Derlis corre por el oro

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Empezó a competir a los 12 años por un pasaje para ver a su abuelo… Hoy, el fondista más veloz del Paraguay, imponiendo un nuevo récord nacional, está clasificado para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Derlis Ayala (26) tuvo que correr –desde que tiene memoria– para hacer sus sueños realidad. Aunque en el camino vivió muchas dificultades y privaciones –jamás conoció a su mamá–, ahora va por el oro.

Tiene solo 26 años, es inquieto y llega muy ansioso. Derlis Ayala es uno de los clasificados por mérito propio a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Brasil, que se disputarán en agosto de este año. El atleta nos cuenta en esta entrevista sobre sus sacrificados inicios y cómo el deporte lo llevó a superarse como persona. “Tengo que pensar muy bien cuando todo esto pase. Mi máximo sueño era ser un atleta olímpico y ya lo conseguí. En un par de meses voy a correr por el oro, pero después tengo que fijarme una nueva meta”, confiesa.

Con la sencillez que lo caracteriza, cuenta que compitió por primera vez cuando tenía apenas 12 años, con “champión chino” y nada de preparación. “Recuerdo muy bien el momento en el que uno de mis tíos me propuso correr la carrera de San Blas. En ese entonces trabajaba en el vivero de uno de mis tíos, en Ciudad del Este, y mientras regaba unas petunias, él se acercó a hablarme de la competencia. Me dijo que si ganaba, él me pagaría los pasajes para ir a ver a mi abuelo (Leandro Ayala) a Tavapy (distrito altoparanaense ubicado a 47 km de Ciudad del Este)”.

La Carrera de San Blas se disputa todos los años por el aniversario de la ciudad. “Me acuerdo que, motivado por el premio que me iba a ganar, empecé mi ‘preparación’: corrí unos 100 m y volví; ya estaba preparado”, dice entre risas.

Sin conocer a su madre, una infancia difícil

“Gané. Estaba emocionado, porque puedo decir que, hasta hoy, nunca tuve un premio mejor que ese; la casa de mi abuelo es mi lugar favorito en el mundo”, dice.

El vivero no fue su primer lugar de trabajo. Su infancia fue difícil, pues no conoció a su madre y, por la pobreza de su familia, recorrió las casas de todos sus tíos. “Nunca me faltó el amor de mis tías; les debo lo que soy. Pero nunca conocí a mi mamá, así que eso me obligó a esforzarme el doble que otros niños para todo”.

“Tavapy es un lugar muy especial, porque crecí allí. Es una de las casas en las que me tocó vivir. Hasta ahora, con mis 26 años, ya viví en más o menos 15 casas de distintas ciudades del interior y la capital. Mi infancia fue difícil, pero hay que darle gracias a Dios por todo. Uno lucha por sus sueños y considero que yo lo logré, saliendo adelante solo en la vida”.

Derlis no cree que solo el deporte lo haya salvado de situaciones de calle o una vida que rozara con la delincuencia, pues asegura que, a pesar de la inestabilidad, le inculcaron siempre los valores morales y la cultura del trabajo. Pero sí es un sinónimo de superación en su vida, y es lo que le permitió conocer varios países y personas que lo apoyan incansablemente.

“Después de esa carrera de San Blas, mis tíos –quienes eran muy amantes del deporte– vieron que yo tenía potencial, y me empezaron a alentar y apoyar para que siguiera entrenando formalmente; algo que recién lo hice a los 15 años, cuando vine a la capital del país”. Desde entonces no tuvo un solo día en el que no haya podido dar un paso que lo acercara a su objetivo de afianzarse como atleta. Según él mismo relata, sus días transcurrieron muy paralelamente a los de los jóvenes de su edad; sin embargo, confiesa: “No hay nada mejor que superarse a uno mismo; ser consciente de que, una vez más, se pudo llegar a la meta. Me tocó correr mi primera carrera con el famoso ‘champión chino’, que me hizo doler los pies como tres días, pero hoy en día puedo decir que compito con las mejores indumentarias, gracias también a las personas que ven mi sacrificio y la garra que pongo”.

Con respecto a su rutina diaria, Derlis explica que no tiene horarios fijos, debido a que los entrenamientos varían de acuerdo al país en el que se encuentre. “Para la clasificación a los Juegos Olímpicos, tuve que participar en varias maratones en distintos países y en cada lugar al que llego todo cambia de nuevo. A finales del año pasado estuve unos meses en Brasil y, después, en Perú. Todo cambia: desde los ejercicios hasta la alimentación, que sigue siendo sana, pero es diferente. Considero que esto, lejos de ser desgastante, es beneficioso para mí, porque me ayuda a estar preparado siempre para los distintos escenarios en los que me toca competir”.

“Los Juegos Olímpicos son el mayor anhelo de todo atleta; era lo que yo más quería. Ahora que estoy clasificado, no sé qué hacer, porque mi mayor sueño ya es una realidad. Por supuesto que voy a luchar por el oro. Nuestro país se merece una presea y, en este momento, esa es mi prioridad: voy a salir a correr por el oro. Sin embargo, solo la oportunidad de estar allí ya es algo demasiado grande para nuestro deporte”.

“En algún momento me propuse venir a Asunción y convertirme en una figura mediante el deporte, algo que considero ya como un hecho, porque los Juegos Olímpicos son lo máximo a lo que puede aspirar un atleta”.

El fondista más veloz del Paraguay

Derlis escribió su nombre en la comitiva tras superar cómodamente el tiempo establecido para la clasificación en la maratón de Rotterdam, Holanda, que era de 2,19 h. El compatriota logró hacer los 42,195 km en 2 h, 17 m y 32 s.

Este sueño de llegar a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 empezó a tomar forma el año pasado, cuando Myrta Doldán, presidenta del Paraguay Marathon Club, le planteó la posibilidad de participar de una maratón y le dijo que podrían apoyarle en el evento de Valencia, España, uno de los más importantes del mundo. En esa carrera, en la que por primera vez Derlis corrió 42 km, superó tras casi 30 años la marca nacional y fue un nuevo inicio; fue empezar a creer en algo que no era tan imposible como parecía y se hizo realidad unos meses más tarde en Holanda.

Por Mónica Bareiro mbareiro@abc.com.py

Fotos ABC Color/Gustavo Báez/Gentileza.