Platería colonial
Mientras que en el Virreinato del Perú, la presencia de metales –en especial de la plata–, que se extraía abundantemente de la sierra de Potosí, contribuyó a realizar una industria de orfebrería con hondas raíces hispánicas, en el Virreinato del Río de la Plata –especialmente en el Paraguay– la carencia de metales hizo que esta actividad sea más modesta, ya sean objetos de uso cotidiano o los utilizados en el culto religioso.
La apertura de caminos que unían la capital virreinal ríoplatense –una ironía, por cierto, eso del Río de la Plata– con Lima permitió un tráfico importante de intercambios a lomo de mulas de productos agrícolas o ganaderos, y la consiguiente traída de objetos de metales argentíferos y la presencia de orfebres peruanos.
Fue entonces que se hicieron comunes la ostentación de aperos de plata, bombillas, guampas y porongos adornados, así como utensilios de uso cotidiano.
Desde entonces, la plata reemplazó al hierro o al bronce, utilizados comúnmente. Todos los objetos eran fabricados a mano, con cincel y martillo, lo que significa un perfecto dominio de la técnica y el arte de la orfebrería.
Mbopikua y los recuerdos de un lector
Con respecto a la viga en el ojo propio, en que el epígrafe de una foto mencionó erróneamente sobre el viejo local llamado Mbopikua y la actual sede de la Asociación Nacional Republicana, un amigo lector, don Osvaldo Tenace, recuerda que en su niñez transitaba habitualmente por la zona donde estaba el edificio conocido con el pintoresco nombre mencionado.
El señor Tenace recuerda que “los aleros del mismo, muy parecidos a los de la Casa de la Independencia, se encontraban con un gran nido de murciélagos, que al atardecer revoloteaban el lugar”.
Lógicamente, al tener estos animales sus nidos en dicho lugar, del sitio emanaba un fuerte olor característico no muy agradable. Según sus recuerdos, la sede central del referido partido político se mudó sobre la avenida España, frente al antiguo local del Ministerio de Industria y Comercio, en la época de la revolución de 1947. Posteriormente se trasladó a su sede propia, sobre la calle 25 de Mayo.
Correo campesino
En el siglo XVIII, durante la administración colonial del gobernador Fernando de Pinedo, se habilitó un servicio de correos que unía Villa Rica con Yhú, pasando por lo que, años después, fue el pueblito –hoy, una urbe hecha y derecha–.
Ese servicio se hacía una vez al mes a lomos de burros cargueros y, según relatos, funcionó eficientemente desde su creación hasta 1869, en que fue suspendido a causa de la difícil situación derivada de la Guerra de la Triple Alianza y sus consecuencias.
Alboroto en el pueblo
Hacia 1941, una comisión de ingenieros brasileños –del que también participaron técnicos paraguayos– trazó el recorrido de la actual Ruta 7, desde Caaguazú –que entonces no era sino un villorrio con unas 12 casas, una escuelita y una comisaría policial con juzgado de paz– hasta el río Paraná, abriendo picadas a golpes de hachas y machetes.
A partir de Caaguazú y hasta el Paraná, se extendía un territorio boscoso, con una extensión de aproximadamente 200 km, solo interrumpido por dos campos, los de Mbururú y Pastoreo.
Cuando los militares que debían abrir las picadas llegaron a Caaguazú en tres camiones, cuentan que la población en masa concurrió a observar la novedosa llegada de vehículos automotores, pues era la primera vez que estos llegaban hasta el sitio.
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