Una entidad filantrópica
En mayo de 1869 se instaló en Asunción, bajo los auspicios del Gran Oriente del Brasil, una logia masónica llamada Fe.
En esos días llegaban a Asunción centenares de ciudadanos hambrientos y debilitados, como consecuencia de la Guerra contra la Tríplice. Para subsanar las peripecias vividas por esta pobre gente, los miembros de la mencionada logia fundaron un asilo que llegó a atender a más de 2000 personas y prestó auxilios para rescatar numerosas familias cautivas en poder de indígenas kaygua.
Cuando se declaró una terrible epidemia, los miembros de dicha logia pusieron a disposición de los damnificados los fondos de su tesorería.
Para administrar la ciudad
El 16 de febrero de 1872 se creó por ley la Junta Económica-Administrativa de la ciudad de Asunción.
El 21 de marzo siguiente fueron nombrados para integrarla los señores Máximo Alcorta, presidente, y Francisco Guanes y Antonio Decoud, vocales (titular y suplente).
Unos días antes, el 13 de marzo se asignaron a la Junta los siguientes funcionarios: un secretario, un tenedor de libros, un inspector y un portero.
Si bien la municipalidad de la capital fue establecida en 1883, la Intendencia Municipal recién se creó el 8 de marzo de 1891 y el primer intendente municipal fue el ciudadano francés Francisco Casabianca, quien estuvo en el cargo desde el 9 de marzo de 1891 hasta el 3 de julio de 1892.
Desde entonces, más de 60 ciudadanos tomaron el cargo de intendente municipal, de entre los cuales dos exintendentes, Eduardo Schaerer y Felipe Molas López, ocuparon la silla presidencial del país y 24 llegaron a cargos en el gabinete ministerial.
De todas las actividades fueron intendentes de la ciudad, arquitectos, ingenieros, abogados, médicos, periodistas, militares y dos poetas: Francisco Luis Bareiro y Juan Emiliano O’Leary.
La visita de Halley
Según cuenta en sus memorias el coronel Arturo Bray, el cometa Halley se avistó por primera vez en la madrugada de 1910.
“El espectáculo era de verdad fascinante”, recuerda. “La cola del astro cubría casi todo el firmamento con luz centelleante y flamígera (…). La gente trepada a tejados y azoteas, se pasaba horas en mudo éxtasis ante aquella visión”.
En vez de gozar del privilegio de verlo, algunos consideraban al visitante celestial como algo funesto y, ante la creencia de la proximidad de un “fin del mundo”, en esos días, “más nutrida que nunca tornose la concurrencia a templos, capillas y oratorios”.
Descripción física
Según don Héctor Varela, periodista argentino, la concubina del mariscal López era de estatura alta, de “flexible y delicado talle, hermosa y voluptuosamente contorneadas sus formas, apenas velada por tul de blanco humillado ante el alabastrino de su cutis terso y limpio, como si ráfagas ninguna la hubiesen besado, jamás en sus juguetes; sus ojos, de un azul que parecía robado a los matices del cielo, tenía esa expresión inefable en cuyas ondas de luz parece que debiera flotar eternamente Cupido, bebiendo la dicha y el amor; no era del todo pequeña su boca, pero en sus labios vagaba esa expresión indescriptible de la voluptuosidad que se adivina o presiente al verlos húmedos, como si con ese rocío etéreo quisiese Dios adormecer el fuego de ciertas bocas convertidas en copas de deleite, en los festines de la pasión ardiente.
Eran sus manos pequeñas, largos sus dedos, perfectamente contorneadas sus uñas y cuidadas con ese delicado esmero que es para algunas mujeres el culto de su toilette y una religión de su vida”.
El origen de Mbuyapey
El pueblo de Mbuyapey, en el departamento de Paraguarí, se originó en la capilla estanciera de don José del Rosario Ayala, quien a principios del siglo XIX compró grandes extensiones de tierra.
En 1888, el jefe político del lugar, don Demetrio Ayala, solicitó el traslado del pueblo –que se llevó a cabo un año después– a un lugar adecuado sobre el camino de Caazapá a Paraguarí, donde se construyó una nueva iglesia de estaqueo y adobe, que fue derribada en 1937 para construir la actual.