosa de todos los días”, asegura un usuario apostado sobre la Avda. Eusebio Ayala.
Y agrega que “incluso si vienen dos en carrera uno tras otro, a veces ni ya nos alzan”.
La misma odisea se repite en varios puntos de la ciudad. Las largas esperas también son frecuentes cuando el colectivo sufre un desperfecto y el pasajero se ve obligado a descender y, lo que es peor, esperar la siguiente unidad de la misma línea, porque la devolución del costo del pasaje es lo que odian hacer los choferes.
Todo esto se recrudece en días feriados, cuando la cantidad de unidades que salen a las calles es mínima.
La gran cantidad de accidentes de tránsito provocados o protagonizados por colectivos, muchos con saldos fatales, tienen sus causas en desperfectos mecánicos (buses obsoletos) y la falla humana (irresponsabilidad de los conductores).
Toda esta situación también repercute en el tráfico, cuando no se respetan las reglamentaciones de tránsito y la obligatoriedad de sacar a las calles unidades en mejores condiciones técnicas.
La falta de un centro de control de los cruces semafóricos hace que las calles resulten cortas e insuficientes para garantizar fluidez.
En un recorrido realizado el viernes cerca del mediodía por las Avdas. Artigas, la Ruta Transchaco, Aviadores del Chaco, Mariscal López, Madame Lynch, Eusebio Ayala y Félix Bogado, se pudo constatar que una solitaria agente de la Policía Municipal Tránsito (PMT) dirigía el congestionado flujo vehicular en Eusebio Ayala y Tte. López. Otro PMT se encontraba en Cacique Lambaré casi Juan Manuel Iturbe, frente al colegio Guttemberg. En las demás arterias, nada.
Entonces, a primera vista, para empezar a resolver el problema del tránsito es urgente que las autoridades contraten más agentes y hagan cumplir las disposiciones y reglamentaciones.
