Blue no lo sabe, pero su especie está casi en extinción y hacia el 2000, incluso, ya habían dado por desaparecidas a especies similares, pero luego nacieron algunos ejemplares en cautiverio y renació la esperanza. Él fue encontrado el año pasado, muy joven, según cuentan sus cuidadores, en un sitio comercial de la capital del país y, luego, fue rescatado por autoridades del ambiente y llevado a finales de febrero del 2018 a la reserva de Atinguy, situada a 12 km del pórtico de entrada a la ciudad de Ayolas, sobre la ruta que lleva a San Cosme y Damián.
Decir “él” es por ahora solo una referencia eventual, pues todavía no se sabe a ciencias ciertas si es macho o hembra. Para conocer ese dato, debe hacerse un análisis de ADN y están esperando la próxima venida de especialistas brasileños de una universidad de São Paulo, que junto con la Universidad Nacional de Asunción (UNA), y gracias a un acuerdo, colaboran en este tipo de trabajos con el Refugio Ecológico Atinguy, que pertenece a la Entidad Binacional Yacyretá, explicaron los guías del lugar.
Lloviznaba a ratos el día de la visita, y sorprendió una “construcción” de lianas, tacuarillas y otras ramas y troncos casi a la entrada al sitio de las jaulas de animales, cerca del lugar en el que descansan y comen los funcionarios de la reserva. En ese “espacio”, que parece un minirrefugio, pero abierto, casi un lugar de “juegos” para alguna especie, no había sin embargo ninguna ave o mono en ese momento, como uno esperaría ver. Preguntada la guía de turno, contó que lo hicieron para que un guacamayo azul, que ha sido adoptado casi como la mascota de la reserva, pueda tener un sitio propio y se pueda ir adaptando de nuevo a su hábitat natural.
“Pasa que es muy sociable, le gusta estar con la gente, pero hasta cierto punto, porque mucho contacto también le estresa. No va al bosque como los demás guacamayos (Blue es el único azul; los demás de la reserva son amarillos y rojos). Entonces, anda con los guías y de vez en cuando le mostramos a la gente. Ahora tiene ese lugar”, dice la profesional a los visitantes y, luego, accede a traer al colorido personaje.
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Blue estaba en el comedor, acompañando a los técnicos que a esas horas de la siesta estaban almorzando. Aparece en todo su esplendor a hombros de una de sus cuidadoras. Es tan amigable que toma la iniciativa para pasar a recorrer el brazo extendido de una de las visitas y se para cerca de la cabeza. La guía avisa que a Blue le gustan las cosas brillantes, por lo que hay que cuidar los aros y botones. Es muy tranquilo y guarda mucho silencio, aunque a ratos se le escucha “hablar” muy bajito, como para no molestar. “Hace barullos, pero no pronuncia palabras”, aclaran las guías.
Blue es una hermosa ave, pero lastimosamente puede ser una de las últimas de su especie. Por ahora tiene cierta seguridad en Atinguy, y ojalá tenga también el tiempo suficiente hasta que pueda formar pareja y reproducirse.
• Fotos ABC Color/Jorge Benítez Cabral/Gentileza/Óscar Rivet.
