La razón
“El hombre que escucha la razón está perdido. La razón esclaviza a todos los que no son bastante fuertes para dominarla”.
George Bernard Shaw
(1856-1950), escritor irlandés.
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“El que quiera tener razón y habla solo, de seguro logrará su objetivo”.
Goethe
(1749-1832), poeta y dramaturgo alemán.
“La razón no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”.
León Tolstoi
(1828-1910), escritor ruso.
“La razón no se salvará sin la fe, pero la fe sin la razón no será humana”.
Benedicto XVI
(1927), Papa de la Iglesia católica.
Cicerón: la fuerza de la razón
Considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín, magnífico orador y político, con una sólida formación jurídica en Roma y de filosofía en Grecia, Marco Tulio Cicerón es uno de los personajes clave de toda la herencia cultural de la Antigüedad. Su fama inicial se debió a su brillantez como abogado en el Foro, defendía casos en los que la alta política estaba siempre presente, lo cual le supuso buenos contactos para iniciar una ascendente carrera a pesar de ser un provinciano sin antecesores de importancia. Así, pudo ir escalando peldaño a peldaño todos los puestos que forman el currículo de un romano bien situado hasta alcanzar el Senado.
En el año 63 fue elegido cónsul y su mayor momento de gloria se debió al descubrimiento de una conspiración protagonizada por su rival Lucio Sergio Catilina, quien, de acuerdo con Cicerón, proponía la destrucción de la República. Aunque sus discursos fueron de una elocuencia sin par, según algunos esta afirmación fue exagerada y después le valió el exilio, dado que desestimaron su acusación.
Si bien no intervino en el asesinato de César, Cicerón se alineó con los conspiradores, lo cual acabó colocándole en la lista de proscritos elaborada por Marco Antonio, quien, tras su alianza con Octavio, lo condenó a una muerte violenta en el año 43 a. C.
La fama de Cicerón se debe, principalmente, a su brillantez como orador y político: famosos son sus discursos en defensa de numerosos casos difíciles, muchos de los cuales aún se conservan completos, entre los que destaca el de C. Verres, en el que participó como abogado de la acusación.
Sus Verrinas siguen siendo una obra maestra del discurso jurídico y de recopilación de datos para el sumario. Otros discursos tienen un contenido a favor de determinadas leyes, casi siempre en apoyo de las medidas que promovían los partidarios de leyes o ayudaban a este en su escalada política, hasta su culminación en la obra De legibus (Sobre las leyes).
Fuentes: https://www.muyhistoria.es/ / https://www.quien.net/ /
