Por Omar R. Goncebat - EFE Reportajes
La alexitimia es un trastorno psicológico que sufre entre un 8 y 19 % de la población e impide que el afectado pueda identificar sus emociones y expresarlas verbalmente.
Cuando este problema se combina con algunas patologías, las consecuencias para quienes las padecen pueden ser graves, como demuestra un estudio de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) que ha demostrado que existe una relación entre la alexitimia y las crisis casi mortales de asma.
Una similar conexión psicosomática, entre el bloqueo emocional y algunos problemas de salud, ha sido descubierta por un equipo de investigadores portugueses liderados por Antonio Barbosa, que han encontrado una asociación estadística significativa entre la incapacidad para expresar las emociones (alexitimia) y las enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso sistémico.
Aunque la alexitima es una condición extrema y patológica, el hábito de no expresar las emociones y no desahogarse cuando hace falta siempre atentan contra el bienestar de la persona.
"Si echamos el candado a nuestra expresión emocional, no solo podemos predisponernos a algunos problemas orgánicos como sugieren estos estudios sobre el asma y el lupus y otras conexiones cuerpo-mente, sino que además corremos el riesgo de padecer un creciente malestar que puede llegar a paralizarnos como personas", señala el psicólogo Toni de la Torre, director del centro Terapia Humanista, en Málaga (sur de España).
"Rabia, alegría, tristeza, euforia, afecto, odio, orgullo, gratitud... Tanto si son positivas como si son de signo negativo, todas las emociones tienen algo en común: necesitan ser expresadas, en lugar de reprimidas. Con cierto grado de control y sin caer en exageraciones, siempre es saludable sacarlas fuera", explica.
Según De la Torre (www.terapiahumanista.es), "si las expresamos, las emociones cumplen su función natural, que es indicarnos de forma inmediata si un determinado estímulo, pensamiento o situación es favorable o desfavorable para nosotros y nuestra supervivencia. Entonces, la cosa suele acabar allí de manera espontánea: la emoción se disipa".
"En cambio, si las emociones que pugnan por salir y expresarse se quedan inexpresadas dentro nuestro, en lugar de disolverse naturalmente, se mantienen activas haciendo un ruido que interfiere con nuestro funcionamiento normal, y además nos consume una gran energía mental y emocional para mantenerlas reprimidas y bien atadas", añade el experto.
"Cuando nuestro cuerpo se carga de emociones reprimidas que permanecen estancadas y enquistadas, se pone en tensión. La inexpresividad emocional también va restándole fluidez a nuestro mundo psicológico y, en consecuencia, a nuestra existencia. Se produce una situación literal de ahogo; para recuperar el bienestar y la fluidez vital hemos de desahogarnos", finaliza De la Torre.
Ejercicio
Para aprender a expresar nuestras emociones o simplemente mejorar nuestra dinámica emocional, la psicóloga Laura García Agustín, directora del centro ClaveSalud (www.clavesalud.com), en Madrid, aconseja "entrenarse emocionalmente, dedicando tiempo y empeño a tratar de identificar lo que se siente y tratando de describirlo con palabras".
"Para describir nuestras emociones hemos de emplear los adjetivos que nos ayuden a dar un mayor significado a lo que decimos: si para describir una rabia intensa usamos una expresión genérica como me encuentro mal, en su lugar intentaremos utilizar frases más potentes como siento como si me hubiesen clavado un cuchillo o es como si me comieran por dentro", sugiere la experta.
Para García Agustín, también puede resultar útil "fijarse en cómo las otras personas describen sus emociones, qué expresiones utilizan, cómo se comportan, cómo las experimentan y preguntarles qué es lo que sienten".
Por su parte, y para tomar contacto con nuestras emociones, la psicóloga y licenciada en Filosofía Paz Torrabadella (www.torrabadella.com) sugiere practicar en un entorno relajante una serie de sencillos ejercicios que nos facilitarán tanto la expresión como el desahogo emocional.
El primer paso consiste en identificar cuál de las cinco emociones básicas (alegría, afecto, miedo, tristeza, ira) "nos cuesta más expresar", aconseja esta experta en inteligencia emocional y autora de varios libros sobre este tema, por ejemplo: Cómo desarrollar la inteligencia emocional, Gimnasia emocional y Cómo desarrollar la inteligencia emocional en el amor.
Pasos
A continuación, y para completar este ejercicio, Torrabadella propone seguir los siguientes pasos:
Escriba 10 razones que le motivaban dicha emoción cuando era niño (aunque entonces le prohibieran expresarla).
Recuerde una situación en su vida en la que haya vivido esa emoción con detalle y realismo: siéntala intensamente y amplíela al máximo; déjese llevar y desahóguese. Repítalo tantos días como desee hasta sentir esa emoción con plena libertad.
Enumere 10 situaciones cotidianas en las que puede sentir dicha emoción básica en la actualidad.
Pensando en una de las situaciones anteriores, ¿cómo se siente cuando algo o alguien le provoca esa emoción? Anote cinco signos físicos y cinco cosas que se dice a usted mismo mentalmente al sentirla.
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¿Puede idear formas concretas de expresar dicha emoción que sean aceptables y le descarguen? Anote cinco formas para practicarlas con otras personas y cinco para practicarlas a solas.
Ensaye dos de estas formas de expresión emocional en la vida real (una con personas, otra a solas) y explique las dos situaciones vividas.
Escriba un contrato consigo mismo por el cual se compromete a reconocer y expresar de forma más inteligente dicha emoción a partir de este momento.
Para tomar contacto con nuestras emociones, el primer paso es identificar cuál de las cinco emociones básicas (alegría, afecto, miedo, tristeza, ira) nos cuesta más expresar.
Si echamos el candado a nuestra expresión emocional, podemos predisponernos a algunos problemas orgánicos.