La noticia publicada el 2 de enero de 1979 en ABC Color con el título de “El varón del taxi” da cuenta de que en pleno viaje, a las 09:45 de la mañana, nació el hijo de Cantalicia Vega y Agustín Orzúzar a bordo de un taxi en el que iban rumbo a la Cruz Roja Paraguaya.
Este 2020, Ángel cumple 41 años convertido en un exitoso médico veterinario y licenciado en administración agraria, amante del campo, con 18 años de labor en el Chaco. Está casado con Leticia Cabañas y tiene dos preciosas hijas: Viviana Jazmín, de 8 años, y Diana Ayelén, de 4. “Soy la única oveja negra de la familia que salió trabajando en el campo”, dice con gracia al sostener: “Vivo de eso y me apasiona. Soy un enamorado del campo con las desazones que suele dar, porque es un trabajo muy sacrificado, pero tiene su recompensa”.
–¿Cuándo te enteraste de que habías nacido en un taxi?
–Habrá sido a los seis o siete años, cuando empecé a tener uso de razón. Me contó mamá. Sí recuerdo las anécdotas que fueron surgiendo a medida que yo iba haciendo travesuras de chiquito. Del día de mi nacimiento no me acuerdo, bromea.
De niño, para Ángel, su cumpleaños nunca pasaba desapercibido porque todo el mundo lo festejaba: “A medida que fui creciendo notaba que la gente a veces olvidaba que era mi cumpleaños y no me traía regalos. De hecho, es un cumpleaños atípico y muchos me felicitan, pero no sé si es por el Año Nuevo o por el nuevo año que cumplo. También me decían que tenía una gran ventaja festejar en Año Nuevo porque se gastaba menos”.
Quienes no olvidan el cumpleaños muy especial son los familiares, amigos y compañeros al retribuirle con un afectuoso: “¡Felicidades, doble!”.
Camino al hospital
La zona entre Fernando de la Mora y San Lorenzo, donde vive la familia, estaba poco habitada aún, pero siempre lindaba con el inmenso predio del campus de la Universidad Nacional de Asunción.
Aquel primer día del 79 doña Cantalicia (72) se levantó muy temprano como siempre y empezó a ordeñar sus vacas. “Teníamos en un galpón, aquí mismo, cinco vacas. Llegué a ordeñar tres y... cuando iba a pasar a la cuarta lechera empecé a sentirme mal porque rompí bolsa”.
Apenas tuvo tiempo de decirle al marido “me siento mal, yo ya me voy al hospital”. No imaginaba que la cigüeña ya vendría porque la estaban esperando para después de Reyes. “Me lavé la cabeza, me di un baño y salí caminando hacia la ruta a esperar un colectivo. Ni una mosca volaba por la calle y, por suerte, en un rato apareció un colectivo de la línea 20. Llegué solita a la Maternidad del Hospital de Clínicas”.
Para sorpresa de la parturienta, la doctora que la atendió le dijo que fuera urgente a la Cruz Roja porque su embarazo era de alto riesgo y necesitaba una cesárea cuanto antes. Se sobresaltó aún más, pues desde el tercer día de embarazo había seguido allí su tratamiento. Su última consulta había sido el 30 de diciembre y le dijeron que todo estaba en orden.
En eso ya llegó el marido, quien la había seguido y al enterarse de la situación buscó un taxi para el traslado. Apareció un señor bastante mayor y emprendieron viaje. En el camino, antes de alcanzar la Cruz Roja, se dejó escuchar el llanto del bebé que sorprendió a todos.
“El taxista nos ayudó bastante, entró volando a la Cruz Roja para alertar a los doctores. Todos salieron corriendo para auxiliarme, cortaron el cordón umbilical y le alzaron al bebé de las patitas, como se suele hacer con los pollos. Allí miré y vi sus huevitos y supe que era un varón”.
En esa época no había ecografías que indicaran el sexo. “Yo no sabía si esperaba un varón o una nena, pero una hermana me dijo que iba a ser varón por la forma de mi panza”, recuerda doña Cantalicia al mencionar que olvidaron el bolso con ropitas en el ropero. Se preparaban colores neutros y no existía pañalín, todo era de tela.
Felicidad y sobresaltos
Fue un año nuevo de felicidad y sobresaltos. “No sentí nada raro, pero me asusté mucho al abordar el taxi. Al final, la necesidad de cesárea quedó atrás y el bebé nació de lo más normal en el camino. En la Cruz Roja todos se pusieron contentos y me dijeron que era muy guapa y que iba a salir pronto de alta”.
La parturienta apenas estuvo 24 horas internada. Al día siguiente ya estaba en su casa con Ángel, el nuevo integrante de la familia, llamado así en agradecimiento al taxista que tenía ese nombre –y que incluso se ofreció a ser el padrino de bautismo–, y para honrar al abuelo materno, que coincidentemente también se llamaba Ángel.
“Yo finalmente no quise que el taxista le alzara a mi hijo porque ya estaba muy viejito y quería que mi nene le conociera a su padrino mientras crecía”, memora la mamá.
El papá, Agustín Orzúzar (80), también se acuerda de aquel día, aunque no con tantos detalles como la esposa: “Fue una cuestión muy difícil y un poco rara. La patrona seguía tratamiento en la Maternidad desde los primeros tiempos. Mis dos hijas mayores nacieron de lo más normal”.
Todavía hoy considera que en Clínicas aquella vez actuaron incorrectamente al indicarles que el bebé debía nacer por cesárea. “Tal vez por el Año Nuevo mismo, no había mucho movimiento y ellos no tenían los medios, ni siquiera nos mandaron en ambulancia a la Cruz Roja”.
Luego del alumbramiento, don Agustín se ocupó de ayudar al conductor a limpiar el taxi y perfumar de nuevo todo para que quedara impecable. Se llamaba Ángel Ayala Araújo y prestaba servicios en la Parada 17 de la Avda. Carlos A. López y Colón.
Según la crónica publicada en ABC Color, el taxista relató que fue llamado por teléfono estando en la parada porque requerían sus servicios en Clínicas: “Allí subió una pareja, pidieron ir la Cruz Roja; enseguida noté que la mujer estaba muy enferma, sudaba y sentía dolor. Recorrí a velocidad las poco transitadas calles de la ciudad y al cruzar el semáforo de la Avda. España y Estados Unidos, la mujer lanzó un grito y se extendió en el asiento trasero; segundos después, al trasponer el portón de la Cruz Roja, la misma dio a luz un varoncito ante el asombro mío y de su acompañante”, había declarado.
¿Fue un gran susto, don Agustín? “Susto no, más bien me vi en apuros. Era un poco raro todo lo que nos pasó. Yo le dije al taxista agradeciéndole: qué bien que este sea un varón del taxi”.
El apellido Orzúzar no es muy común, es originario del País Vasco y en Paraguay se habría afincado en Carapeguá. En el seno de la familia, la historia del nacimiento en el taxi no es ningún secreto y son cosas de la vida. “Les pasa a muchas personas. Sobre todo con la situación de nuestros hospitales. Como era el día de Año Nuevo había un silencio total después de la farra. Los médicos de guardia no estaban, péva la asunto hína”, dice en tono de crítica Agustín Orzúzar.
Doña Cantalicia nunca llamó a su hijo “el varón del taxi”, pero como los vecinos sabían de la historia que se había publicado le tuvo que comentar lo que había pasado. “Mi hijo es una persona muy tranquila. Yo siempre le digo que él es muy guapo y travieso porque nació muy pronto, no se hizo esperar y es un hombre apurado”.
Su bautismo fue a los cuatro años. Ya era un poco inquieto, no se quedaba en brazos de la madrina. En una de esas, la tomó del escotado vestido y le hizo saltar los senos para afuera para sobresalto del sacerdote. “Creo que el pa’i miró más eso y se distrajo aún más”, cuenta sonriendo.
El mitâ pahague tiene dos hermanas mayores, Irma y Olga. Creció lleno de afecto y en cada Año Nuevo celebran su cumpleaños con mucha algarabía. Se juntan los festejos y el brindis de dos nuevas etapas que siempre comienzan al mismo tiempo. A veces no pueden estar los tres hermanos juntos, porque “somos un poco nómadas, nos vamos mucho hacia el campo, uno por aquí y otro para allá”, dice Olga Orzúzar.
“Cada año tratamos de estar todos juntos para pasar las fiestas en familia. A veces me veo obligado a quedarme en el Chaco porque llueve y se dificulta llegar a Asunción. Pero lo importante es siempre estar rodeado de la familia, amigos y compañeros”, asegura Ángel.
La página del diario con la noticia la guarda la familia en el baúl de los recuerdos. Cuando Ángel comentó la vivencia y leyó a sus hijas la crónica de su nacimiento en aquel taxi en forma apurada, las niñas sorprendidas replicaron: “¿En serio naciste en un taxi, papá?”. La anécdota llena de felicidad volverá a aflorar este 1 de enero de 2020 cuando compartan otro cumpleaños tan especial ¡por partida doble!
• Fotos ABC Color/Gustavo Machado/Arcenio Acuña/Archivo/Gentileza.
