El desafío para América Latina es sumar fuerzas para ayudar a este país a salir del atolladero. Paraguay también puede hacer mucho para estar cerca de un pueblo digno.
Las cifras que reflejan la situación en Haití son pavorosas: 98 por ciento de deforestación, 98,7 por ciento de desempleo, 400.000 personas viviendo en condiciones infrahumanas en campamentos, 80 por ciento de la población sin acceso a agua potable, el sistema escolar público absorbe a apenas el 20 por ciento de la población escolar mientras que el porcentaje restante recibe instrucción en escuelas controladas por centros religiosos diversos.
La historia de Haití es particularmente trágica; fue el primer país en América Latina en obtener su independencia, el 1 de enero de 1804, luego de librar grandes batallas contra el ejército napoleónico.
Francia impuso un alto precio a la osadía de sus antiguos esclavos: 150 millones de francos-oro en concepto de indemnizaciones, esta cifra equivaldría hoy día a 21.000 millones de dólares. Para comparar, Estados Unidos pagó 80 millones de francos – oro a Napoleón por la compra del territorio de Luisiana con una superficie de dos millones de kilómetros cuadrados.
Haití ocupa 100 veces menos que esta superficie y tuvo que pagar el doble por una indemnización impuesta por un imperio colonial. En el año 1948 se terminó de abonar esta suma a París, casi 150 años después de obtener su independencia.
La osadía de buscar la libertad tuvo un alto precio para esclavos que fueron hombres libres en África pero que fueron arrancados de sus hogares para venir a trabajar en plantaciones de azúcar.
Siguen siendo esclavos
La esclavitud no terminó en Haití. El látigo fue reemplazado por la miseria, y la libertad no es otra cosa sino una utopía en manos de caudillos incapaces de buscar una salida al atolladero en que se encuentra el país.
La Policía Nacional de Haití tiene a las agresiones sexuales y a la violencia doméstica como su principal problema. La dignidad de una mujer apenas si tiene valor. Es absolutamente común que los hombres golpeen a sus mujeres. Naciones Unidas tiene tres campamentos de desplazados bajo su control, los restantes 40 están fuera de su área de influencia, por lo tanto no pueden hacer nada dentro.
La mujer es el soporte de la economía haitiana: debe traer dinero a la casa, sin importar el origen; es responsable de salir a buscar agua en los escasos centros de provisión, esto significa caminar cuadras enteras con pesados baldes; tiene la obligación de salir a pelear en los mercados para encontrar algo de comida. Y como si fuera poco, debe soportar, con estoicismo, garroteadas.
¡Una locura! Una locura que no hace otra cosa sino reflejar un comportamiento social que sigue siendo herencia de la esclavitud a que fueron sometidos sus padres; esclavitud que hasta hoy sigue vigente.
¿Qué hacer con Haití?
América Latina puede hacer mucho por Haití, tiene una responsabilidad moral y solidaria de estar cerca de los haitianos. Y Paraguay, un país pequeño, también puede compartir el peso de esta responsabilidad.
De momento enviamos tropas, que por cierto están realizando un trabajo estupendo a través de obras de ingeniería, pero hay otras áreas en las que también se debe y se puede trabajar.
Naciones Unidas quiere retirar sus tropas del país, los países donantes soportan un gran peso al mantener 6000 soldados y 2200 policías. Haití se derrumba si Minustah abandona la isla sin dejar estructuras políticas consolidadas.
El de Haití es un pueblo digno, orgulloso en medio de sus vicisitudes. Darle la espalda en un momento crucial de su historia sería para el Paraguay olvidar su hecatombe luego de la Guerra de la Triple Alianza.
Nadie sabe qué hacer
Qué hacer con Haití es una pregunta que no tiene una respuesta única; es un país complejo, social, política y económicamente hablando, por lo tanto, las posibles soluciones no son fáciles. De momento, la comunidad internacional tomó la decisión de enviar tropas de las Naciones Unidas. La izquierda es muy afecta a señalar que existe una ocupación mientras que la derecha prefiere cerrar los ojos mientras exista una tranquilidad relativa en el país. Ambas posturas son falsas: Haití no está ocupada militarmente y la opción armada no es válida sin un componente social.
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