Los antiguos cybers y conexiones a internet netamente por cable ya quedaron atrás, por lo que ahora los niños y también adolescentes están conectados casi a diario en la casa, el colegio o prácticamente en cualquier lugar al que van si es que tienen algún dispositivo.
En la práctica, es muy probable que miles o inclusive millones de jóvenes en todo el mundo enfrenten realidades similares, pero este caso que lo protagoniza una mujer de 20 años, marca un antes y un después en lo que se refiere al uso de estas plataformas por parte de los niños.
Recientemente, un Tribunal de Los Ángeles, Estados Unidos, cambió los términos de la discusión al dictaminar que estas plataformas no son espacios neutrales o de conexión, sino que son productos diseñados de manera deliberada para generar adicción.
El veredicto dio la razón a una joven de 20 años, identificada en los documentos judiciales como K.G.M., quien en su testimonio relató cómo la exposición temprana y constante a estas aplicaciones derivó en años de depresión, ansiedad y dismorfia corporal. Tras evaluar las pruebas, el jurado concluyó que tanto Meta como Google (matriz de YouTube) actuaron con negligencia.
Lea más: Microsoft invertirá 8.700 millones de euros en infraestructura de IA en Japón
¿Contenido o arquitectura?
Lo que diferencia a este caso y lo convierte en algo histórico es el enfoque de la acusación, ya que los abogados de la joven no se limitaron a señalar los videos o las imágenes perjudiciales que la joven consumía, sino que su argumento central atacó la arquitectura misma de las aplicaciones.
Durante el juicio se expuso cómo herramientas de uso cotidiano, como el “scroll infinito” (el desplazamiento continuo sin que se encuentre un fin, especialmente en los videos cortos) y la reproducción automática de videos, funcionan como mecanismos de retención. Por esto, el jurado determinó que estas opciones de diseño fueron creadas intencionalmente para maximizar el tiempo de pantalla, ignorando así el impacto negativo que este nivel de “enganche” tiene en el desarrollo psicológico de los usuarios más jóvenes.
YouTube intentó defenderse argumentando que su servicio se centra en compartir videos y que no es una red social, por lo que sus funciones no buscan generar dependencia; sin embargo, el jurado rechazó esta postura y estableció de manera formal que las decisiones de ingeniería y diseño de interfaz son sujetas de responsabilidad legal.
Según la cobertura completa del caso realizada por New York Times, Meta deberá pagar 4,2 millones de dólares en concepto de daños compensatorios y punitivos, y YouTube deberá pagar 1,8 millones de dólares. A criterio de los especialistas, esta decisión histórica podría abrir la puerta a más demandas contra las empresas de redes sociales por el bienestar de sus usuarios.
La adicción constante y los menores
A nivel global, el caso de K.G.M. dejó una lección para los gigantes del rubro, porque a criterio del jurado estadounidense, su modelo de negocio basado en retener la atención del usuario a cualquier costo tiene un riesgo financiero real y cuantificable. Si bien, con controles parentales se puede limitar el uso de pantalla o saber qué tipo de aplicaciones quieren utilizar los menores, estos sistemas pueden llegar a ser burlados o “saltados” con acceso a otros dispositivos.
Otro referente del mundo tecnológico y social, Bill Ready (CEO de Pinterest), también salió al paso del uso de las redes sociales por parte de los menores de edad y, a su criterio, estas plataformas no deberían ser utilizadas por menores de 16 años.

“Los niños de hoy viven el mayor experimento social de la historia. Durante años, han tenido acceso sin restricciones a las redes sociales. Las empresas que las crearon no previeron suficientemente las consecuencias, entre las que destacan la exposición a desconocidos y el fomento de la adicción a las pantallas. Este experimento social se ha llevado a cabo a gran escala y, por ello, los resultados son ahora dolorosamente evidentes: aumento de la ansiedad y la depresión, disminución de la concentración y aulas donde la atención del público se ve comprometida”, escribió para la revista Time.
En su publicación, Ready también explica que, a pesar de las advertencias de que Pinterest perdería a la próxima generación de usuarios al restringir funciones sociales, el resultado fue el contrario: al convertir todas las cuentas de menores de 16 años en privadas y eliminar opciones como la mensajería o los comentarios de desconocidos, la plataforma logró construir una relación de confianza con los jóvenes y lejos de abandonar la aplicación, la generación Z se convirtió en su grupo demográfico más importante.
