—En el marco del aniversario por los 250 años de la Independencia de los Estados Unidos, ¿qué hitos de la cooperación científica histórica entre ambos países busca proyectar el American Space hacia el futuro?
—En el año en que los Estados Unidos celebra 250 años de independencia, este espacio mira hacia adelante. Los Estados Unidos han sido durante décadas el principal socio de Paraguay en formación académica, intercambio científico y cooperación tecnológica, a través de becas, programas de intercambio y espacios como los American Corners y Science Corners. El Conacyt American Space es el próximo capítulo de esa historia: un espacio donde la próxima generación de científicos e innovadores paraguayos se conecta con el liderazgo tecnológico estadounidense.
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—¿Cuál es el objetivo estratégico prioritario de la Embajada de los Estados Unidos al centralizar sus esfuerzos en el American Space ubicado en el Conacyt?
—El Conacyt American Space refleja el compromiso de los Estados Unidos de ser el socio de referencia en ciencia, tecnología e innovación para Paraguay. A través de este espacio, la Embajada acerca a los paraguayos las oportunidades, los valores y la visión estadounidense de que el conocimiento libre y la innovación abierta son motores del progreso. Queremos que jóvenes, estudiantes, docentes e investigadores paraguayos tengan acceso real a herramientas, redes y experiencias que los conecten con el ecosistema científico y tecnológico estadounidense.

—Considerando el rezago histórico en inversión en I+D en la región, ¿cómo mide la Embajada el impacto real y tangible de los Science Corners y American Spaces en el desarrollo tecnológico de Paraguay?
—Medimos el impacto en términos concretos: cuántas personas participan, qué tan heterogéneo es el público que llega, desde estudiantes de secundaria hasta investigadores y emprendedores, cuántos talleres, laboratorios y actividades STEAM se realizan y cuántos vínculos se generan entre paraguayos y sus pares estadounidenses. Cada visita, cada taller y cada conexión generada es una oportunidad de ampliar horizontes y fortalecer la relación entre nuestros países.
—¿Qué programas específicos del American Space están diseñados para transferir competencias tecnológicas avanzadas –y no solo de divulgación básica– a los investigadores paraguayos?
—El Conacyt American Space está en pleno desarrollo de su programación, con foco en áreas que son prioridad para los Estados Unidos y para el futuro de Paraguay: inteligencia artificial, alfabetización digital, pensamiento computacional y habilidades STEAM. El objetivo no es solo divulgar ciencia, sino formar capacidades reales, conectando a paraguayos con expertos, tecnologías y oportunidades estadounidenses que les permitan competir y colaborar a nivel global.
—El Conacyt es el núcleo de la ciencia oficial en Paraguay. ¿De qué manera este espacio ayuda a democratizar el acceso a la ciencia para jóvenes fuera del circuito académico tradicional?
—Creemos que el acceso al conocimiento no debería depender del lugar donde uno nació o estudió. El Conacyt American Space transforma conceptos científicos complejos en experiencias prácticas, interactivas y cercanas a la vida cotidiana. Cualquier joven curioso, esté o no dentro del sistema académico formal, puede entrar, experimentar, preguntar y conectarse con una red de oportunidades. Eso es lo que los Estados Unidos promueve: sociedades donde el conocimiento es libre y el talento no tiene techo.

—¿Qué papel juegan los valores de la libertad de investigación y el pensamiento crítico –pilares en la historia de los EE.UU.– dentro de la agenda de ciencia abierta que promueven en Paraguay?
—Para los Estados Unidos, la libertad de investigación y el pensamiento crítico no son solo principios académicos, son valores que definen quiénes somos. En un mundo donde algunos actores utilizan la tecnología para controlar la información y limitar el acceso al conocimiento, la postura estadounidense apuesta por lo contrario: ciencia abierta, diálogo basado en evidencia y colaboración sin fronteras. Los American Spaces son espacios donde esos valores se viven en la práctica, todos los días.
—Frente a desafíos globales urgentes, como el cambio climático y la seguridad digital, ¿cuáles son los proyectos específicos que abordan estas problemáticas desde la realidad paraguaya?
—La seguridad digital y el uso responsable de las nuevas tecnologías son temas que nos preocupan profundamente, tanto a nivel global como en Paraguay. El Conacyt American Space va a desarrollar programación en alfabetización digital, ciudadanía en línea y uso responsable de la inteligencia artificial, herramientas esenciales para que los paraguayos puedan navegar y aprovechar el mundo digital de forma segura e informada. A medida que el espacio crezca, incorporará más contenidos sobre sostenibilidad y tecnologías para el futuro, en línea con las prioridades de cooperación estadounidense.
—La diplomacia científica suele medirse a largo plazo. ¿Cuáles son los indicadores clave de éxito que se han fijado para decir que la alianza Conacyt-American Space cumplió sus metas?
—El éxito lo medimos por el impacto en las personas y en las instituciones con las que trabajamos. ¿Cuántos jóvenes descubrieron una vocación científica? ¿Cuántos docentes incorporaron nuevas herramientas en sus aulas? ¿Cuántos investigadores paraguayos establecieron vínculos con pares estadounidenses? La red de American Spaces en Paraguay; incluyendo el Centro Cultural Paraguayo Americano, el Benjamin Franklin Science Corner, el Margaret Knight American Corner y el Thomas Edison American Corner, lleva años demostrando que estas iniciativas generan valor real y duradero para las comunidades donde operan.
—Mirando hacia los próximos desafíos de la era de la inteligencia artificial y la biotecnología, ¿cómo planea la Embajada sostener y financiar la evolución de estos espacios de innovación en el país?
—Estados Unidos está comprometido con mantener su liderazgo en inteligencia artificial, biotecnología y otras tecnologías del futuro y queremos que Paraguay sea parte de esa historia. Los American Spaces son plataformas diseñadas para evolucionar: se adaptan a las nuevas realidades tecnológicas, incorporan nuevos socios y expertos y desarrollan programación relevante para cada momento. Su sostenibilidad se basa en alianzas sólidas con instituciones paraguayas y en el compromiso de largo plazo de los Estados Unidos con el desarrollo del país.

Historia de la independencia de los Estados Unidos
La historia de la independencia de los Estados Unidos comenzó a gestarse tras la guerra franco-india en 1763, cuando Gran Bretaña impuso una serie de impuestos impopulares, como la Ley del Sello, a las Trece Colonias sin permitirles representación en el Parlamento.
El descontento creció con eventos violentos como la Masacre de Boston y actos de protesta como el Motín del Té, lo que llevó a la corona a aplicar leyes punitivas conocidas como las “Actas Intolerables”. Ante esta opresión, los colonos organizaron el Congreso Continental y, tras el inicio de las hostilidades militares en Lexington y Concord en 1775, decidieron romper definitivamente con la metrópoli.
El 4 de julio de 1776, en Filadelfia, se adoptó la Declaración de Independencia, redactada principalmente por Thomas Jefferson, la cual proclamaba que todos los hombres son creados iguales y poseen derechos inalienables como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
La guerra de independencia se extendió por varios años, destacando victorias cruciales en Trenton y Saratoga que ayudaron a asegurar alianzas vitales con Francia y España. La derrota definitiva de las tropas británicas ocurrió en la Batalla de Yorktown en 1781, lo que obligó a Gran Bretaña a reconocer formalmente la soberanía de la nueva nación mediante el Tratado de París en 1783. Aunque inicialmente se gobernaron bajo los Artículos de la Confederación, la debilidad del gobierno central impulsó la creación de la Constitución de los Estados Unidos en 1787. Este documento estableció una república federal con una división de poderes en tres ramas –legislativa, ejecutiva y judicial– y fue complementado con la Carta de Derechos para proteger las libertades individuales, sentando las bases del sistema político que perdura hasta hoy.
