Es lo que los expertos llaman flexibilidad cognitiva, que permite cambiar de opinión y pensar en algo en más de una manera. Aunque cuesta desprogramar nuestras formas de pensar, es algo que hace mucha falta si queremos mejorar este mundo.
En las redes sociales se ven imágenes y frases grandilocuentes que pueden sonar divertidas, ingeniosas o tontas. La mayoría de ellas encierra una carga de creencias más bien rígidas, condicionantes y hasta tóxicas, al punto de ser perjudiciales para la salud mental. Tienen toda la pinta de ser bienintencionadas aunque en lo profundo subyace un dogma que varía de lo ligero a lo denso.
A la mayoría nos sucede eso de adoptar frases que nos conmueven y son como anillo al dedo de alguna circunstancia que estamos atravesando. También suele pasar que consideramos lo dicho por algún autor reconocido como una verdad absoluta. En ciertas ocasiones pude darme cuenta de que mis ideas podrían volverse intransigentes al punto de ser casi fundamentalistas. Y reconozco que no es fácil desfundamentalizar las creencias o descreencias propias.
Si enfocáramos el tema de creyentes versus agnósticos, y nos cuestionáramos en cuál de estas posturas se encuentra gente de mayor convicción moral y de comportamiento más correcto, podríamos llevarnos una sorpresa. No siempre la religiosidad es sinónimo de comportamiento ético.
Se asume que un alto nivel de religiosidad es sinónimo de importante nivel de convicción moral. Y no es tan así. La corrupción abunda y aumenta más cada día justamente en los países más religiosos. A menudo escuchamos mencionar el si Dios quiere en boca de cada personaje oscuro.
La religiosidad y las convicciones morales suelen afectar a las actitudes de la ciudadanía respecto a la autoridad. Se ha investigado que cuanto más fuerte es el grado de convicción moral de alguien, menos confianza tiene en las instituciones políticas. De manera inversa, cuanto más alto es el nivel de religiosidad de una persona más legitimidad otorga a los pronunciamientos de las aautoridades.
La convicción moral va muy relacionada con el recelo hacia la autoridad legítima y establecida, mientras que la religiosidad tiende a hacer creer en el orden establecido. Los individuos con convicción moral no se limitan solamente a “reaccionar” ante decisiones en las que no están de acuerdo, y está claro que no confían que la autoridad sea infalible en sus decisiones. La rigidez en las ideas lleva a ser inflexibles y la inflexibilidad lleva al error. Como dice Lao-Tse, lo elástico y flexible se asocia a la vida y lo rígido e inmutable da la mano a la muerte.
