ABC
3 de noviembre de 2026
Madrugada ABC
ABC TV de 00:00:00 a 04:59:00
Ver ABC TV
Madrugada ABC
ABC Cardinal AM de 00:00 a 04:59
Escuchar ABC AM
Solo Música
ABC FM 00:00 a 05:59
Escuchar ABC FM
Madrugada ABC
ABC TV de 00:00:00 a 04:59:00
Ver ABC TV
19º
Ahora
ver más
19º
Ahora
HOY
Min
19º
Máx
34º
undefined 2026-11-04
Min
21º
Máx
39º
undefined 2026-11-05
Min
19º
Máx
29º
undefined 2026-11-06
Min
18º
Máx
32º
undefined 2026-11-07
Min
17º
Máx
26º
undefined 2026-11-08
Min
15º
Máx
23º
Cotizaciones del día
DOLAR
Compra
5.810
Venta
6.090
PESO
Compra
1
Venta
10
REAL
Compra
1.030
Venta
1.230
EURO
Compra
6.100
Venta
6.850

En el tricentenario de Domenico Zipoli

Portada del libro original sobre Domenico Zipoli, reeditado por el Ateneo Paraguayo.
Portada del libro original sobre Domenico Zipoli, reeditado por el Ateneo Paraguayo.Gentileza

Domenico Zipoli (1688-1726) es considerado el músico de dos mundos. Fue quien extendió un puente entre Europa y América a través de la música que cultivó y revolucionó en las reducciones jesuíticas. Con motivo del tricentenario de su fallecimiento, el Ateneo Paraguayo presentó un concierto y reeditó el libro de quien lo redescubrió en 1941, Lauro Ayestarán.

Agregá ABC a Google como fuente preferida en tus búsquedas.

El Ateneo Paraguay fue sede el pasado viernes 9 de octubre de un gran acontecimiento cultural y musical con el lanzamiento de la edición facsimilar de la obra Domenico Zipoli (1941), de Lauro Ayestarán. La iniciativa y el desarrollo de la actividad estuvieron a cargo de Manuel Martínez Domínguez . El acto incluyó una muestra bibliográfica y un concierto de homenaje del cual participaron el Mtro. Stefano Pavetti Serratti, clavecín; Evelyn Carreras, soprano; Juan Ángel Monzón, barítono; Rocío Cáceres, flauta dulce y traversa barroca; Álvaro Morel Aquino, flauta dulce.

A propósito de tan magna celebración, Manuel Martínez Domínguez expone quién fue Domenico Zipoli, su protagonismo y la importancia de su obra para la cultura rioplatense.

Recreación a partir de un grabado que retrata a Domenico Zipoli. Fuente IG Corodel99
Recreación a partir de un grabado que retrata a Domenico Zipoli. Fuente IG Corodel99

—¿Quién fue Domenico Zipoli y qué representa para la cultura rioplatense?

—Domenico Zipoli fue un organista y compositor toscano nacido en Prato en 1688 que, tras alcanzar prestigio en Roma, ingresó a la Compañía de Jesús y se trasladó a Córdoba, centro administrativo de la provincia jesuítica del Paraguay, en el Virreinato del Perú, donde muere en 1726. Su obra puede dividirse en dos periodos bien diferenciados: el periodo europeo y el americano. Al primero pertenecería, por ejemplo, sus Sonate d’intavolatura per organo e címbalo, un conjunto de piezas litúrgicas y profanas para tecla publicado en 1716. Al segundo, las obras litúrgicas producidas en el ámbito de las misiones jesuíticas del Paraguay.

La música de este segundo periodo constituye un fenómeno cultural relevante para la música colonial en el ámbito rioplatense, pues se erige como un auténtico puente entre Europa y América al trasladar la tradición barroca al espacio de las reducciones jesuíticas, donde adquirió una nueva vitalidad. Así también podemos afirmar que se convirtió en patrimonio espiritual al acompañar la vida litúrgica y comunitaria de las misiones, y en símbolo de integración, ya que la apropiación indígena de sus obras demuestra que el Barroco no fue simplemente importado, sino reinterpretado a medida de un contexto distinto a aquel en el que originalmente surge.

Clavecin del Ateneo Paraguayo.
Clavecin del Ateneo Paraguayo.

—¿Por qué se lo conoce como el músico de dos mundos?

—La música de Zipoli, al igual que la de otros músicos que trabajaron en el ámbito de las reducciones, constituye un símbolo de encuentro entre dos realidades diferentes: por un lado, una visión ya estetizada del fenómeno sonoro, con pretensión de funcionalidad al presentarse como música litúrgica; y, por otro lado, una visión exclusivamente funcional del mismo fenómeno.

Si el Renacimiento es la época del “Descubrimiento”, el Barroco es la época de toda la “Conquista”. La música barroca, con sus tres sustratos, cantar, rellenar y sostener, poseía la misma estructura de las prácticas sonoras rituales de los guaraníes: el canto o purahéi, acompañado con maracas (mbaraka), que equivalen al ripieno, y una base realizada por los takuapu, a modo de basso, vinculada a la tierra, a lo ctónico, al grund. He ahí el éxito logrado con la música como medio de evangelización y aculturación: si bien los fenómenos sonoros de europeos y aborígenes eran diferentes, ellos presentaban la misma estructura.

La música litúrgica de las reducciones jesuíticas siguió siendo utilizada después del extrañamiento de 1767, y su registro preservado por casi dos siglos en el contexto de comunidades indígenas en lo que hoy es Bolivia, convirtiéndose en parte del patrimonio espiritual y artístico de la región.

Partituras con la música de Zipoli halladas en Bolivia.
Partituras con la música de Zipoli halladas en Bolivia.

—Habiendo sido contemporáneo de Bach, Handel y Scarlatti, ¿cómo es que él decide dejar Europa y venir a América?

—Estamos firmemente convencidos de que Zipoli renunció a la fama europea en un gesto radical de vocación religiosa, siguió la voz de su vocatus, es decir, de su llamado. En 1716, en la cúspide de su carrera, ingresó a la Compañía de Jesús y un año después se embarcó con destino a Sudamérica. Alguien había dicho que el mal, a diferencia del bien, es incapaz del sacrificio. Se podría interpretar esta decisión como una suerte de sacrificio: abandonar la gloria mundana para consagrarse a la misión evangelizadora. En este contexto, aparece la música como el medio que favorece el encuentro espiritual en sociedades donde aquello que Occidente conoce como música, todavía poseía una función mágico-religiosa, culturas que no habían experimentado el “desencantamiento del mundo”, en términos de Max Weber.

—¿Cuál fue el aporte de Zipoli en el contexto de las misiones jesuíticas?

—El aporte Zipoli a las reducciones jesuíticas, al igual que los de otros compositores ahí establecidos, fueron significativos. Se compuso misas, motetes e himnos que fueron utilizados en la evangelización y en la liturgia cotidiana, proporcionando un repertorio de música religiosa de gran calidad artística, pero sobre todo de gran valor espiritual para sus usuarios. Se adaptó obras europeas para la enseñanza musical, lo que permitió formar a indígenas en la práctica instrumental y en la composición, transmitiendo así técnicas y saberes del Barroco italiano al contexto americano. Zipoli no solo fue compositor, sino también pedagogo, ya que se puede inferir que enseñaba lo que componía, utilizando su propia música como material didáctico. Esta operatoria consolidaba un proceso de integración cultural en el que la tradición europea se recreaba, reinterpretaba y ampliaba en un nuevo contexto comunitario. La música religiosa, al tener pretensión sacra, además de estética, era funcional. Los logros alcanzados a través de la experiencia musical de los jesuitas hicieron posible que, casi dos siglos después, el Concilio Vaticano II retomara e hiciera explícitos sus métodos, entre ellos el uso de la música en lengua vernácula y la incorporación de instrumentos locales en el oficio divino.

Manuel Martínez Domínguez, responsable de la reedición del libro Domenico Zipoli.
Manuel Martínez Domínguez, responsable de la reedición del libro Domenico Zipoli.

—Cuando fueron expulsados los jesuitas de los reinos de España, ¿qué pasó con su música?

—La expulsión de 1767 dispersó a las comunidades y dejó las partituras en manos de los pueblos indígenas, quienes las copiaron y preservaron a lo largo del tiempo. Aunque muchas obras se perdieron, otras sobrevivieron en archivos locales y fueron redescubiertas en el siglo XX. Tal es el caso de la obra americana de Zipoli: su música trascendió la desaparición institucional de las misiones en el siglo XVIII al aparecer a mediados del siglo XX.

—¿Qué representa el libro Domenico Zipoli, de Lauro Ayestarán, reeditado por el Ateneo?

—La obra de Ayestarán, publicada en Montevideo en 1941, es un hito fundacional en la historiografía musical rioplatense. Ayestarán fue el primero en formular la hipótesis, hoy devenida en certeza, de que el organista y compositor Domenico Zipoli, que trabajaba en Roma a principios del siglo XVIII, era el mismo “hermano Domingo Zipoli” de las misiones jesuíticas. Su intuición, al exhortar a la búsqueda de las partituras que debían existir, abrió un programa de investigación que transformó la visión de la música colonial. Por ello se lo considera el redescubridor de Zipoli, pues su audaz propuesta, falsable en términos popperianos, fue confirmada por hallazgos posteriores, como la Misa en Fa, encontrada en 1958, y el posterior hallazgo chiquitano, a principios de la década de 1970.

Sede del Ateneo Paraguayo en Asunción.
Sede del Ateneo Paraguayo en Asunción.

—¿Cómo fue posible realizar esta reedición?

—La reedición de esta obra fue posible gracias a la iniciativa de la Comisión Directiva del Ateneo Paraguayo, a través del Centro de Investigación Musical Juan Max Boettner, y se llevó a cabo con fondos propios de la institución. El proyecto tuvo como propósito conmemorar el tercer centenario del fallecimiento de Domenico Zipoli y, al mismo tiempo, el sexagésimo aniversario del fallecimiento del musicólogo uruguayo Lauro Ayestarán, considerado el redescubridor de la figura de Zipoli como lo conocemos hoy. Para concretarlo, se gestionaron las autorizaciones pertinentes ante los herederos de los derechos de Ayestarán y las instituciones competentes, a través del Centro Nacional de Documentación Musical Lauro Ayestarán, de Uruguay. Se optó por una edición facsimilar, la que fue realizada sobre el ejemplar conservado en la Biblioteca del Ateneo, asegurando no solo fidelidad documental para el investigador, sino la circulación y divulgación de tan importante material en nuestro medio.

pgomez@abc.com.py

Lo
más leído
del día

01
02
03
04
05

Te puede interesar