Medio siglo de romance con el teatro

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Año 1984. La muerte de un viajante, con Myriam Sienra.
Año 1984. La muerte de un viajante, con Myriam Sienra.GENTILEZA

Un rostro para Ana marcó el rumbo de los primeros pasos de José Luis Ardissone en el camino de su carrera teatral profesional. El 30 de abril le agrega un año más a su medio siglo sobre las tablas. Repasamos con él algunas escenas de su extensa obra y vida.

El actor, director, autor, guionista y escenógrafo José Luis Ardissone Nunes festeja 51 años de carrera sobre el escenario. Y eso si se tiene en cuenta su trayectoria profesional, porque su “romance” con el teatro se inició mucho antes. “Si me pongo a bucear en mis años de niñez, pensaría que cuando hice arrodillar a mis padres y abuelos, y yo, de cuatro años, les bendecía con una custodia pequeñita, estaba naciendo inconscientemente un actor”, memora.

Sus maestras de la escuela República Argentina se encargaron de convertirlo en el primer actor de cuanto festival escolar se llevaba a cabo. “Fui el mariscal López a los 8 años, el general San Martín a los 9, y recité decenas de poesías en cada fecha patria paraguaya o argentina. Y no puedo dejar de recordar a mis padres, que siempre me apoyaron en aquellos pininos teatrales y que me llevaban al Teatro Municipal a ver comedias y zarzuelas”, confiesa.

Más adelante, llegó el tiempo de elegir una carrera profesional. Ardissone optó por estudiar Arquitectura. Vuelve a escarbar en su niñez. Y resulta que su abuelo Carlos tenía como hobby la carpintería, y siempre había en su taller pedacitos de madera. “Con esos ‘ladrillos’ yo levantaba casas y edificios, con jardines y caminitos”.

Sin embargo, en su adolescencia pensó que el derecho era su destino, pero cuando tuvo esa disciplina como materia en 4º curso se dio cuenta de que por ahí no iba a caminar. “De a poco volvió aquella afición infantil y empecé a dibujar ‘planos’ de casas y edificios. La arquitectura sentó plaza en mi corazón, y allá fui a Río de Janeiro a concretar esa vocación”.

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El debut

Su estreno teatral profesional fue la creación de la escenografía de Un rostro para Ana, obra de Mario Halley Mora, que presentaba la Compañía de Comedias del Ateneo Paraguayo el 30 de abril de 1970. Cuatro días antes, el 26, nació Pablo, su primogénito. María Elena Sachero y Mario Prono dirigían la compañía y por sugerencia de Teresita Torcida le propusieron ser el escenógrafo: “Allí conocí a Gustavo Calderini, Rafael Arriola y Clotilde Cabral, y decidimos fundar un elenco que se llamó Grupo Gente de Teatro”.

Con ese conjunto interpretó su primer personaje, el señor Bonassola en la obra La farsa del cajero que se fue hasta la esquina, de Aurelio Ferretti. Su trabajo mereció muy buenos comentarios de Jesús Ruíz Nestosa y José Luis Appleyard. “Desde entonces nunca más dejé de actuar”, evoca. Durante diez años el Grupo Gente de Teatro fue referencia de buenas obras, hasta que en mayo de 1982, por iniciativa y fondos personales, inauguró el Arlequín Teatro. “Aquí fue fundamental el apoyo de Tessie, mi esposa, y el de mis hijos, quienes apenas adolescentes, unos, y niños, otros, dieron todo de sí para que ese sueño fuera realidad”.

La era Arlequín

Allí comenzaron a representar inolvidables obras del teatro clásico universal, como Las troyanas, Filomena Marturano, Madre Coraje y Bernarda Alba, entre otras. Pero ante la pregunta de cuál es su obra favorita, como actor, no tiene dudas en afirmar que es La muerte de un viajante. “Es la obra que quedó mejor guardada en mi memoria y mi corazón. Le siguen de cerca Caserón de añejos tiempos, Rey Lear, Galileo Galilei, El burgués gentilhombre, y paro aquí, pues si no, tendría que nombrar a todas las que tuve la suerte y placer de representar o dirigir”.

En más de medio siglo de teatro tuvo la oportunidad de dirigir y actuar en muchas obras, ¿hay alguna que siempre quiso hacer y la tiene en mente? “Los altos costos de los derechos de autor frustraron, hasta hoy, mi deseo de ser (Pablo) Picasso en una obra que lleva su nombre, y en otra titulada El padre”.

Y es casi ineludible preguntar cómo sobrellevó el 2020, un año tan atípico en lo profesional y personal. “En lo profesional siento una enorme frustración y miedo, pues la temporada quedó anulada. Nuestro programa estrella ‘Estudiantes al Teatro’ no pudo realizarse, y por lo que se ve hasta ahora parece que será igual. No olvidemos que Arlequín se mantiene con el aporte de las entradas del público, y una entidad bancaria que apoya el programa de estudiantes”, revela.

A finales del año repusieron La noche antes, y este año, ya con el aforo y los cuidados sanitarios. Para la apertura de la temporada 2021 estrenaron Los amantes de la casita azul, pero, nuevamente, entre la Semana Santa y las nuevas restricciones, se suspendieron las funciones por unos días. “Ni bien terminen las restricciones, volvemos a escena los viernes y sábados a las 20:00, y los domingos, a las 19:00”, comenta esperanzado.

Estricta cuarentena

En lo personal, José Luis Ardissone cumplió estrictamente la cuarentena. No salió ni a la vereda de su casa. “Ahora salgo un poco más, siempre con todos los cuidados; voy al supermercado y al teatro. El año pasado revisaba papeles viejos, fotos, escribía y escribo textos, que después borro; cocino, eso me levanta el espíritu, veo la tele, muy poco, charlo con Alejandra (su hija) y dos nietos que viven conmigo; en fin, trato de pasar lo más tranquilo posible, aunque tengo momentos en que quiero echarme a llorar, no solo por el encierro, sino por tanto dolor que esta pandemia está ocasionando, por la angustia en que viven muchas familias”.

Y con medio siglo de “suelas gastadas en las tablas” es imposible no hacer un balance. “Fueron años de mucho trabajo, de mucho éxito en ocasiones; de fracasos y sinsabores en otros momentos. Repetiría el eslogan de un programa de radio Cháritas de los años 50: ‘Palpitar de luces y fracasos en toda vida de artista’, resume.

¿Qué más espera de su carrera teatral? “Ver que mis hijos, y después mis nietos, continúen con el Arlequín, manteniendo la calidad y la exigencia en el repertorio que hasta ahora conseguimos mantener”. Contundente. Tal vez la arquitectura haya sentado plaza, alguna vez, en su corazón y en su vocación, pero con el tiempo, el teatro le dio un codazo y no solo sentó plaza en su corazón, sino que se adueñó también de su vocación y lo convirtió en el fundador de tres generaciones de actores.

Mis domingos...

Amante de la cocina y de la familia, sus domingos fueron y son siempre en familia. “Ahora solo con mi hija y los dos nietos, en casa; cocino yo y engalanando la mesa lo mejor posible para que, al verla, los chicos digan: ‘¡Oh, qué linda mesa!’ y que después no sobre nada de la comida, señal de que los paladares degustaron con placer mi trabajo”.

mpalacios@abc.com.py

Fotos: Archivo personal de José Luis Ardissone.