“El ser humano nació para ser feliz”, asegura Charan Anand. “Y la única manera de ser felices es encontrarnos a nosotros mismos: nuestra paz interior. Si nosotros tenemos paz y somos felices, todo nuestro entorno es feliz”.
Anand nació en Nueva Delhi, India. A los 18 años conoció a su compatriota Prem Rawat, el maharají que preconiza a través de sus enseñanzas un conjunto de técnicas para lograr la paz interior y la felicidad. Anand, maravillado al tomar contacto con el maharají, se hizo voluntario hace 40 años.
Actualmente, Anand, además de ser uno de los discípulos más entusiastas de su mensaje, es uno de los representantes de la Fundación Prem Rawat (TPRF, por sus siglas en inglés), y se ha convertido en un conferencista internacional y el primer enviado por el maharají (gran señor) a Occidente, que recorre todo el orbe para trasmitir el mensaje de amor y paz.
Días pasados estuvo en nuestra ciudad para dictar dos charlas: una, a estudiantes universitarios; la otra, en un centro médico, en las que brindó las claves para lograr la paz interior y, por ende, la felicidad.
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“Cuando somos niños, estamos en paz y somos felices, porque vemos el mundo con los ojos de la inocencia. Entonces, ¿por qué somos felices? Debido a que estamos en contacto con esa fuente de la felicidad. Pero, la mayoría de las veces, al crecer, la perdemos”, reflexiona.
En el año 2001 se creó la Fundación Prem Rawat, la cual se enfoca principalmente en las necesidades fundamentales de alimentos, agua y paz, a fin de que las personas puedan vivir con dignidad, paz y prosperidad.
Todas estas tareas se realizan a través de voluntarios que trabajan en varios países. Y justamente Anand es el encargado de una de ellas en su recorrido a través del mundo. La filosofía que divulga se basa en el principio de que hay que tener equilibrio en la vida. Propugna que, a pesar de la vorágine en la que nos vemos envueltos cada día, presos del estrés, a causa de un mundo muy competitivo, es posible hacer un alto y lograr el equilibrio. “La paz es nuestra naturaleza, como el calor es la naturaleza del fuego; la luz está en la naturaleza del sol, o la dulzura en la de la miel”, explica. Anand, a sus 86 años, es una persona activa, pegada a la tierra y de una vida muy feliz”.
La fundación también trabaja con personas privadas de la libertad. Reclusos de instituciones correccionales alrededor del mundo están escuchando el mensaje de paz de Prem Rawat. La mayoría asiste a talleres semanales, en los cuales ven videos y luego participan en discusiones de grupo. Algunos tienen acceso a cintas de audio o miran videos en ordenador. Otros solo disponen de material escrito que obtienen en la biblioteca de la prisión.
El mensaje se dirige a cada persona, sin importar cuáles sean sus creencias, circunstancias o marco cultural. Su visión es amplia y, a la vez, sencilla; quiere llevar la paz a la humanidad, dándole a cada persona la oportunidad de encontrar esa paz adentro.
En resumen, el gran señor propugna que cada persona nace con una mina infinita de felicidad y también de tristeza. Todo depende de su actitud. “Si enciendes una vela, traerá luz. Si prendes gasolina, habrá llamas inmensas. La ignorancia va a traer tristeza; el conocimiento, felicidad”, señala.
Después de cuatro décadas, este mensaje se ha llevado a millones de personas en todos los continentes, sin distinción de sexo, raza, edad, condición social y profesión.
El maharají
Prem Pal Singh Rawat nació en 1957, en Dehradun, India. Cuarto hijo y el menor del segundo matrimonio del predicador Shri Hans Ji Maharaj con Jagat Janani Mata Shri Rajeshwari Devi. Asistió a un colegio católico, y a los tres años empezó a hablar en forma inhabitual, diferente al resto de los niños. A los seis, su padre le enseñó las técnicas del “conocimiento”, en la que basaría su prédica y su fe. Pronto Prem Rawat fue discípulo de su padre y empezó a impartir sus propias charlas en relación a la plenitud, el amor y la paz, palabras que captaban la atención de la gente del pueblo.
Rawat tenía ocho años al morir su progenitor en 1966 e hizo dos anuncios. Por un lado, que asumiría el papel de maestro. En segundo lugar, que no seguiría la tradición hindú de la primogenitura, ya que él no era el hijo mayor. Sus palabras conmovían a multitudes en el pueblo y pronto lo bautizaron “maharají” o “gran señor”, un título de respeto al que se le añadirían otros.
Mediante conferencias y publicaciones, Rawat comenzó a preconizar la paz interior como una experiencia personal e individual. Fue ganando discípulos, estudiantes y adeptos, y empezó a recorrer el mundo. Lo que básicamente promueve el maharají a través de sus enseñanzas son un conjunto de cuatro técnicas a las que denomina “el conocimiento”.
“Cada uno de nosotros necesita paz en su vida. Hemos probado muchas cosas en este mundo, pero hay una a la que nunca le hemos dado una oportunidad: la paz. Si queremos depositar nuestra esperanza en algo, quizá podríamos desear de corazón que llegue la paz a nuestra vida. La paz que buscamos está dentro. Está en el corazón esperando a que la sintamos, y yo puedo ayudar a las personas a descubrirla. No es el mundo el que necesita paz, sino la gente. Cuando las personas de este mundo estén en paz en su interior, el mundo estará en paz”, asegura.
Desde el 2001, el llamado “maestro” ha sido invitado por diversas instituciones, gobiernos y particulares para hablar de la paz, exponer su mensaje y desarrollar iniciativas humanitarias a través de La Fundación Prem Rawat. Ha habido mojones en su contacto con las masas. En noviembre de 1970, muchos de sus nuevos alumnos occidentales viajaron a la India para escucharle. La concentración en India Gate convocó a un millón de personas, formó una cola que medía 29 km y se convirtió en una de las mayores de la historia de Nueva Delhi.
Durante los 70, Rawat habló en más de 20 países y su labor fue reconocida con la entrega de las llaves de las ciudades de Nueva York, Nueva Orleans, Monterrey, Oakland, Detroit, Miami y Kioto, entre otras. El vicepresidente de la India, Shri Bhairon Singh Shekhawat, manifestó estar “convencido de que el pueblo de India y el de otros países necesita descubrir en lo más profundo de su corazón el llamamiento a la paz que hace Prem Rawat, mensajero de la paz”.
Desde 1998, el maharají brinda conferencias que se transmiten vía satélite, entre las cuales se destaca la que se llamó El viaje interior, realizada por el periodista de la CNN Burt Wolf. Cuando no viaja, reside en Malibú, California, donde está casado y tiene cuatro hijos adultos. Su mensaje ha sido traducido a más de 70 idiomas y aún sigue siendo un secreto que se transmite boca a boca. Esta biografía del maharají llamada La paz es posible (Fanelcor, 2007) se editó en Uruguay, por iniciativa del distribuidor de Grupo Libros y discípulo de Prem Rawat, José Carlevari. La autora Andrea Ceigan centra su anterior trabajo en temas que estimulan la conciencia social y ha publicado anteriormente siete libros, de los cuales tres alcanzaron el puesto número uno del New York Times, en los Estados Unidos.
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