A Diego y Marcelo los une el deporte, en este caso el pádel, que vuelve a ser noticia en nuestro país gracias a su protagonismo. Ambos llevan jugando desde el comienzo de la padelmanía, allá por el año 1990.
Desde aquel tiempo, los juegos —tanto de entretenimiento como de competencia— siempre estaban agendados dentro de sus compromisos. Esa constancia los llevó recientemente a la ciudad de Cancún, México, al Aventura Palace Riviera Maya, donde lograron posicionarse en el tercer puesto entre los mejores del mundo, derrotando a la dupla uruguaya por tres sets a cero.
La selección nacional realizó una excelente campaña, dejando en el camino a Chile y Portugal en la fase de grupos. En semifinales, tras caer ante Brasil, nuestros compatriotas vencieron a Uruguay para obtener un histórico tercer puesto mundial.
“Contra Chile, tuvimos un partido difícil por las condiciones climáticas, por el tiempo que duró la disputa: comenzamos a las 2:00 y terminamos a las 6:30 aproximadamente. Fue muy reñido, pero finalmente logramos vencer a un rival que en otros torneos siempre nos superaba. Luego vino el partido ante Brasil y finalmente definimos con Uruguay”, cuenta Marcelo en el Asunción Pádel, lugar de encuentro para la entrevista.
“Lograr posicionarnos entre los tres mejores del mundo, sin duda, fue una experiencia brutal. Nos obliga a seguir subiendo paulatinamente el nivel”, aporta Diego.
Hoy se sigue jugando pádel en todo el mundo. En este último torneo mundial estuvieron presentes más de 25 países, según comentaron los medallistas de bronce. “En España, por ejemplo, es la disciplina más requerida después del fútbol, y ya la Federación Internacional de Pádel (FIP) está organizando competencias a realizarse en Dubai, Inglaterra, Francia, Brasil y Argentina. Hay una expectativa muy grande con relación a este juego, se espera que sea el más practicado”, coinciden.
Sobre la técnica, Diego dice que la de los desplazamientos es esencial. “Cuanto mayor es el nivel del juego, más importante es moverse bien; desarrollar buena agilidad para poder correr en todas las direcciones, laterales, frontales, subidas a la red, etcétera. Es un deporte muy dinámico, en el que se ve mucho peloteo; muy agradable”.
También hablan de la concentración del jugador en la pista. “Como en todo juego, tiene que ser máxima. Si uno no está atento a la lectura del golpe rival, a la trayectoria y a la sincronización con el intercambio de golpes, no puede evolucionar en su juego”, afirma Marcelo.
En fin, una conjunción de habilidad y entretenimiento tal como lo describen nuestros jugadores, y que se va expandiendo nuevamente. “Se practica muchísimo, en el sur del país sabemos que hay buenos jugadores y simpatizantes, al igual que en otros puntos o en Asunción mismo, donde contamos con más de quince canchas. Víctor Pecci suele disputar con nosotros algunos partidos, nos ayuda muchísimo en algunos logros. Vamos creciendo, pero hace falta más promoción. Este año logramos medalla de bronce, pero lastimosamente pasamos desapercibidos”, lamentan los jugadores.
Creen que falta más cultura deportiva. “No hay políticas claras de qué hacer por el deporte; la misma Federación no tiene la cantidad de personas involucradas que debería tener, los clubes también tienen que apostar por más canchas para desarrollar el pádel. Hay oportunidades para seguir avanzando”, expresan, optimistas.
Fuera del horario laboral es cuando se reúnen para mejorar el estilo, la técnica. Diego es ingeniero comercial y Marcelo, ingeniero industrial. Ambos quieren que el pádel tenga continuidad año tras año. Como dupla, quieren consagrarse campeones imbatibles y, lógicamente, también sobresalir en competencias individuales, seguir conquistando más títulos, ganando más medallas. El objetivo es superarse.
Pese a la popularidad que va ganando, todavía queda mucho por hacer para que algún día llegue a equipararse con su gran espejo, el tenis.
Desde cada juego que les toca competir, buscan contribuir, en forma decisiva, en la difusión de este deporte.
El jugador de pádel sigue siendo desconocido, pese al boom de esta disciplina y a la que Paraguay se sumó. No existen escuelas y es vital pasar por las etapas infantil, juvenil, antes de llegar a ser profesional.
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