Entre fútbol y diplomacia
El 26 de mayo de 1928, el Congreso Nacional autorizó al Gobierno la adquisición, en un “lugar adecuado”, de un solar a ser “donado a la República Argentina” para la construcción de la sede de su representación diplomática. Para el efecto, por Ley N.° 1007 del 25 de agosto de 1928, se expropió la manzana formada por las calles Perú, España, Samu’uperé (Juan de Salazar) y Coronel Franco (Boquerón). Este predio perteneció al doctor Cipriano Codas.
En esa misma manzana, hasta finales de los años 70, existía un inmenso baldío, donde los muchachos de hace un siglo se dedicaban a jugar fútbol, un deporte que empezaba a causar furor en la juventud de entonces. En las proximidades de ese terreno, en el domicilio de la señora Susana Núñez, fue fundado el club de fútbol Cerro Porteño, el 1 de octubre de 1912.
Los liberales y los liberales
Desde los sucesos del 18 de octubre de 1891, el partido liberal venía arrastrando una solapada escisión.
Incluso antes ya se dieron algunos síntomas de la existencia de tendencias opuestas en el interior del partido: uno de tendencia extremista (radicales) y cuyos principales dirigentes eran dos jóvenes intelectuales: José de la cruz Ayala y Cecilio Báez, y el otro más moderado (cívicos), en el que militaban los viejos caudillos del partido, en especial el general Benigno Ferreira, Antonio Taboada y Víctor Soler.
El sector radical del Partido Liberal estaba liderado por Cecilio Báez y algunos de sus connotados miembros eran Fernando Carreras, Emiliano González Navero, Alejandro Audivert, Emeterio González, y numerosos jóvenes y caudillos.
Por su parte, los cívicos los conformaban Antonio Taboada, Víctor Soler, Fabio Queirolo, Genaro Pérez, Insaurralde, entre otros, liderados por el general Benigno Ferreira.
Los radicales tenían un órgano de publicidad: El Pueblo, mientras que el otro bando tenía El Cívico, que le dio nombre al sector.
A finales del siglo XIX, el “egusquicismo”, fracción republicana (colorada) en el poder, había agrupado a numerosos intelectuales dentro del marco de una amplia conciliación política. La fracción cívica tendió a estrechar sus filas hacia dicho nuevo sector. Mientras tanto, el sector radical se mantenía apartado y haciendo oposición.
¡Ganó Ortiz de Vergara!
El 25 de julio de 1558, se realizó en Asunción la primera elección por votación popular que se tenga noticia. El ganador fue el capitán Francisco Ortiz de Vergara y el cargo disputado nada menos que el de gobernador del Paraguay. Fue electo para sustituir al fallecido Gonzalo de Mendoza.
El otro contendiente fue el capitán Juan de Salazar de Espinoza de los Monteros, entonces de 50 años –había nacido en 1508–.
Este, veintiún años antes, en 1537, había sido el fundador de la casa fuerte de Nuestra Señora de la Asunción, juntamente con Gonzalo de Mendoza, Esteban Gómez, Cristóbal de la Rueda, Amador de Montoya, Antonio Tomás, Juan Ruiz, Hernando de Laguardia, Juan Rute, Nicolás Colmán, Richarte Limon, Juan Pérez, Gonzalo Pérez de Morán, Andrés de Arzamendia, Pedro Genovez, Hernando de Rivera, Felipe de Cáceres y García Venegas, además de dos religiosos católicos.
Algún tiempo antes había sido deportado a España, pero en 1555 volvió al Paraguay como tesorero real.
Durante su gobierno, Ortiz de Vergara sostuvo varias luchas contra los indígenas guaraníes y realizó una expedición a la Audiencia de La Plata, con el propósito de ser confirmado en el cargo. Dejó como teniente gobernador a Juan de Ortega. En Chuquisaca, Ortiz de Vergara afrontó una grave acusación a causa de lo vano de su viaje y el virrey ordenó su destitución. Para sustituirlo fue designado, con el título de adelantado, Juan Ortiz de Zárate.
