La canasta mecánica

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¿PARA QUÉ SIRVE? En nuestra sociedad del rendimiento las cosas que valen son las que muestran una utilidad inmediata. ¿Qué utilidad tienen la poesía, la filosofía, la literatura, la música, la astronomía? ¿En qué me beneficia saber el nombre de las estrellas, cuál era el canto de las sirenas, el origen del Santo Grial?

Esos conocimientos llamados inútiles son aquellos que nutren el espíritu, que invitan a elegir el bien común, el respeto al prójimo, a la solidaridad, a la paz, a luchar contra la corrupción del dinero y el poder.

En su libro La Utilidad de lo Inútil, el académico italiano Nuccio Ordine señala que lo que trae beneficios para el espíritu se califica actualmente como inútil, porque no presenta provechos económicos inmediatos: “Existen saberes que son fines por sí mismos y que por su naturaleza gratuita y desinteresada, alejada de todo vínculo práctico y comercial, pueden ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de la humanidad”. Esto aparentemente inútil tiene la enorme utilidad de ayudarnos a ser mejores seres humanos.

La primera parte del ensayo de Ordine está dedicada al tema de la útil inutilidad de la literatura; la segunda, está enfocada a los desastrosos efectos provocados por la lógica del beneficio en el ámbito de la enseñanza, la investigación y las actividades culturales en general; y la tercera, aborda la voz de algunos clásicos que, durante el curso de los siglos, han mostrado la carga ilusoria de la posesión y sus implicaciones devastadoras sobre la dignidad humana, el amor y la verdad.

El cultivo y la enseñanza de la filosofía, la literatura, la ciencia, los saberes clásicos y las disciplinas artísticas constituyen, según Ordine: “el líquido amniótico ideal en el que las ideas de democracia, libertad, justicia, igualdad, derecho a la crítica, tolerancia, solidaridad, bien común, pueden experimentar un vigoroso desarrollo”.

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También dice que “la lógica del beneficio” está corroyendo en su base las instituciones: escuelas, universidades, centros de investigación, laboratorios, museos, bibliotecas, archivos, y las disciplinas humanísticas y científicas cuyo valor corresponde al saber en sí, ajeno a finalidades utilitarias e independiente de la capacidad de producir ganancias inmediatas o beneficios prácticos a corto plazo.

En el contexto del paradigma economicista que privilegia la producción y el consumo, rechazando todo lo que no sirve a la lógica utilitarista del mercado, la educación parece olvidar su propósito de cultivar humanidad (la noción es de Martha Nussbaum), y se dirige más bien a la formación de sujetos laborales aptos.

Sostiene Ordine: “En este brutal contexto, la utilidad de los saberes inútiles se contrapone radicalmente a la utilidad dominante que, en nombre de un exclusivo interés económico, mata de forma progresiva la memoria del pasado, las disciplinas humanísticas, las lenguas clásicas, la enseñanza, la libre investigación, la fantasía, el arte, el pensamiento crítico y el horizonte civil que debería inspirar toda actividad humana”.

carlafabri@abc.com.py