La película, dirigida por Armando Aquino y Alfredo Galeano, con el sello de la productora de documentales 1922 Historias Vivas, de Maneglia-Schémbori Realizadores, no es simplemente una película sobre la clasificación de la Selección Paraguaya al Mundial.
Es una radiografía íntima de un país que volvió a creer convirtiéndose en una obra que pone el foco donde pocas veces se mira: en la gente.

“Con el estreno de El renacer Albirrojo cumplimos un sueño que empezó con una pregunta: ¿cómo hacemos que la Albirroja vuelva a sentirse cerca? Queríamos volver a las raíces de una marca que no solo represente fútbol, sino identidad, valores y pertenencia”, expresó Silvia Caballero Greco, gerente de Marketing y Comercial de la APF.
“Con la llegada del profesor Gustavo Alfaro, cambió la energía. Se sintió en la cancha, en las gradas, en las redes y en la gente. Ahí entendimos que esto no era solo un proceso deportivo, era una historia de unidad. De volver a creer, de lo que significa ser paraguayo cuando nos unimos por un mismo objetivo. Hablamos con el presidente Robert Harrison, que siempre nos impulsa a ir más allá, y este proyecto empezó a tomar forma”, reveló.

Todo comenzó en julio de 2025, cuando la Asociación de Fútbol Paraguaya (APF) impulsó la idea de capturar ese momento histórico y convocó a 23 Sports Marketing para acompañar la comercialización del proyecto.
Lo que parecía un proyecto deportivo pronto se transformó en algo mucho más ambicioso. Desde agosto de ese año, el equipo se sumergió en una investigación intensa que combinó entrevistas con protagonistas del fútbol y la búsqueda de historias reales de hinchas.

“Tenemos una película documental que habla de la cancha, de los jugadores, pero principalmente del pueblo, con personajes que nos representan a todos. Acompañamos a estos fanáticos durante los días previos al partido que nos llevaría a la clasificación al Mundial. Vivimos con ellos ese día y sentimos desde el pueblo esa pasión por la Albirroja”, explica Alfredo Galeano.
Y esa premisa se respira en cada escena, en las familias, trabajadores, jóvenes y adultos que encuentran en la Albirroja un punto de encuentro y una identidad compartida.
El proceso no fue sencillo
Nelly Dávalos, encargada de investigación y entrevistas, tuvo la delicada tarea de elegir a los hinchas que darían vida al relato.
No se trataba solo de pasión futbolera, sino de representar valores profundamente paraguayos, como la esperanza, resiliencia y humildad.
“Buscamos perfiles de personas que nos conectaran con nuestra realidad como país, con pasión por la Selección y que con su sinceridad y ejemplo nos puedan transmitir sentimientos y valores que nos caracterizan a todos los paraguayos, como la esperanza, empatía, humildad, trabajo duro, autenticidad y resiliencia”, destacó.

En paralelo, las entrevistas con los jugadores aportaron una dimensión inesperada. Lejos del discurso deportivo tradicional, emergieron relatos cargados de humanidad.
Uno de ellos quedó grabado en la memoria del equipo. Antes del partido contra Ecuador, un jugador observó desde el bus a una mujer que, a la distancia, les daba la bendición.
Fue un gesto simple, pero profundamente simbólico. “Eso me contagió también a mí”, confiesa Dávalos.
Cuando la Albirroja unió a todos
El detrás de escena también tiene su propia épica. Aquino recuerda una entrevista con el técnico Gustavo Alfaro que debía durar dos horas y terminó extendiéndose por más de cuatro.
“Nos hizo emocionar, sentirnos orgullosos”, cuenta.

Fue uno de esos momentos en los que la cámara deja de ser un instrumento técnico para convertirse en testigo de algo genuino.
Pero sí hubo un día que puso a prueba toda la maquinaria del documental. Fue el partido clave ante Ecuador.
La producción desplegó 11 unidades en simultáneo, más de 10 camarógrafos, 8 drones y equipos distribuidos por todo el país.

Mientras algunos seguían el bus de la Selección, otros captaban lágrimas, abrazos y gritos en barrios, plazas y ciudades del interior.
“Fue increíble ver a tanta gente unida y feliz”, recuerda Paz Mura, jefa de producción, quien enfrentó el desafío de coordinar historias paralelas con realidades completamente distintas.
Cada protagonista tenía su propio ritmo, su propia vida, pero todos convergían en un mismo sentimiento.

El rodaje recorrió Asunción, Luque, Areguá, Lambaré, Fernando de la Mora y Capitán Bado, además de escenarios emblemáticos como el Defensores del Chaco y los centros de alto rendimiento.
Sin embargo, algunas de las escenas más potentes ocurrieron lejos de los estadios: en casas humildes, en lugares de trabajo, en espacios cotidianos donde el fútbol se vive como una extensión de la vida misma.
La posproducción fue otro desafío titánico
Fueron horas y horas de material que debieron ser ordenadas, reinterpretadas y reconstruidas hasta encontrar el pulso narrativo adecuado.
“Desarmar y volver a empezar muchas veces”, resume Galeano.
El objetivo era capturar la esencia de cómo se vive el fútbol en Paraguay.

La música y el sonido terminaron de darle forma a esa experiencia sensorial. Con composiciones originales de Derlis González y la dirección sonora de Germán Acevedo, el documental no solo se ve, sino se siente.
El renacer Albirrojo es, en definitiva, mucho más que una película. Es un espejo donde se refleja un país entero.

Deja un registro de ese instante en el que Paraguay volvió a latir al mismo ritmo, recordándonos que, a veces, el fútbol no es solo un juego, sino una forma de estar juntos en un momento histórico.
