El ejercicio del periodismo en la frontera de México con EE.UU. tiene un precio muy alto y en demasiadas ocasiones el reportero lo paga con su vida en medio de la inseguridad y la violencia que siembra el narcotráfico, según lo relatado ayer por el colega norteamericano Alfredo Corchado, del "Dallas Morning News".
Corchado, cuya visita al país corre por cuenta de la Embajada estadounidense, habló ayer con periodistas de nuestro diario sobre lo que es el trabajo de prensa en una zona de riesgo y los cuidados que los profesionales deberían adoptar.
Según su currículum, él cubre bajo riesgos extremos acontecimientos en sitios como Ciudad Juárez, considerado uno de los lugares más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.
La exposición de Corchado generó luego una prolongada sucesión de preguntas y respuestas, principalmente sobre cómo ha hecho para seguir con vida hasta hoy y también acerca de cuestiones más profundas referidas al sentido que puede tener hacer periodismo en esas condiciones.
Dejar testimonio y registro de los hechos, los muertos, los posibles culpables y las circunstancias son suficientes razones para seguir con esa labor, sostuvo el colega norteamericano, de origen mexicano.
"Manual" de seguridad
Corchado, sobre la base de su experiencia, apuntó varias recomendaciones que pueden servir para estructurar una suerte de "manual" de seguridad que los periodistas pueden seguir en las zonas de riesgo.
Aconsejó coberturas en grupo, dejando de lado la tarea periodística aislada, pues el celo por la primicia o la exclusividad pierde valor en esas zonas, porque la propia supervivencia del periodista está en juego.
Para Corchado, es bueno entrenarse no solo en la realización de coberturas en áreas de riesgos, sino también en la presentación de los reportajes, fotos, etc.
El periodista debe crear "lazos de confianza" con ciertas fuentes y con los propios colegas, pues en esas zonas debe observarse con especial atención la conducta de los periodistas locales, muchos de ellos sobornados por la mafia, según el expositor.
Aconsejó también evitar la costumbre de las agendas con nombres direcciones, números de teléfono, etc., porque si las mismas caen en manos de los sicarios del narcotráfico arriesga la seguridad de esos contactos.
Las tarjetas personales deben igualmente obviar los detalles, especialmente la dirección de residencia.