La paulatina y lenta desaparición de la Zona Baja de Encarnación por el avance de las aguas del embalse de la represa de Yacyretá tiene, para sus habitantes, un significado que va más allá de la pérdida de una parte de la ciudad, de un paisaje cotidiano, de un retazo de historia. Para miles de personas implica la pérdida de toda una forma de vida que no podrá ser configurada en otro espacio y lugar.
ENCARNACION (De nuestra redacción regional). Ramona Ramírez (55), "mesitera" de la calle Capelán Molas, sostuvo que el tener que dejar este lugar para ellos significa mucho más que cambiar de sitio de trabajo. Es prácticamente dejar toda una vida, amigos y la cercanía de otros compañeros de trabajo. Indicó que lleva más de 20 años en su puesto de venta.
"Mesitero" es como se conoce a aquellos comerciantes informales que comenzaron a hacer su aparición a fines de 1980, instalando sus mesitas con mercaderías en las veredas de la Zona Baja.
"Si bien cuando nos mudemos vamos a tener nuestros propios locales en el nuevo circuito comercial, vamos a dejar de estar en la calle, vamos a extrañar esta forma de vida de todos los días. Mi vida en los últimos 20 años está aquí, porque mi casa prácticamente es solamente un dormitorio. Todos los días salimos muy temprano y volvemos muy tarde, al punto que prácticamente no conocemos a nuestros vecinos", destacó.
Recordó que sus tres hijos hicieron la primaria en la antigua Escuela Argentina, antes de que fuera reubicada en el barrio Buena Vista.
Dominga Castillo (68) hace 23 años ocupa un puesto en la vereda de la calle Molas. "Yo vivía en Buenos Aires, tengo cuatro hijos nacidos allá. Vine cuando mi mamá se enfermó y necesitaba trabajar, entonces me instalé en la mesita", dijo.
Desde entonces, la vida cotidiana de doña Dominga giró en torno a su actividad como mesitera de la Zona Baja, en una cotidianidad donde se mezclan anécdotas, la vida compartida en las necesidades, la solidaridad entre compañeros. También la comida en los carritos o en su mismo lugar de venta, la relación con los turistas, cambistas, karumbeceros y la música entremezclada de cada puesto de venta de CD.
Una de las anécdotas que ambas trabajadoras recuerdan con nitidez es el largo conflicto que mantuvieron con la intendencia municipal, durante la administración de Lorenzo Zacarías (ANR), alrededor del año 1995.
"Recordamos los enfrentamientos con los cascos azules de la policía", sostiene Graciela. "Fue una lucha larga, pero no les teníamos miedo. En esa época no podíamos instalar nuestras mesitas, y teníamos que recorres las calles con nuestros canastos de mercaderías en los brazos", dijo Castillo.
Finalmente, el conflicto fue superado con la asunción del nuevo intendente, Emilio Oriol Acosta (ANR).
La joven Fátima Arenas, hija de un matrimonio de comerciantes que lleva más de 40 años en la zona a escasa media cuadra de lo que era el edificio de la Aduana, también habló de la situación. "La sensación ante el hecho de tener que dejar la Zona Baja es difícil de explicar", sostuvo. "Siento mucha impotencia, mucha incertidumbre ante el avance del agua, ante la precariedad en que estamos, inundados de agua, de mal olor, en medio de todo tipo de precariedades", indicó.
"También hay mucha sensación de impotencia ante tantos años de esfuerzo de mis padres que quedan en la nada", sostiene.
Antigua Villa Baja
La denominación antiguamente conocida como Villa Baja guarda relación con la configuración geográfica del centro urbano, donde se distingue perfectamente la zona de la llamada "zona alta". Fue un vecindario que surgió en torno al puerto de lanchas que operaba entre Encarnación y Posadas (Argentina) y era el único medio de comunicación en la fluida relación con la ciudad de Posadas (Argentina).
Más tarde se sumó el ferry-boat, que desde el puerto de Pacu Cua conectaba al sistema ferroviario nacional con el de Argentina, y permitía el cruce de vehículos particulares.
La llegada de los primeros comerciantes de origen libanés, hace más de 100 años, le dio un nuevo impulso a la actividad comercial, y prácticamente estableció las bases para el tipo de comercio fronterizo que se hizo parte de la tradición entre ambas orillas.
Una pista de la importancia comercial de esta parte de la ciudad es la presencia majestuosa del antiguo edificio del Correo paraguayo, que originalmente fue sede del primer banco extranjero instalado en la zona, el Banco Mercantil, de capital argentino, en las primeras décadas del 1900.
Este edificio, ubicado sobre la calle Molas, es uno de los pocos que sobrevivió al ciclón del 20 de septiembre de 1929, que arrasó con la Zona Baja, pero no podrá sobrevivir al avance de las obras de Yacyretá.
El origen de la ciudad de Encarnación prácticamente se encuentra en la Zona Baja. Aquí surgieron emblemáticas instituciones, como el bar Tokio, el club 22 de Septiembre, el Centro del Comercio, el Centro Social, la Liga Encarnacena, los carnavales encarnacenos, por citar solo algunas. Fue el epicentro de la vida social y económica de la ciudad.