La medida de aislamiento total dispuesta por el Gobierno nacional, obligada por la pandemia, solo tiene un antecedente –aunque por otros motivos– durante la época del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, cuando quiso volver autosustentable al país. Ahora la causa y la meta son otras: ganar tiempo para entrenar y equipar a quienes estarán en la primera línea de la batalla.
A sus 41 años, el doctor Guillermo Sequera Buzarquis, quien nos recibió en su oficina ministerial de la Dirección de Vigilancia de la Salud, ha pasado del campo hospitalario desde la misma medicina interna, la terapia intensiva, el tratamiento de enfermedades infecciosas, medicina preventiva con énfasis en vacunología hasta recalar en la epidemiología, donde su presencia es vital.
La experiencia le fue abriendo observaciones sobre los aspectos de la salud –enfermedades con enfoque intra y extrahospitalario o de la comunidad–. A su criterio, es imprescindible entender estos problemas desde los determinantes sociales, inequidades y desigualdades en salud, modelos y sistemas de gestión sanitaria, aristas que ayudan a complementar todo enfoque de investigación desde una perspectiva de salud pública.
Vigilancia es la dirección responsable de advertirnos, con meses de anticipación, sobre enfermedades como la última epidemia del dengue, una de las más grandes de nuestro país en décadas y, en el covid-19, de asumir el riesgo de adelantarse a todos en la región en tomar medidas preventivas y de aislamiento, incluso más estrictas que las propuestas por la Organización Mundial de la Salud.
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Los exagerados del Mercosur
¿Cómo empezó todo? El 19 de febrero se realizó en Brasil una reunión de autoridades sanitarias sobre dengue, sarampión y covid-19. “Covid no era muy importante entonces, era un tema de segundo plano. El motivo principal fue dengue, que estaba explotando en nuestro país, empezando en Argentina y estalla en Buenos Aires y Brasil, que ya están acostumbrados a las superepidemias”, empieza relatando Sequera.
Se veía venir un panorama sombrío para este año en materia de salud. “Veía mi año 2020 en el horizonte, pensando en qué va a ocurrir, y ya me decía a mí mismo: ‘¡Nde!, se viene un brote de sarampión, de fiebre amarilla, porque hay importantes brotes en Brasil y Argentina’. Creí que los primeros casos se iban a presentar a la vuelta de las vacaciones. Esos eran los peligros epidemiológicos que esperaba se presenten este año, junto con el dengue, que batió todos los récords, con 30.000 semanales. En 2013, en que murió tanta gente, solo hubo 6.000 casos por semana”.
En esa reunión se habló de la preparación frente al covid-19, todavía sin ningún caso registrado en la región. “Qué se está haciendo en los aeropuertos fue un tema o cómo están haciendo con los extranjeros, y allí el Paraguay era el exagerado. Se rio de mí mi par de Brasil, encima es mi socio. En ese momento, nos dijeron que el Paraguay puede hacer eso (llevar a cuarentena a los viajeros) porque no arribaba mucha gente a Asunción, pero de igual modo lo consideraban una medida bastante sobredimensionada".
Para esa fecha (19 de febrero), nuestro país ya había cancelado visas a China; antes de eso, los que venían de China, norte de Italia y Corea ya iban a una cuarentena por 14 días. “Mi pregunta para las autoridades del Mercosur fue cómo hacen con los pasajeros que vienen del norte de Italia, y el único mecanismo que hacían era el de brindar una tarjeta a las personas para que se comuniquen cuando tengan síntomas. Por eso, nos miraron como extraterrestres. Esta decisión también representó un problema con Cancillería, que pedía que relajemos un poco esa disposición”, recuerda el médico.
Las presiones estaban en el orden del día: “Desde las embajadas afectadas preguntaban por qué somos tan exagerados, ya que ningún país estaba tomando ese tipo de medidas. Nosotros le sacamos la visa a China, país con el que no tenemos embajada, y esa no era recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). De hecho no sugiere tomar esas medidas muy drásticas, por lo cual tuvimos que enviar una carta explicando nuestros motivos como Ministerio de Salud”.
Tensiones diplomáticas
A fines de febrero se hacía más difícil controlar a los pasajeros porque los casos de covid-19 también ya se presentaban en España, Francia, Estados Unidos y Brasil. “Ya no se podía implementar un protocolo muy estricto para todos. Entonces, con la aparición del primer caso confirmado de covid-19, aquel sábado 7 de marzo, y el segundo caso, el lunes 9 de marzo, nos dimos cuenta de que eran personas que vinieron de países donde no tenían reportes de circulación comunitaria del virus: Ecuador y Argentina, respectivamente. También fue un problema diplomático. Hubo mucha tensión porque nosotros le avisamos a las autoridades de Ecuador que tenían circulación comunitaria, mientras ellos sostenían que estaba todo controlado. La ministra de Salud de Ecuador (destituida luego) se comunicó con el ministro Julio Mazzoleni para reclamarle. Todo fue muy tenso. Encima, el paciente que fue a visitar a sus parientes a Guayaquil nos dijo que no había salido mucho”, sigue contando.
El segundo que fue el primero
En cuanto al segundo paciente confirmado, proveniente de Argentina, realmente fue el primer caso, pero recién fue detectado por el Ministerio de Salud unos 15 días después de haber ingresado al país: “Él había venido de una Argentina que tenía poquísimos casos. Había ingresado entre el 26 y 27 de febrero, pero recién el 10 de marzo se le hizo la prueba. Tuvo un trayecto con mucha gente, por venir en colectivo, y por eso contagió bastante. Después ya estuvo en terapia, donde el doctor José Fusillo fue uno de los neumólogos tratantes que alertó para la prueba del covid-19, que dio positivo. Esa noche fue casi sin dormir, porque estábamos nuevamente ante un caso que viene de un país sin circulación comunitaria. Antes que echar la culpa a los países que no se dieron cuenta de lo que estaba pasando, nosotros asumimos que probablemente Paraguay también ya tenía circulación comunitaria y debíamos actuar en consecuencia”.
El momento decisivo
Todo el equipo de la Dirección de Vigilancia de la Salud, integrado por los doctores Hernán Rodríguez, Águeda Cabello Sarubbi, Marta von Horoch y Andrea Ojeda, del Centro Nacional de Enlace, quien se comunicaba con las autoridades de Argentina y Ecuador, se puso en campaña para ubicar al ministro esa misma noche: “Decidimos comunicarle, justo el día del cumpleaños de su señora. Al principio, no nos atendía, pero por suerte el doctor Juan Carlos Portillo estaba con él y le dimos el pronóstico. Después ya nos reunimos con varios miembros del Gabinete de Presidencia, con la decisión de Vigilancia de ir a cuarentena”.
Convencer a los responsables del gabinete fue difícil porque, para ellos, “solo eran dos casos y necesitaban pruebas de que ya teníamos circulación comunitaria para tomar la medida de aislamiento”.
Sequera sigue comentando que “el protocolo decía que debía haber casos comunitarios confirmados sin nexo, incluso se comunicaron con Washington, pero lo que realmente les convenció, para salir del protocolo, fue el hecho de que estábamos saliendo de una de las mayores epidemias de dengue, y que tenemos todo un sistema de salud estresado, saturado, que ya es precario. Estábamos como Italia en este momento, y empezar así otra epidemia, donde tenemos que decidir quién va a morir ya era demasiado. Presentarnos a otra batalla tras el dengue, como mínimo íbamos a salir perdiendo lejos”.
Otra cuestión gravitante para la Presidencia fue la situación del personal de blanco. “Les dijimos que si no paramos ahora la pelota y rompemos un poco el protocolo, los que van a caer primero son los médicos y enfermeros, que van a atender casos respiratorios sin la protección, porque nadie estaba preparado. Debíamos parar todo, equiparnos y alistarnos mentalmente para la guerra, y todo paciente que llegue a consulta con cuadros respiratorios, ya sea manejado como caso confirmado de covid-19. Así fue que aceptaron llevar adelante la cuarentena. En el Chaco argentino, el 50% de los infectados es personal de blanco. Haber sido drásticos desde el inicio está dando sus frutos ahora, en que sea lento el contagio.
Planes que pueden cambiar
Los escenarios que maneja el Ministerio ahora son tres para este año. Del más terrible –en que el ministro Julio Mazzoleni adelantó que pudo haber provocado 15.000 muertes– ya nos estamos alejando. “Todos los planes están movibles, pero cada semana las proyecciones que podemos hacer son más acertadas. Vemos lo que ocurre en otros países, tenemos mucho apoyo de investigadores nacionales, que son muy útiles con modelos matemáticos. Cada escenario activa un plan diferente. Lo básico es tener tres: del peor (ya citado), después hay un escenario intermedio y otro menor, que puede ser parecido a la influenza. Las previsiones ya no son muy caóticas en otros países. Se reduce a medida que se va manejando mejor la pandemia. Lo que sí es preocupante es tener un sistema de salud frágil que se sature, como en Ecuador. Esas muertes que se ven por las calles no es tanto por el covid-19, sino gente que muere por otras patologías porque no tienen dónde atenderse, no tienen personal que busquen los cuerpos y todo el mundo está con miedo. No es tanto el covid-19, sino sus efectos colaterales y a eso no tenemos que llegar, porque antes de que venga esta pandemia las cifras de fallecidos por distintas patologías era de 2.500 personas por mes, 30.000 muertes al año. Por efecto del covid-19 y las medidas de higiene y aislamiento estoy seguro de que va a morir menos gente”.
Las cuatro olas
El covid-19 tiene cuatro olas de impacto. La primera es la cantidad de enfermos y fallecidos por el propio virus; la segunda son los fallecimientos por diversas patologías que se desatendieron por la epidemia; la tercera ola son las muertes debidas a que el sistema está saturado y la cuarta tiene relación con la salud mental. Tanto la pandemia como el aislamiento generan mucho estrés. Además agrava el desgaste del personal sanitario que está trabajando sin descanso desde la epidemia del dengue.
“El personal de blanco está sumamente estresado, está ante una nueva epidemia, con incertidumbre, sin tratamiento fijo, porque cada 15 días puede cambiar. Con esta manera de tratar a la gente, si estuviéramos en condiciones normales, nos vamos presos, pero se está permitiendo porque se trata de una epidemia nueva, donde hay que ser claros, se está experimentando todo”, sostiene.
Vacunas y conspiración
Sobre las vacunas, explica el doctor Sequera, que aún nada está definido y en cuanto a las hipótesis de conspiración, de que se trata de un virus de laboratorio, responde que son abordajes muy seductores. “Las vacunas recién podrán ser un hecho como mínimo dentro de año y medio, tras superar el tiempo de pruebas de manera satisfactoria y en cuanto a las hipótesis que son muy seductoras, puedo decir que, según entendidos virógolos que hicieron estudios genéticos, por lo menos en los que yo confío, hablan de que no existe manipulación genética en las características del virus”.
Sequera agrega que no puede del todo responsabilizar a China por lo que se le acusa, pero hay detalles que no cierran. “Me molesta de China que cuando el virus solamente estaba en el país, no parecían muchos los números de casos y mortalidad, y después en muy poco tiempo explotó la cifra de infectados en Estados Unidos y en Europa. China dice que solo tuvo 80.000 casos, pero en el mundo hay más de dos millones y medio de casos confirmados, y en la Tierra uno de cada tres es chino. Esto nos dice que allí la enfermedad fue un chiste y no es lo que está ocurriendo en otros lados. Por eso creo que no brindan toda la información”.
Un contagio controlado y no discriminación
El objetivo en Paraguay no es evitar contagios, sino que sea progresivo y controlado, que permite al sistema de salud atender con tranquilidad los casos que surjan, evitar un colapso con contagios masivos y tratar los casos graves. De eso se trata aplanar la curva. ¿Cómo se logra? Desescalando las medidas poco a poco, apuntando a los jóvenes que van a desarrollar la enfermedad leve, con un sistema de salud listo para atenderlos exclusivamente. Así, cuando se levanten todas las medidas restrictivas, vamos a tener a las personas recuperadas y con las defensas, que van a ser las murallas de protección de los más débiles, ancianos, inmunodeprimidos.
Aparte del uso de tapabocas y la higiene, otra medida es evitar la discriminación, enfatiza el doctor Sequera: “La discriminación nos va a ocultar datos y generar una lista negra de infectados de los que no nos vamos a enterar y va a provocar que circule más el virus. Todo pasa por asumir que una persona asintomática puede estar contagiando. Si vos usás tapabocas, te lavás las manos, te cuidás, no es porque te estás cuidando de los demás que pueden contagiarte, sino que vos cuidándote, estás cuidando al otro. Yo uso tapabocas por vos. Ese es el mensaje que quiero dejar a la población, porque así estamos rompiendo la barrera de discriminación, porque vos estás asumiendo que tenés el virus. Ese es el cambio de chip que necesitamos".
Minibio
Medicina preventiva
El doctor Guillermo Sequera (41) nació en Asunción, el 20 de julio de 1979. Hizo la secundaria en el Colegio Cristo Rey, obtuvo la licenciatura en Medicina en la Universidad Nacional de Asunción, luego hizo especializaciones y perfeccionamientos en Medicina Interna, Medicina Preventiva y Salud Pública, tanto en nuestro país como en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, España, convirtiéndose en máster en Salud Pública. Publicó varios artículos en revistas científicas y está muy avanzado con su doctorado en Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Barcelona sobre Epidemiología Molecular de la Tuberculosis en Paraguay.
Mis domingos...
Guillermo Sequera si tiene un día libre, prefiere dormir. Su domingo ideal consiste en disfrutar de un buen desayuno, con una gran taza de rico café, lectura a través de internet y un poco de jardinería. “Ochenta cactus por ahí tengo”, dice y también destina tiempo a cuidarlos. Durante la semana guarda links de artículos interesantes y los reserva en el bloc de notas de su smarthphone para darles lectura los domingos. Antes de la pandemia, los sábados y domingos se dedicaba a su tesis sobre tuberculosis en las prisiones. “Voy bien. Antes de que empiece este problema ya envié parte de mi investigación a una revista científica muy importante y parece que se va a aceptar”, dice con optimismo.
Fotos: ABC Color/Pedro González/Gentileza.
