Se trata de la conocida constelación de Orión, formada por tres estrellas alineadas, acompañadas por las gigantes Betelgeuse y Rigel. Como indocta en astronomía, aprendí a reconocerlas como las tres marías, a lo que vendría a ser el cinturón del cazador. Después, descubrí que sus nombres actuales son Alnitak, Alnilam y Mintaka y que, desde nuestro hemisferio sur, la figura del cazador está de cabeza.
Muchas cosas parecen estar de cabeza en esta nuestra zona sur planetaria. Cuestiones que nos convierten en países subdesarrollados, del tercer mundo, países emergentes, sur global… aunque como hay tanta vida linda por aquí, se agradece el maravilloso clima, el verdadero paraíso de fauna y flora (que se depreda), bellas noches estrelladas, la hamaca paraguaya para relajarse entre el cielo y la tierra disfrutando de un hidratante tereré. Si hace frío, un mate calienta el cuerpo, abriga un poncho de lana de oveja tejido en San Miguel. Alimenta un delicioso y caliente vori vori, considerado uno de los mejores platos del mundo por la guía internacional TasteAtlas… Así que ver Orión de cabeza y aguantar a los cartistas y políticos similares es lo que nos toca soportar por vivir en el país de las maravillas. Para más, ahora, a las palmadas se abrazaron todos los colorados en la embajada del imperio. HCcumplió su sueño de volver a viajar a los estates. No sé si allí le dieron un certificado de recuperación moral. Sí, parece que un rubio, les dijo a los correligionarios que se dejen de pelear, que se repartan la corrupción y el dinero, que el amor es más fuerte y que para hacer la guerra ya están ellos.
Volviendo a esa gran imaginación antigua, que supo ver la figura de un cazador en las estrellas que forman la constelación de Orión, eso continúa en la mente humana y recibe el nombre de pareidolia, un fenómeno psicológico que percibe formas, rostros o patrones que son reconocibles en estímulos vagos o aleatorios. Dicen que es un mecanismo de supervivencia evolutivo. Ver formas en las nubes, en el frente de un auto, o en la superficie de la Luna, son ejemplos comunes
La pareidolia es la huella que dejó la lógica de supervivencia. Un cerebro entrenado para privilegiar la velocidad sobre la certeza, y para el que resulta menos costoso imaginar una amenaza donde no la hay que ignorar una que sí existe.
Ese mecanismo, heredado de un pasado donde cada segundo de indecisión podía costar la vida de nuestros ancestros, sigue activo hoy, aunque las amenazas hayan cambiado. Por eso seguimos viendo a la virgen con el niño sobre el burrito en la luna, los nombres de candidatos políticos salvadores en las manchas de la pared y, de vez en cuando, una paloma con una rama de olivo en el pico.
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