Una escena como esta se repite unas dos veces al año en el marco del proyecto Alianza Yaguareté, que tiene como fin estudiar el comportamiento de este jaguar pardo moteado (Pantera onca) y crear las condiciones para mantener con vida los casi 700 yaguaretés que se estima existen en todo el país.
Dicho proyecto nació en el año 2007 de la mano de Rocky McBride, propietario de una estancia en el Chaco paraguayo. McBride se abocó a la captura y posterior liberación de yaguaretés que circundaban su propiedad y a colocarles radiocollares de manera de monitorear su comportamiento, saber su ubicación y tenerlos a salvo de cazadores furtivos.
"(McBride) tenía muchísima información valiosa para la sociedad. El nos mostró cómo era el comportamiento de esta especie que transita unos 2.700 kilómetros al año. Desde entonces nos surgió la interrogante de saber qué pasaba en la Región Oriental y si coincidía con los datos teóricos que teníamos nosotros", dice el biólogo Víctor Vera, del establecimiento Morombí, que participa activamente en el proyecto Alianza Yaguareté.
En el año 2008 se produce la primera captura en el mencionado establecimiento y colocan el primer collar radiotransmisor a una hembra de yaguareté de nueve años a la que bautizaron Betty.
Desde entonces, Betty ha dado información crucial al proyecto, en especial para determinar cuál es su zona territorial y cuáles son los posibles peligros que pudiera enfrentar.
La captura
El procedimiento de captura, y posterior liberación, comienza cuando unas 15 personas se internan en los bosques durante unas dos semanas. Este grupo se conforma de profesionales biólogos, veterinarios, vaqueanos, el francotirador de dardos y el entrenador de perros rastreadores con sus respectivos canes.
Los canes se encuentran entrenados para rastrear a estos felinos. "Solo siguen el rastro de ellos (los yaguaretés)", refiere Sibyl Zavala, la veterinaria encargada de la revisión del estado de salud de los felinos capturados. Cuando se localiza al ejemplar, se le dispara un dardo con una mezcla de sedantes. Se espera que surta efecto y luego se inicia el trabajo.
En ocasiones, cuando el yaguareté se encuentra en las copas de los árboles, abajo, unas diez personas se preparan con una red para amortiguar la caída y evitar que el animal sufra fracturas u otras heridas.
"Una vez que el ejemplar se encuentra sedado, cae a la red y se trabaja lo más rápidamente posible para la recolección de muestras biológicas, la parte del examen físico que incluye el monitoreo de la frecuencia cardiaca, respiratoria, si tiene alguna herida, si está preñada, si ya está en etapa de lactación, y se le extraen las muestras (de sangre, mucosas, piel y otros).
Números. De Alianza Yaguareté forman parte diversas ONG e instituciones privadas, así como profesionales y estudiantes de carreras relacionadas a la conservación y la veterinaria. La mayor parte de los fondos, unos US$ 120 mil anuales, viene de la World Wildlife Fund, que tiene su contraparte paraguaya en la Fundación Moisés Bertoni.
Cuando pasa el efecto del sedante, el yaguareté despierta un poco mareado, pero luego de unos minutos ya recupera las fuerzas para volver al monte y continuar con su vida cotidiana de felino, el cuarto predador más grande en el mundo; un yaguareté macho puede llegar a pesar unos 120 kilos y una hembra entre 80 y 90.
El yaguareté es el predador más grande del Paraguay, es el cuarto felino en tamaño en el mundo y es considerado el rey de la selva por estos lares.
Buenas noticias y no tan buenas
Para Zavala, es como una bendición el hecho de no haber encontrado nunca en estos dos años un yaguareté en estado crítico de salud.
"Una vez nos topamos en la zona del Mbaracayú a una hembra que estaba dando de mamar. Tenía dos crías y los tres estaban en buenas condiciones. Esas son buenas noticias, que se estén reproduciendo", agrega.
Sin embargo, existe un peligro latente, que en pocos años más estos ejemplares se estén cruzando entre parientes, lo cual podría traer consecuencias genéticas nefastas, según la bióloga Rosalía Fariña, quien también participa activamente en el proyecto.
"Por ello estamos estudiando las posibilidades de introducir ejemplares del Chaco dentro de la Región Oriental para que haya cruzamientos sin esos riesgos", agrega el biólogo Vera.
Por otro lado, no todas son buenas noticias cuando sale el tropel de voluntarios a buscar ejemplares que conservar. Han perdido cuatro radiocollares, consecuencia de los cazadores furtivos.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
No come hombres. La mayor dificultad que enfrentan los yaguaretés es la destrucción de sus hábitats y la cacería. Además de la creencia que los yaguaretés atacan a los humanos. En palabras del biólogo Víctor Vera, este ejemplar no reconoce al hombre caucásico como posible presa. Pero existen leyendas de los indígenas aché que cuentan que sus almas y cuerpos fueron llevados por este felino. "El yaguareté mete miedo, pero los seres humanos, particularmente los criollos, no somos interesantes para su alimentación", comenta Vera.
"Nos damos cuenta de que sucede algo raro cuando por más de un día no se registran movimientos", señala Fariña. "Pero a veces no son cazadores furtivos, sino personas que están protegiendo su establecimiento ganadero", agrega Vera e insiste en la necesidad de crear una conciencia conservacionista y no matar a un animal que poco a poco ha ido perdiendo su hábitat. De ahí que resulta crucial el hecho que más ganaderos y propietarios de este tipo de establecimientos se involucren en el proyecto.
Entretanto, Salvador deambula por las escasas zonas boscosas del Mbaracayú ostentando su collar con GPS y su condición de rey de la selva paraguaya.
Los estudios se realizan en la Región Occidental. Se sospecha que existirían yaguaretés en la zona de Concepción, pero por razones de riesgo, la investigación es difícil de realizar.
FOTOS: ABC Color/Marta Escurra/Alianza Yaguareté