Considerando esto es interesante observar lo que sucede con la palabra sentido que puede significar juicio, acierto, acepción, interpretación, razón, operación de la mente a la que se apela cuando se habla de sentido común, del cual se dice sin embargo que es el menos común de los sentidos. También es sinónimo de motivo, propósito, meta, objetivo.
Muy diferente papel le toca cuando expresa el sentido pésame, en cuyo caso la palabra en cuestión se viste de negro luto y se transforma en sentimiento, demostración emotiva atribuida al corazón, órgano humano que de acuerdo a las malas lenguas no suele llevarse muy bien con la razón. El sentido pésame puede ser sincero o hipócrita, y en ocasiones se vuelve marcadamente oportunista cuando la muerte del muerto propicia interesantes ventajas de dinero y poder. Desde luego que este tipo de sentido pésame no se compadece para nada con el sentido ético. Recordemos el sentido del buen gusto que no depende del dinero ni de las modas pasajeras, sino del equilibrio, la sencillez y el respeto por el entorno.
También existen los maravillosos cinco sentidos que nos permiten disfrutar de la vida. El gusto nos da acceso a los deleites que deparan el sabor de un beso, un buen vino, una fruta jugosa o nos estremece ante el trago amargo. El órgano principal del gusto es la lengua, que tiene las papilas gustativas que captan las sustancias de los alimentos con la ayuda de la saliva y avisan al cerebro.
El tacto, tal vez el más sensual de los sentidos, cuando escasea produce malhumores y peleas. La vista puede producir felices o tormentosos amores a primera vista. Al oído hay que protegerlo de los ruidos, regalarle un poco de silencio y mantenerlo alejado de los discursos, disputas y acusaciones electoralistas partidarias. El olfato disfruta del aroma de las flores, del café, de la ropa limpia, del pan recién horneado o el del olor reconfortante de los seres queridos. Triste debe ser sufrir anosmia que es la pérdida total del olfato.
A los cinco sentidos se les suma el sexto, de la intuición y los presentimientos. En la espiritualidad es la capacidad del alma para percibir verdades, energías y realidades invisibles más allá de la lógica. Es como una brújula interna que conecta al ser humano con lo sagrado, con una dimensión superior de sabiduría. A no olvidar el sentido del humor que casi siempre apela al doble sentido. El sentido de una campaña proselitista puede carecer de sentido popular si su candidato es un simple consentido de la cúpula partidaria. Cuando los políticos olvidan el sentido del servicio a la ciudadanía, aumentan los resentidos.
Y como lo han demostrado poetas, maestros y profetas, a veces, para encontrar el verdadero sentido de la vida hay que atreverse a perder todo sentido.
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